Ayer nomás, hace un par de semanas en un partido del campeonato francés del PSG contra el Bordeaux cada vez que Lionel Messi tocaba la pelota lo abucheaban; no le perdonaban la eliminación de la Champions ante el Real Madrid.

Ahora, en la Bombonera en la que pudo ser la despedida de la Selección en casa antes del Mundial, cada vez que Messi tocó la pelota, desde las tribunas caían voces de admiración, de ilusión, de esperanza, de reconocimiento. Pedri, la nueva estrella del Barcelona declaró alguna vez que él le daba siempre la pelota a Messi porque sabía que algo bueno podía pasar. El público que llenó la cancha de Boca también supo que podían pasar cosas cuando la pelota le llegaba al número 10. Si hasta dio la sensación de que en cualquier momento la gente se iba a poner a cantar “el que no salta es un francés”, a modo de reivindicación y de revancha por aquellos increíbles silbidos.

Cuando bajaba la pelota, cuando metía un cambio de frente, cuando se sacaba un rival de encima, cuando se preparaba para patear un tiro libre, lo subrayaban con el aliento. Cuando metió un extraordinario pase a Joaquín Correa sintieron que había llegado la frutilla del postre. Pero además faltaba algo, el gol. Fue a buscar un extraordinario pase de su compadre Di María, bajó la pelota con el pecho y le dio mal, pifiado tan mal que descolocó al arquero venezolano y la pelota llegó mansita, pidiendo permiso a la red. La sonrisa franca que le captó la cámara denunciaba el reconocimiento de que la suerte esta vez había dado una mano.

Hubo varios puntos altos en el rendimiento individual del equipo argentino, especialmente en el segundo tiempo, pero la diferencia siempre la marca el rosarino porque en los momentos más oscuros de la primera mitad el juego se iluminaba de tanto en tanto con sus toques.

La felicidad de Messi por todo lo que produce se amplió esta vez en la sociedad con su amigo Di María que también se llevó aplausos de todos los colores, desde que entró a la cancha.

La conexión Messi-Di María y el abrazo Scaloni-Pekerman en la previa fueron momentos sublimes de una hermosa noche de fútbol.

Je vous salue, PSG.