visto y leído II
Generación yorugua
Ximena Espeche teje una trama profunda entre el tiempo de la historia y las épicas culturales de ese país querido al otro lado del Plata.

¿Quién no escuchó o se escuchó hablar de Uruguay con el tono del encomio envidioso? La Suiza de América. Montevideo: una Buenos Aires tranquila. El paisito democrático, las clases medias con vocación cultural, el territorio alfabetizado. Ximena Espeche rastrea la crisis de esas mitologías nacionales, surgidas del modernizador programa de Battle a principios del siglo XX y convertidas en representaciones hegemónicas. Rastrea la aparición, a mediados del siglo XX, de una serie de interrogaciones y sospechas sobre la viabilidad del país. La revista Marcha fue el centro de esas discusiones, lugar de confluencia de intereses y entusiasmos, ámbito de encuentro entre intelectuales de distintos países. Marcha fue tan larga como Sur -de los 30 a los 70- pero cumplió aquello que estaba en el primer propósito de la revista de Ocampo (cuando la soñaba con Waldo Frank) y fue desplazado en el andar de la publicación: la apuesta a una perspectiva autónoma latinoamericana. Su director, Carlos Quijano, encontró en la Cuba de 1959, la oportunidad de interrogar el destino del propio país con relación a la región; Victoria, la razón para purgar al grupo editor. 

Espeche construye una constelación que incluye trayectorias, ámbitos de sociabilidad, libros, revistas, enunciados. Lo hace con una aguda conciencia de la temporalidad. Puede decir, por ejemplo, “cuando la revolución cubana no era todavía la revolución cubana”. O sea, cuando no había adquirido los precisos contornos de una épica socialista. Piensa alrededor del cruce entre épocas y generaciones, entre el tiempo de la historia y el de las biografías, porque generación es, antes que nada, el común arribo a un acontecimiento histórico. Ximena desarma la idea, como hace con todas. Su libro es un ejercicio de duda metódica y de búsqueda de lo diferente tras lo que parece ser lo mismo: en idéntico significante encuentra la pluralidad de los significados, y persigue esos desplazamientos con detectivesca paciencia. Toma la idea de generación y la analiza como herramienta crítica y, a la vez, instrumento de autolegitimación intelectual. Los polemistas Ángel Rama y Emir Rodríguez Monegal confrontan: el uno con la idea de “generación crítica”, el otro con la de “generación intelectual”. Diferencias epistemológicas, pero antes que nada -según el propio Monegal-, disputa por el poder. La autora no se detiene en esa explicación. Compone un hojaldre aún más complejo y generación se convierte en nombre de una trama generacional que incluye padres e hijos, filiaciones y diferencias de edad.

Precisión de historiadora. Tramada con una sensibilidad literaria que organiza el libro y construye su narración profunda. Elige la literatura gótica, o es elegida por ella -cómo saber si miramos o nos mira la literatura que leemos- porque ahí es posible pensar las resquebrajaduras del edificio social. Incluso de aquel que parecía una isla en América Latina. Lo que Arlt señalaba con deleite y temor en Los lanzallamas, en Uruguay funciona como tópico de la crisis. El edificio está agrietado y el mundo es un terremoto del cual ninguna isla podría salvarse. O, a la inversa, que en los sesenta tiene su epicentro en una isla. Por eso, la respuesta a la viabilidad o no del país (tremenda pregunta, formulada un siglo y medio después de la independencia y que puede significar la reducción a provincia) es la apuesta artiguista: liga federal de pueblos libres. La antigua excepcionalidad, en los discursos de la década de entusiasmos libertarios, es releída como promesa: Artigas y el Che.

Dije precisión histórica y sensibilidad literaria. Ximena es, además y por sobre todo, una argentina-uruguaya. Fue una niña migrante, que salió de los círculos intelectuales uruguayos para llegar a un país que no era enteramente acogedor. La infancia siempre persiste en la escritura -renegada, conjurada, ensoñada- y en este libro se convierte en textura de la mirada. Resulta, así un libro-palimpsesto, en el que la razón académica es un pliegue más de la experiencia afectiva. Ó

La paradoja uruguaya.
Intelectuales, latinoamericanismo y nación a mediados del siglo XX

Ximena Espeche

UNQUI, 2016