Los monetaristas han logrado difundir la idea de que la inflación es por la emisión monetaria excesiva. Sin embargo, el pensamiento estructuralista latinoamericano, luego de analizar casos de inflación persistentes como el de Argentina, llegó a una conclusión opuesta

En economías donde las subas de precios tienen causas no monetarias, la inflación es la que induce la emisión monetaria. Bajo el nombre de dinero pasivo o endógeno explican como el alza de los precios presiona para que la cantidad de dinero se expanda en forma proporcional. De esa manera, las operaciones de compraventa pueden continuar realizándose, dado que la cantidad de dinero se acomoda al mayor valor que presentan las transacciones en una economía inflacionaria.

Uno de los mecanismos de creación de dinero es el financiamiento del Banco Central al Tesoro Nacional para cubrir el déficit fiscal (en posteriores notas se  analizará también el canal externo y bancario de generación de dinero). Cuando el gasto público supera la recaudación, el déficit se puede financiar emitiendo bonos de deuda pública. Estos se pueden colocar en el mercado internacional, generando deuda pública externa, o en el mercado local, denominada deuda interna. Una tercer alternativa es que esos bonos los compre el Banco Central, emitiendo moneda para ello. De esa manera, la autoridad monetaria inyecta dinero en la economía por la vía del financiamiento del déficit presupuestario del Estado. Esa fuente de creación monetaria es la que predomina en la Argentina en el presente.

La inflación puede inducir una mayor emisión por la vía del financiamiento del Banco Central al déficit público. Para ello, se analiza la meta de emisión monetaria que el ministro de Economía, Martín Guzmán, acordó con el FMI para este año, equivalente al 1 por ciento del PIB. Este porcentaje de financiación equivale a la emisión de 707.8000  millones de pesos a lo largo del año. Pero ese monto esta basado en una inflación estimada del 43 por ciento anual, que ha quedado desdibujada frente a los incrementos de los precios en lo que va del año. 

Si los precios suben este año el 65 por ciento en lugar del 43 por ciento, aumentaría tanto el monto nominal de los gastos como el de la recaudación. Asumiendo que ambas variables suben en forma proporcional con los nuevos niveles de precios, financiar el 1 por ciento del PIB requiere una emisión adicional de 362.000 millones de pesos. Si Guzmán y el FMI hubieran conocido la teoría estructuralista del dinero pasivo habrían establecido la meta de emisión en porcentaje del PIB en lugar de en valor nominal, evitando tener que solicitar un waiver (perdón) por su incumplimiento al acelerarse la inflación por motivos no monetarios.

La inflación incrementa el monto nominal del déficit público y obliga a una mayor emisión monetaria para su financiamiento. Si un monetarista se negara a financiarlo, generaría una crisis de financiamiento del Estado y una retracción de la actividad económica, mientras la inflación continuaría su paso indiferente a sus inadecuadas doctrinas.

@AndresAsiain