Dante, el hijo menor de Sofía Gala Castiglione, se acerca en medio de la entrevista con la alegría propia de quien, a sus 8 años, tiene los sentidos acostumbrados al descubrimiento. El flamante hallazgo es que “Ringo puede ser Paul”, según repiten los dibujitos en la tablet de ese pequeño fan de los Beatles, en especial de Paul McCartney, a quien admira desde que vio su versión animada en la película Yellow Submarine (1968). Ella, melómana hasta la médula, ubica muy alto a los Cuatro de Liverpool, un factor de indudable influencia en el gusto de su hijo.

La situación coincide con el momento en que la actriz hablaba sobre cómo las imposiciones del mundo adulto son percibidas por los chicos como situaciones naturales. Imposiciones que la Castiglione ha ido desarmando, no sin antes pegarse unos cuantos golpes contra la pared. Es así que 2022 la encuentra atravesando un momento artístico guiado por la decisión de participar solo en proyectos que le interesen. Así ocurrió, por ejemplo, con el corto La nobleza del vidrio, de César González. Y así ocurre ahora con Cadáver exquisito, el primer largometraje de ficción de Lucía Vasallo (La cárcel del Fin del Mundo, Línea 137), que llegará a la cartelera comercial este jueves.

La curaduría aplicada por Castiglione –que hace un buen tiempo es más, muchísimo más que “la hija de Moria Casán”– se caracteriza por la elección de papeles variados y demandantes en películas, series y obras de teatro de múltiples perfiles, tanto comerciales como independientes. Así como el año pasado estuvo en la segunda temporada de El Tigre Verón y por estos días protagoniza la adaptación de la obra Closer en una de las salas del Multiteatro, desde la semana que viene podrá vérsela en la pantalla grande en la piel de Clara, una maquilladora muy enamorada de su novia Blanca (la debutante, que no lo parece, Nieves Villalba), a quien un día encuentra flotando la bañera, sumida en un coma profundo que la llevará a un hospital por un tiempo indeterminado. Sin brújula ante la ausencia del ancla de su estabilidad, Clara comete el error de hurgar en su celular, donde se agrupan varias ventanas de chats con hombres. Es, pues, el principio de un viaje hacia las tinieblas del mundo interior de esa mujer frágil que empieza un proceso de transformación total –mental, físico, espiritual– a raíz de la flamante certeza de la doble vida de su novia.

“Conocí a la Lucía Vasallo hace diez años filmando Todos tenemos un plan, de Ana Piterbarg, y nos hicimos amigas. Un tiempo después, me habló de Cadáver exquisito, y desde ese momento me pareció una idea súper interesante”, cuenta la actriz ante Página/12. Ese interés radicaba en cómo la realizadora abordaba el fino límite entre “el amor romántico y el amor tóxico”. “Es algo que me pega muy de cerca”, confiesa antes de detallar: “Con la edad empecé a entender que el amor no iba por ahí, a tratar de mejorarlo y acercarme más a la idea que yo tengo del amor que de la del chip que tenemos incorporado. Mi gran meta, al menos desde hace unos años, es la desprogramación, la búsqueda de parecerme mucho más a quien creo que soy y actuar de una manera más acorde aso. De Clara me interesaba eso, porque yo también revisé celulares, fui muy celosa, y tuve muchas experiencias vinculadas con el amor tóxico y el amor romántico”.

 

-Decís que te entusiasmó el proyecto desde el principio. ¿Qué es que te cautiva más cuando te llega un guion: tu personaje o la película en sí?

-Primero, es necesario leer el guion completo. Parece una boludez, pero no es fácil porque necesitás tener una idea audiovisual para imaginar algo de lo que harías. Después, como interprete sí me interesa qué cosas voy a atravesar. Los actores y actrices nunca estamos a cargo de lo va terminar pasando, porque desde que recibís el guion hasta que se filma aparecen miles de factores que no podés manejar y de los que tampoco te podés hacer cargo porque la película es de otro. Sí podés darte cuenta de si te va a servir atravesar las vivencias de la persona que te toca interpretar. No toco de oído ni lo hago de taquito. Realmente me dejó atravesar. Entonces, ¿me sirve emocionalmente? ¿Le puedo dar vida? ¿Tengo ganas de ser esa persona? Eso sí lo puedo manejar porque, si bien esa persona toma forma entre el intérprete y el director, esa parte le toca mayormente a uno.

 

 

-Te tocó trabajar con una actriz que pisaba por primera vez un set como Nieves Villalba y una directora debutante en el cine de ficción. Vos, en cambio, hace 15 años que trabajás en el mundo artístico. ¿Cómo jugó esa experiencia en ese contexto?

-No me lo tomé así. Hay algo hermoso en quienes están haciendo cosas por primera vez, que es la entrega y la voluntad de estar a disposición. Cosas que se van perdiendo con el tiempo, aunque es fundamental no perderlas. Más allá de la experiencia, en un trabajo como la actuación, donde vale la verdad y mirarte a los ojos con la otra persona, el instinto es tan importante como la experiencia. Tanto Lucía como Blanca tenían esa entrega de las primeras veces que hizo que para mí fuera muy fácil conectar y crear algo nuevo.

 

 

-El deseo y la pasión deben ser factores importantes en quienes hacen las cosas por primera vez. ¿Cómo se los mantiene vivos a lo largo de los años?

-Te tiene que gustar lo que hacés, no hay otra. Cada vez que me subo a un escenario o filmo, tengo la posibilidad de interpretar a otra persona y transitar una vida que no me pertenece, y lo hago con toda la verdad que puedo. Si no me gustara, estaría más loca de lo que estoy. También es necesario que se den otros factores, como que el personaje me llegue, que esté bueno, que el director y tus compañeros estén ahí... Si todo eso pasa, una puede entregarse y se completa ese círculo. Para mí actuar no es solo un oficio para trabajar y ganar plata, es una necesidad psíquica y emocional. Nuestro instrumento de trabajo es la psiquis.

 

 

-Teniendo en cuenta eso, no de haber sido fácil transitar la paleta de emociones y sensaciones de Clara. ¿Actuar es una manera de encontrarte con vos misma?

-Por supuesto. Este oficio permite atravesar situaciones interesantes y que te tocan de cerca. Pero también me hice personajes que no tenían nada que ver conmigo y mis emociones tuvieron que pasar por lugares por donde nunca hubieran pasado. Y me recontra sirve. Digo "servir" en el sentido emocional. Trabajo con mi psiquis porque lo necesito. Necesito atravesar otras vidas para encontrar cosas en la mía, para encontrar emociones que no tengo en la vida que llevo.

 

 

-Hablás de "transitar los personajes". ¿Cómo se transita un personaje como Clara, del que no se sabe nada salvo por su relación con Blanca y su oficio de maquilladora?

-Es algo abstracto y difícil de explicar. Clara podrá tener un vacío para atrás, pero muestra muchas cosas de su personalidad y de quién es durante el recorrido de la película. Es una chica que parece tranquila con su trabajo y viviendo a su manera, pero después aparece una personalidad súper obsesiva. No racionalizo los personajes, me cuesta hablar de ellos en tercera persona, me aleja en lugar de acercarme. Más allá de que yo no sea esa persona, en parte sí soy. La única manera de transitarlos con verdad es hacerlo desde mi emocionalidad, sumando la estructura de cada personaje a la mía.

Castiglione en el film de Vasallo.

 

 

 

-¿Pasa lo mismo en el cine y en el teatro?

-El piso del teatro son los ensayos, donde hacés un recorrido emocional y después vas probando cosas en la repetición. En el cine, en cambio, repetís varias veces una escena que queda inmortalizada, y esa es la vida de esa persona para siempre. La verdad va apareciendo mientras transitás lo que le pasa. A partir de ahí, al menos en mi caso, ya puedo imaginarme su mundo: de dónde viene, a dónde va… todo de manera muy orgánica. No tengo un método "racional". Se me ocurren algunas cosas, pero lo que me pasa por dentro es inexplicable.

 

 

-¿Cómo salís de esa psiquis ajena? ¿Cómo volvés a ser vos?

-Es difícil. En general, cuando estoy en una etapa de trabajo, ya sea en ensayos de teatro o filmando, no soy del todo yo porque estoy tomada por un proceso que llevo conmigo. En el caso del cine, pasás doce horas diarias durante un mes siendo otra persona, entonces es difícil. Pero no voy a decir que en mi primera película me iba a casa igual que ahora. Me acuerdo que aquella vez me decían "Darth Vader" porque terminaba de filmar y quedaba en una especie de limbo entre dos personas. Con los años fui encontrando formas.

 

 

-¿Por ejemplo?

-En Todos tenemos un plan me habían hecho un corte de pelo rarísimo y usaba un esmalte de uñas espantoso, así que cuando llegaba a casa, aunque tuviera que volver a filmar en diez horas, me sacaba el esmalte y trataba de arreglarme un poco. Pero pasan cosas distintas dependiendo del personaje. Soy autodidacta, no tuve estudios ni me interesa seguir ningún método, así que fui aprendiendo con cada trabajo. No me sirve mirar desde afuera los personajes porque se me hace visible el engaño de desdoblarse y "actuar" de otro. No actúo de otro, trato de "ser" el otro, de que todo surja a través de mí. Es algo más instintivo que metódico.

 

 

-En los últimos años trabajaste en películas con muy buena recepción crítica y en festivales como Alanís (2017), Las hijas de fuego (2018) y El cuidado de los otros (2019), que están lejos del ala más comercial y “mediática” de la industria. ¿Buscás alejarte de la fama?

-Es que no me interesa ser famosa. No busco eso ni que quieran. ¿Por qué querría que todos me quieran? Si yo no estoy conforme con el mundo, ¿por qué el mundo debería estar conforme conmigo? Es una dualidad grande en el artista. Mi mamá dice que subió al escenario para que la quieran; yo, en cambio, subí para quejarme. No me gusta lo que veo en la realidad ni me siento parte de nada. Uno hace algo artístico porque hay algo que molesta, porque quiere movilizar, transformar o incomodar, pero nunca complacer. Ahora todos quieren que los amen, y tienen miedo de hacer cosas por si le molesta a alguien o los cancelan. No me interesa eso, me interesa que vayan a ver lo que hago y que les pasen cosas. Esa idea de que "está bueno porque no molesta" me parece horrible. Y el mainstream está cada vez más cerca de eso. No lo digo desde un lugar esnob, porque también trabajo en el mainstream, pero hago lo que hago por mí.

 

 

-Hay una afinidad artística con los películas en las que participás, entonces.

-Siempre sentí que me gustaban cosas que no necesariamente le gustan a la mayoría, así que me acerco a eso. No es una cuestión de transgresión sino de autenticidad. Si me siento de una manera, es mucho más importante ser fiel a eso y lo que pueda transmitir desde ahí que la fama o que pueda caerle bien a alguien que ni siquiera me conoce. Hay una dualidad grande, porque al principio me conocieron por mi imagen pública y ese lado mediático. Sé que a muchos no les importa lo que haga porque siempre voy a ser "la hija de", la rebelde, la transgresora, la Lolita. A quienes les interesa solo eso les da lo mismo que haga mil películas independientes o gane doscientos premios. Y está bien que sea así. El que tiene ganas de ver otro lado, se acercará más a mi trabajo y listo.

 

-¿Hubo algún momento particular a partir del cual empezaste a pensar de esa manera?

-No, fue a medida que fui creciendo. Cuando sos chico no hay consecuencias, vas para adelante sin importar lo que pasó ni lo que puede pasar. Pero a medida que pasa el tiempo, vas entendiendo que hay consecuencias buenas y malas, y vas eligiendo. Por eso trato de ir haciendo cosas que realmente me interesen. Necesito autenticidad para sentirme bien. No sé si podría hacer algo que no sienta o no quiera hacer, porque veo las consecuencias.