“Te besaste con una compañera, quedás expulsada”. La reunión en el vestuario de Rosario Central fue corta y el mensaje de la directora técnica Roxana Vallejos, que en ese momento asumió la voz del club, no dejó lugar a las argumentaciones. Tras seis años de integrar el equipo profesional de fútbol femenino, Maira Sánchez quedó fuera del plantel por una infracción que nadie pudo probar. “Me dijo que nunca me vio, que no podía hablar más porque ella no me había visto besándome, pero que tenía que echarme porque era una orden, una bajada de línea que venía de parte de la dirigencia”, dijo a SOY Maira, que tiene 30 años y juega desde los 12.

Antes de que la despidieran la vida de Maira tenía una rutina dedicada plenamente al fútbol: de lunes a viernes iba a Rosario Central para entrenar entre cuatro y seis horas diarias, los sábados por lo general competía y algún que otro domingo también. Cuando tocaba viajar para jugar fuera, dedicaba tiempo extra para los traslados. Su vida giraba alrededor de la pelota y, además de ser su pasión, el fútbol era una de sus fuentes de ingreso, por ello que la echaran por un supuesto beso no es solo una cuestión discriminatoria, sino un daño laboral.

¿Cuál fue tu respuesta cuando te comunicaron la expulsión?

—Manifesté mi enojo y mi molestia por el motivo, porque sentí que no se me valoraba como jugadora y que no se fijaban en mis resultados futbolísticos, ya que yo venía siendo una de las titulares y jugando casi todos los partidos del torneo. Que me corrieran por un beso me parece injusto y me hace mucho ruido, les planteé que sabía que no me estaban echando por eso, sino por haber apoyado a mis compañeras en varios reclamos para que cambie la forma en que nos tratan. Después de la charla que tuve con la DT en los vestuarios, no pude volver más al club.

¿La compañera junto a la que te “acusan” es integrante del equipo? ¿Hay alguna parte del reglamento donde se prohíba besarse?

—Sí, ella es parte del equipo pero no le hicieron problemas, es mi compañera y está todo perfecto, nos apoya. Obviamente que no podríamos estar en un partido besándonos, yo soy consciente y son reglas que existen en cualquier trabajo. El tema es que eso no sucedió: yo no me besé con mi compañera ni en el vestuario, ni en el entrenamiento, ni en partido de fútbol. Me resulta rara esta bajada de línea tan cruel, no tiene coherencia. Pero fue justo al otro día de una reunión que hicimos con las compañeras del equipo y no puedo dejar de vincularlo.

¿Por qué molestó tanto que tuvieran esa reunión?

—Básicamente estuvimos charlando de cosas que venían pasando por dentro del club y decidimos plantearlas para comenzar el año de la mejor forma, queríamos lograr que el ambiente de trabajo fuera mucho más fácil para todas. Eso se ve que se filtró a la DT y justo al otro día, el martes 9 de noviembre después del entrenamiento, me dijo que un directivo del club me había visto besándome.

¿Cuáles son las otras violencias que venían viviendo?

—Cuando íbamos a los entrenamientos y a las concentraciones nos sacaban los celulares. Un objeto tan personal… siempre teníamos que dejarlo en una caja o pasaban con una bolsita y nos obligaban a dejarlos hasta después de los partidos. Más allá de tener un trabajo como futbolista tenemos familia, y estar en una concentración sin saber que tu mamá, tu hermano o tu pareja llegó bien a su casa nos generaba incomodidad. También hablamos con la gente de recursos humanos, no por mi caso sino por el de otras a las que siempre se les pagó fuera de término y en muchas ocasiones tuvieron que insistir para cobrar. Tenemos compañeras que han sido echadas y no fueron legalmente notificadas, les dijeron que se fueran durante un entrenamiento y chau. Así pasaron muchísimas cosas que se sumaron y como nadie nos escuchó tuvimos que acudir al INADI. Si bien mi caso es el que más trasciende por la gravedad, lo nuestro es un reclamo colectivo que incluye a otras que no se animan a denunciar, ya sea por miedo a perder el lugar o porque en otros clubes también se te cierren las puertas.

Maira juega desde los 12 años: en Rosario está desde 2015, donde salió tres veces campeona.


HISTORIA DE UNA PASIÓN

Maira Sánchez dio sus primeros pasos con el fútbol a los 12 años, jugando en el club San Fernando del barrio Granadero Baigorria. Con ese equipo estuvo en los Torneos Evita, que le permitieron viajar por las provincias compitiendo con otros clubes de su categoría y sumarle, además de experiencia profesional, la diversión que toda adolescente busca. A los 19 arrancó en el club Santa Catalina de Capitán Bermúdez y a los pocos años cumplió uno de sus sueños, que era llegar a Central: “Empecé en 2015 con la DT Roxana Gómez. Jugamos todo lo que fue Liga Rosarina y salimos tres veces campeonas, en la Liga Casildense llegamos a la final. Siempre fui muy educada y ubicada dentro del club, porque además de jugadora soy fanática de Central y respeto mucho la institución y los colores”, dice Maira.

¿Cómo viviste tu pasión por el fútbol en la escuela? ¿Había alguna discriminación porque te gustara este deporte y no otros que se consideran “femeninos”?

—Cuando iba al colegio hacían jugar al handball a las mujeres y los hombres al fútbol, por suerte con el tiempo se fue modificando y en el secundario hacíamos gimnasia todos juntos. Ahora creo que lo hacen más en conjunto y eso está bueno, porque la educación tiene que empezar desde las escuelas.

¿El fútbol femenino tiene una hinchada que banque los trapos como se da en el de varones?

—Obviamente que aún falta muchísimo para que la hinchada nos apoye y le interese ver un partido de fútbol femenino, los números no son igualitarios hoy en día. Pero sí reconozco que en Central la hinchada sigue mucho al femenino, apoya y a nosotros nos llena. Aún falta para tener un fútbol femenino totalmente profesional y con la misma remuneración que tiene el masculino. Pero yo creo que estamos creciendo muchísimo, vamos a pasos agigantados y es gracias a muchas movilizaciones, a muchas chicas que hacen que este deporte sea lo más igualitario posible.

Hay varias canciones de cancha que atacan desde la orientación sexual, una cultura machirula que se sustenta diciendo que “es parte del folklore”.

—En principio tenemos que cambiar la cabeza del hincha: el hincha debe ir a la cancha a alentar a su equipo y no a insultar al rival. Creo que cambiando las cabezas en cuanto a esas diferencias se puede mejorar muchísimo para combatir ese folklore violento.

¿Pensás que en el ámbito femenino se da menos violencia que en el de varones?

A mí es la primera vez que me pasa una discriminación así, por orientación sexual. Yo estuve cinco años jugando en Central con mi pareja, después ella se fue a otro club, y jamás me pasó que nos hicieran ningún tipo de planteo. Más allá de mi caso personal sé que todavía tenemos personas que tienen ese pensamiento de discriminar, de querer hacer sentir mal al otro. Pero también soy positiva y hay muchísima gente que apoya la decisión de cada persona.

¿Te gustaría que existan ligas profesionales mixtas?

—Para mí está bien que haya de todo y cada uno después opte donde jugar, creo debería existir esa posibilidad. Como deportista conozco que hay un montón de torneos y ligas que son mixtas y las apoyo totalmente. He jugado en torneos, antes del profesionalismo, con hombres y mujeres en un mismo equipo y creo que la única diferencia por ahí es la fuerza. Pero después tanto un hombre como una mujer pueden jugar de igual forma.

UNA DENUNCIA EN INADI

Lis Cacciola, jugadora que lleva la camiseta 5 de Rosario Central, también contó su historia en las redes después de haber sido desvinculada esta semana: "Siendo titular, mientras entrenábamos, tuve un accidente muy duro, que (cabe destacar) fue por ejercicio mal diseñado. Sufrí fractura de tabique, se me explotó el labio superior, perdí piezas dentales y un desgarro de 5 cm en el cuádriceps. Semanas de post operatorio, meses de rehabilitación. Nunca recibí contención por parte del club ni del cuerpo técnico, no querían pagarme el tratamiento dental, tuve que someterme a una auditoría medica para que el club me creyera y recién hace 2 días (1 año después) me pagaron el 50 por ciento de lo que le costó a mi familia el tratamiento. Esto es VIOLENCIA. Es NO RESPETARME como jugadora del club".

Camila Bellavia, otra de las jugadoras titulares que denunciaron maltrato, anunció que tampoco seguirá en el club, ya que le dijeron que en diciembre le renovarían el contrato y, después de los reclamos, no la llamaron: "Una lástima que estás personas estén arruinando sueños, estudios y sobre todo estén arruinando a una disciplina y a un club tan grande como Rosario Central. Ya que hoy la visión que deja este club, está DT, estos dirigentes (quienes me dieron su palabra diciéndome que no me iba pasar nada si hablaba) es la siguiente: si hablás y expresás tus opiniones te saco, no sos mas parte o peor aún ni siquiera te lo dicen, te enterás por publicaciones externas o te mienten. Ojalá un día esto se revierta y pueda volver al club de mis amores".

La denuncia que llegó al Instituto Nacional contra la Discriminación la Xenofobia y el Racismo (INADI) tiene la firma de 13 integrantes del equipo femenino de Rosario Central. “Luego de haber agotado los canales internos del club, ya sea hablar con las autoridades o la Comisión de Género para que se aplique el protocolo y no obtener respuesta, lo que se hizo fue una denuncia formal”, explica Melisa García, abogada y presidenta de AboFem.

García, quien las representa legalmente, ya tiene experiencia en las violencias que se viven en el fútbol femenino. Desde AboFem llevó a la justicia el caso de Maca Sánchez (actual directora del Instituto Nacional de Juventud) que tras jugar siete años en el club UAI Urquiza fue desvinculada en 2019, sin obtener el reconocimiento que merece su práctica profesional.

Según la abogada, la denuncia contra Rosario Central en INADI es uno de los pasos a seguir. Pero no será el único: “También avanzaremos sobre la violencia laboral, porque que haya instancia de diálogo no significa que el problema sea resarcido. No es que nos vamos a juntar un café a charlar y todo solucionado. Vamos a avanzar para que frenen las violencias pero que también se cumplan los derechos que tienen como trabajadoras profesionales del fútbol”.

Las compañeras de Maira, luego de la repercusión del posteo denunciando la expulsión por el beso, compartieron un comunicado de apoyo: “Nos organizamos para visibilizar una serie de hechos de hostigamiento que padecimos durante el último año. En reiteradas oportunidades hemos sufrido maltratos, amenazas, discriminaciones de género y hacia la diversidad sexual, actos que atentaron contra nuestra salud física y mental. También vulneraron nuestros derechos como trabajadoras y a muchas nos dejaron fuera del club o sin actividades”.

La comisión de jugadoras y ex jugadoras señala varios intentos de diálogo que no fueron escuchados. “Estas situaciones de violencia fueron denunciadas al vicepresidente de Rosario Central, Ricardo Carloni, a la representante del fútbol femenino, Carla Facchiano, y a la Secretaría de Género, pero nadie nos dio respuesta. Es por eso que, agotando todas las instancias administrativas del club, recurrimos al INADI para llevar adelante las acciones pertinentes y resguardar nuestra integridad física, mental y laboral. Luchamos por un fútbol donde nos podamos expresar libremente y donde nuestros derechos sean respetados”.