Macramé del amable espanto. Granadas hieren de hilo al mantel. La niña golem, poseída por la cotidianeidad, se disuelve entre agujeros celestes. Una maceta vacía y dos cafeteras. Ente penitente en estados sucesivos. Planta de patio, embudo, florero anaranjado. La existencia embiste. La permanente colisión produce un ahora con explícitas referencias al antes, pero ni un ápice de futuro.

En el presente oscila la evocación. Una botella sopesa aliarse a la ingravidez.

La idea cae ante alguna de las tantas formas que adquiere la forma.

Un limón escinde naturaleza de representación.

De una taza de loza rota bebe el bebe artificial. Marioneta entre amuletos científicos. A trasluz de un gato el entorno se desentiende de la precisión, la línea trastabilla y la perspectiva delata lo más burdo de su procedimiento. Proporciones áureas desvirtuadas en la escuadra. Puntos de fuga hacia el centro de una aparición. Lo neto batalla contra lo irreal.

La pared a la vez es fantasma y mar observado por un maniquí, un rostro y su mano.

Brota un crucifijo de una caracola.

A los pies de la virgen sangra un muy poco sagrado corazón.

Fulgor iconoclasta, sacrilegio, ironía.

Incorrecto arte rosarino.

Puñalada certera a la cultura mermelada.

Un perro negro salta a los ojos de quien ve.

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Con curaduría de Rubén Echagüe, diseño de montaje compartido con Marita Guimpel, este texto es a partir de ver la muestra no-antológica "Emilio Ghiglione y los símbolos” el ECU, San Martín 750, Rosario, de martes a sábado de 10 a 18 hs. Hasta el 27 de mayo. ENTRADA GRATUITA.

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El Sr. Curador, en uso de sus facultades, libró por el momento a estos cuadros de sus títulos. Una muestra de imagen pura.

Acompaña la semblanza un fragmento de una de las obras expuestas.

@dr.homs