10 de diciembre, 1983 (sábado). Un día soleado –"peronista", diría Luis Elías Sojit–, en el que asume un presidente radical después de haber hecho una campaña populista hablando claro, prometiendo no pagar la deuda ilegítima (o sea, toda, podríamos decir), constituir la unión nacional, afianzar la justicia, consolidar la paz interior, proveer a la defensa común, promover el bienestar general y todo lo que el preámbulo de la Constitución Nacional, convertido en el eje de su discurso, proponía para nuestra recién recuperada democracia. Había triunfado sobre un peronismo que venía de ser golpeado por quienes instauraron la peor dictadura cívico-militar que sufrió nuestro país (y eso que tuvimos unas cuantas; hubo para todos los disgustos) y que proponía figuras muy, al menos, controvertidas. Luder, candidato a presidente, había sido presidente interino durante el isabelato, en el cual firmó aquel decreto que autorizaba a los militares a “aniquilar el accionar subversivo” (ya sabemos con cuánta sutileza interpretaban esas cosas los militares); Herminio Iglesias, candidato a gobernador de Buenos Aires, que no tuvo mejor idea que quemar un cajón con la bandera de la UCR, en un país harto de muerte.

Estuve ese día en la Plaza. No había votado a ninguno de los dos principales candidatos, sino al PI: Alende ("no-se-vende")-Viale ("su voto vale"), como correspondía a un joven progre que votaba por primera vez. Fui a festejar el renacimiento de la democracia.

10 de diciembre, 1999 (viernes). Luego de dos períodos en los que pasamos del menemismo al mismo Menem, asumía la Alianza. No, no era la Triple Alianza, ni la Alianza para el Progreso, ni la Alianza Libertadora Nacionalista, sino un frente entre la UCR y el FREPASO creado para “desplazar al menemismo y después vemos”.

Tras diez años “divertidos” (ponele), asumía un presidente “aburrido” que prometía ser el maestro de los maestros, el médico de los médicos y quizás el jubilado de los jubilados. La salida del gobierno menemista no fue estrepitosa, como sí lo fueron sus 10 años de gobierno, sino casi anodina, gris, casi tan poco interesante como el partido que Boca y Talleres jugaron hace tres días (y era la final de una copa). Esperábamos juicios, denuncias, cambios en la economía que nos beneficiaran, pero tuvimos blindaje, megacanje, descuentos nominales de sueldos y jubilaciones (único en la historia) y…, ¿adivinen qué?: un gabinete con Sunday Horse (you know) desvencijando la economía y la Suma Patrífice, en una de sus primeras mutaciones, como “la ministra de Trabajo que bajó los sueldos”.

10 de diciembre de 2007 (lunes). Asume la presidencia, luego de haberla ganado en primera vuelta, la primera mujer electa (y luego reelecta en 2011) para ese cargo en la República Argentina. La "presidenta" (como gusta y nos gusta decir) recibe el bastón y la banda, los atributos de poder, de manos de su propio marido, otro hecho inédito de nuestra historia. Su fórmula presidencial se completa con Cleto Nopositivo, que sin duda le suma… disgustos.

La segunda fórmula estaba encabezada por Lilitazepam, lo que permite señalar que, sumando, más del 70 por ciento de los argentinos votó por mujeres para presidir el país, con perdón de las diferencias existentes entre la que ganó y la que no.

Debo señalar que en 2007, 24 años después de aquel 1983, yo seguía votando lo que le corresponde a un joven progre ya algo maduro (o sea, esta vez gané). De los ocho años transcurridos a partir de ese día, me gustaría que ustedes mismos, lectores, testimoniaran al final de esta columna.

10 de diciembre de 2015 (jueves). Ese día no estuve en la Plaza, ni hubiera querido estar, pero sí estuve el día anterior, despidiéndome, con miles de compatriotas, de un tiempo, a sabiendas de que venía otro mucho peor, casi pesadillesco (y lo de “casi” va porque, de las pesadillas, uno se despierta y chau).

Ese jueves que estaba tan soleado que casi nadie fue a la Plaza porque todos creían que los días de sol eran peronistas. Asumió un presidente neoliberal que, a diferencia de sus antecesores (con esas ideas), ganó en elecciones libres. Dijo tantas veces la palabra “libertad” que se olvidó de “igualdad” y de “fraternidad” (quizá fue porque existe la “libertad de mercado”, pero de la "igualdad de mercado” nadie sabe nada, y de la "fraternidad de mercado" se sabe muuuucho menos aún). Quizás podría haber mencionado la “amistad”, ya que muchos de sus amigos del alma llegaron a cargos importantísimos sin más papeles que... la amistad.

Prometió “pobreza cero” y la elevó al infinito. Prometió que los trabajadores no pagarían impuesto a las Ganancias (no avisó que la manera de no pagar más Ganancias era perdiendo el laburo). Prometió "lluvia de inversiones" y trajo "huracán de deuda". Prometió "república" y persiguió a mapuches, jóvenes por ser jóvenes, extranjeros, etc. Prometió “progreso” y trajo “PRO”: ¡se olvidó del "-greso"!

10 de diciembre de 2019 (martes). Otra vez en la Plaza, rodeado por gente querida, cercana y, también, por muchos/as a quienes no conocía, pero una “ola de quererse" recorría la multitud. Con el festejo, la risa, la esperanza y la alegría, te olvidabas de que hacía unos 40 grados a la sombra y unos 450 Farenheit en medio de la multitud. Todo era la Plaza: las calles eran la Plaza, los bares eran la Plaza, los autos eran la Plaza, los balcones desde donde la gente vivaba eran la Plaza. Los/as amigo/as eran la Plaza, los abrazos eran la Plaza, los re-encuentros eran sin duda la Plaza.

Estábamos festejando otro renacimiento (admirable la capacidad de nuestro querido país; con humildad y respeto sugiero incorporar el ave Fénix a alguno de nuestros símbolos). También, celebramos el final de una pesadilla cuatrienial de la que tampoco quiero escribir ahora, pero ¡ustedes saben! Y además fui a festejar que hubiera ganado la fórmula que voté: la que corresponde a un joven sexagenario que puede haber perdido muchas cosas, pero conserva la memoria.

Ayer también fue 10 de diciembre (viernes). Después de la pandemia (que sigue y sigue, ojo); después de todo lo perdido, del odio enfermónico, incluso después de una derrota con cara de victoria, de este 10 de diciembre tan fresco, tan cercano, espero hablar en alguna nota futura.

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Sugiero acompañar esta columna con el video Los agrotóxicos (homenaje a Violeta Parra), de RS Positivo (Rudy-Sanz), posteada en el canal de Youtube de los autores.