En los poemas del quinto libro de Valeria Pariso (Buenos Aires, 1970) hay varias preguntas. Aparecen, incluso, poemas-preguntas completos, interrogaciones que se entonan de inicio a fin, solitarias en el blanco de la página. “¿El corazón no aprende?” “¿Qué destino insiste/ en los cuerpos/ que alguna vez/ tuvieron luz?” “¿Quién nos quitará el don de la dureza?” La lectura de Triza insinúa que tal vez todos los poemas sean interrogaciones al mundo, al lenguaje y a los otros. “En Triza trabajé tres ejes: el olvido, el amor y la esperanza -cuenta la autora?. Pero esos ejes responden a un tema principal que es en realidad el tema que me interesó abordar: la ausencia. La ausencia tratada no de manera directa, sino como una niebla que sobrevuela el libro.” La referencia a la niebla señala una dirección elegida por Pariso: la naturaleza se vuelve solidaria de la voz poética. No hay ausencia sin entorno. Todo, desde el viento hasta las flores, pasando por el agua y las piedras, desaparece, se vuelve fragmento del olvido, “triza, polvo, nada/ un dato”. Algo que, en cierto sentido, activa de nuevo las preguntas: “¿Quién sabrá cuánto nos duele?”

Los poemas de Triza están numerados y suman 40. En el orden elegido, parecen contar una historia de abandono, desasosiego y recuperación, donde la ausencia se hace visible de diferentes modos. “No sé poner títulos ?confiesa Pariso?. De hecho, mis poemas no tienen título. No fui yo quien lo encontró, sino el poeta Diego Roel. Como diría la poeta Graciela Cros: ‘Tener amigos poetas salva el día’.” El poema, “hecho trizas”, se rehace en la lectura. Una de las estrategias más logradas para estrechar la ausencia es cuando la voz poética ordena (“Mirá:/ el tallo no sabe a qué agarrase”), demanda (“Dame la piedad de la duda”) y se interpela: “A vos te hablo, corazón”. Las certezas caen y las formas del poema se aferran a lo posible: “en el poema/ cada palabra muerde/ con delicado fervor”. 

La voz del paisaje es una más en medio de las voces que cruzan el libro. “O un silencio más”, sugiere la autora. “Lo que escribo tiene mucho del entorno y eso siempre incluye al otro. Si incluye al otro, también incluye su ausencia. El otro es el espejo, hablar con otro es pensar con él”, agrega. “Me impresiona lo que pasa con la ausencia:/ cae inmensa como un cóndor,/ no hace ruido,/ se mezcla con el viento,/ y una vez que toca el suelo/ vuelve”, se lee en el poema 24. De esa mezcla entre voz y paisaje surge el tono, siempre más que humano, de los poemas: “Yo he cruzado con flores, con aullidos”. “Lo que irrumpe, lo que no se puede frenar, lo que sucede a pesar del orden de la naturaleza, que es terrible y hermoso. Triza profundiza sobre todo en el sonido del paisaje”, dice Pariso.

En Triza tres poemas que se parecen entre sí se distinguen del resto. Esos tres poemas, donde toman la voz un viejo, una chamana y otro anciano, “manos de piedra”, determinan los ejes temáticos: el olvido, la esperanza y el amor. “Por eso elegí la voz de esos personajes, para que haya un alto. Un poema distinto del resto puede ser raro, dos pueden desentonar, tres deben estar marcando algo. No puede haber tres poemas distintos del resto pero parecidos entre sí por casualidad.” En los tres se leen exhortaciones (“Han de creer en todo lo que nace/ en medio del desorden”) que operan casi como el reverso de los demás poemas y que parecen presagiar “la alegría por venir”.

El libro fue publicado por la editorial Detodoslosmares, un sello de Capilla del Monte, en las sierras de Córdoba, creado por Gerardo Coccio en 2013. “Es la segunda vez que edito fuera de Buenos Aires -apunta Pariso, que coordina un ciclo de lectura de poesía con vecinos en Bella Vista?. Fue un placer trabajar con Gerardo. Estuvo atento a cada detalle del libro, a cada inquietud mía, y se respetaron los tiempos y las pautas planteadas desde el inicio. No es fácil publicar un libro hoy. Menos de poesía, porque la poesía tiene sus propios caminos. Pero estoy convencida de que la poesía corta la inercia en la que estamos metidos, nos permite reconocernos en una dimensión diferente del lenguaje, nos devuelve al lugar del asombro.” ,

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