El futuro no es algo dado, sino un proceso emergente y expuesto a contingencias, en configuración a partir de la correlación de fuerzas y de las decisiones y acciones inmediatas. En medio del torrencial de incertidumbre, cualquier pronóstico tiende a ser arrastrado por la avalancha pandémica. En ese sentido, es probable que el nuevo año sea uno más signado por los múltiples efectos de esta crisis epidemiológica global.

Si 2021 fue el año de una asimétrica campaña de vacunación global, también se evidenció que la pandemia lejos está de desaparecer y que persiste la miopía estratégica al entronizar a las vacunas, experimentales por cierto, como la única solución para salir de la crisis sanitaria. Sin lograr una generalizada inmunidad colectiva, lo que se hace es gestionar la irradiación de la nueva enfermedad, tal como se hizo en su momento con el VIH-SIDA, el Ébola u otros padecimientos.

La gran reclusión como estrategia de política pública global será la válvula de escape ante las presiones acumuladas. El coronavirus SARS-CoV-2 no será erradicado, sino que los organismos humanos se readaptarán y aprenderán a convivir con él hasta tornarse una enfermedad endémica que será letal para aquellos sistemas inmunitarios debilitados y asediados por las comorbilidades.

Consecuencias

En 2022 aflorarán de manera más acusada las consecuencias de la pandemia. La fatiga pandémica, los padecimientos neuropsicológicos y el quebrantamiento de la salud mental como resultado de los confinamientos mal manejados se dejarán sentir en la intimidad y en la vida familiar de los individuos. La constante sensación de pánico y alarmismo, el aislamiento, el deterioro anímico, la angustia, la ansiedad, la depresión, la tristeza, la soledad, la adicción tecnológica, las tendencias al suicidio, así como la impotencia y zozobra ante la enfermedad, la muerte, el desempleo, el distanciamiento social y la incertidumbre, cobrarán factura.

Como los gobiernos son los principales emisores de noticias falsas (fake news) respecto al colapso pandémico, se exacerbarán las disputas en torno a la construcción de significaciones. A su vez, los gobiernos experimentarán duros cuestionamientos tanto en Europa como en América. Amplios sectores de la población mundial miran con recelo y desconfianza el manejo de la pandemia y de las campañas de vacunación, así como la instauración de los "pasaportes sanitarios".

Observan en estas medidas un atentado contra derechos y libertades fundamentales y una invasión a su intimidad. El lado oscuro del "Estado sanitizante" y de su ideología del higienismo comienza a ser develado desde las entrañas de esas fuerzas y resistencias sociales a veces dispersas y desorganizadas, a veces nucleadas en torno a las redes sociodigitales. En medio de la inestabilidad sociopolítica, se experimenta el ascenso de grupos extremistas neoconservadores que explotan la veta del negacionismo y el desencanto masivo.

La pandemia de la Covid-19 no vino sola, sino que se acompaña del hambre. La escalada en los precios de los alimentos a lo largo del 2021 avisora una crisis alimentaria global que tendrá como correlato los disturbios sociales en múltiples ciudades del mundo.

Tensiones

A su vez, las tensiones entre Estados Unidos, Rusia y China persistirán a manera de enfrentamientos indirectos. La rivalidad también se suscitará en confrontaciones directas en ámbitos como las disputas comerciales, la carrera tecnológica, las campañas de desinformación, o los ciberataques. 

Taiwán y Ucrania serán también parte de los focos de riesgo entre estas potencias y en sus esfuerzos por adelantar la carrera armamentista. La tensión entre Rusia y Ucrania puede acelerar el aumento de los precios del gas, que principalmente afectaría a la Unión Europea.

Si la disputa entre China y Taiwán se incrementa, el 2022 podría ser escenario de mutuas sanciones de distinto tipo entre Estados Unidos y el gigante asiático. De ahí que sus relaciones corran el riesgo de ingresar en una etapa de enfriamiento severo. Si con esa tensión Taiwán experimenta afectaciones en la producción de semiconductores, se corre el riesgo de un desabastecimiento en industrias como la automotriz, la de aparatos e insumos de cómputo, y la de teléfonos móviles.

Afganistán, Yemen, Siria, Myanmar, Libia, Etiopía, Haití, Venezuela y varios países centroamericanos continuarán empantanados en su fragmentación interna y en algunos casos acelerando los procesos migratorios con las secuelas que ello supone para las sociedades expulsoras y para las receptoras.

América Latina, por su parte, afianzará nuevos esfuerzos de cooperación regional; especialmente con el posible ascenso al poder de gobiernos progresistas en países como Colombia y Brasil. China reforzará su presencia en la región, tal como lo hizo en el 2021 con las inversiones, el intercambio comercial y la transferencia de vacunas y material sanitario.

Recuperación en veremos

La economía global estará signada por una lenta e intermitente recuperación y a su vez asediada por las espirales inflacionarias, que en el caso de los Estados Unidos ya alcanzó el 7 por ciento. Ello se acompañará de reacomodamientos y nuevas rupturas en las cadenas de suministro de insumos, bienes y servicios, así como de problemas logísticos ante eventuales nuevos confinamientos.

La demanda tenderá a ser frágil, en buena medida por la persistencia del desempleo y la precariedad laboral. Tampoco es descartable la emergencia de procesos de recesión inflacionaria. Si la Reserva Federal de los Estados Unidos eleva las tasas de interés a rangos del 2,5 por ciento, sería esperable una recesión para el año 2023.

China experimentó una retracción de su crecimiento económico en el tercer trimestre del 2021 como expresión de la caída de la industria de la construcción y su sector inmobiliario, el racionamiento eléctrico, los nuevos brotes de la covid-19 y la ralentización de la producción manufacturera. Mientras que de abril a junio, China creció a tasas del 7,9 por ciento, entre julio y septiembre se registró un aumento del 4,9 por ciento.

La Unión Europea, por su parte, continuará bifurcada entre los europeístas y las posturas nacionalistas preñadas de euroescepticismo. Allí también la pandemia se erigió en una arena para las disputas políticas. Pese a que se controlaron desde el Banco Central Europeo los costos del hiperendeudamiento a lo largo del 2020 y el 2021, ello no detiene los riesgos de recesión. A su vez, las negociaciones postBrexit se tornarán complicadas y ello puede derivar en un ambiente incierto.

El hiperendeudamiento que caracterizó a los gobiernos europeos y de Estados Unidos a lo largo de los últimos dos años no se tradujo en inversiones directas a la planta productiva nacional sino en transferencias a las familias para estimular el consumo, así como a las cuentas de las grandes corporaciones y de los bancos en situación de quiebra. Entonces puede abrirse un nuevo ciclo de austeridad fiscal y de retracción del gasto público. Ello pese a los intentos de política fiscal expansionista del gobierno estadounidense orientados a impulsar inversiones en las llamadas "energías limpias", cuyo principal oponente es el lobby petrolero.

Nuevo ciclo

A grandes rasgos, 2022 no será un año de recuperación del mundo prepandémico. El cambio de ciclo histórico acelerado desde el 2020 con la pandemia continuará su curso, piloteado por aquellos agentes e intereses creados que impulsan la transición hacia un nuevo patrón energético y tecnológico. Particularmente por las plutocracias del complejo militar/industrial/digital/comunicacional y sus coristas nativos.

La automatización de la producción y los servicios y el mayor despliegue de la tecnología de la inteligencia artificial redefinirán en lo inmediato el campo laboral. Sumado a ello, las nuevas conflictividades sociales se relacionarán con el malestar y descontento de las juventudes menores de 30 años, que con el colapso pandémico vieron severamente reducidas sus posibilidades de mejora laboral y de ingreso, pese a las altas cualificaciones de un sector juvenil numeroso.

Se definirá si se afianzan las tendencias de una pandemia prolongada o si el coronavirus SARS-COV-2 se torna endémico. Las restricciones a la movilidad urbana e internacional ("pasaportes sanitarios", pruebas PCR, etc.), el teletrabajo, las reuniones y eventos en línea, entre otras, se afianzarán como prácticas cotidianas, perfilando una nueva empresa, una nueva universidad, una nueva forma de organizar a la sociedad y sus actividades esenciales.

Pero también 2022 puede ser el año donde se expanda la anomia tras la quiebra de las mínimas seguridades individuales y familiares que le daban forma a un eventual proyecto de vida. Esta anomia puede acompañarse de un extravío de la política donde convivan la apatía con el descontento popular y la intermitente movilización y protesta de ciertos grupos sociales. Las oleadas de desempleo, desigualdad, pauperización social y pobreza extrema aflorarán en este nuevo año, con matices nuevos al incorporarse amplios contingentes de las clases medias.

Sin provisiones suficientes de pensamiento crítico corremos el riesgo de extraviarnos en el mar de problemáticas acentuadas con el colapso pandémico. De allí el llamado a rescatar el lenguaje y su carácter disruptivo para nombrar la realidad.

* Académico en la Universidad Nacional Autónoma de México, escritor, y autor del libro La gran reclusión y los vericuetos sociohistóricos del coronavirus. Miedo, dispositivos de poder, tergiversación semántica y escenarios prospectivos

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