¿Por qué demonizar una planta que brinda un sin fin de beneficios, cura, alivia una lista interminable de dolores, afecciones psíquicas y mejora la calidad de vida? Una planta que no posee dosis tóxicas, que podes cultivar en tu propia casa y convertirla en medicina ¿Será ese el problema? ¿Será que los intereses de los grandes laboratorios se sienten amenazados y temen perder un gran mercado? En nuestro país hay grupos de personas que a partir de la organización comunitaria y autogestiva están dando el ejemplo, haciendo lo que debería hacer el Estado. Están a la vanguardia y brindan respuestas ante la falta de políticas públicas sanitarias. El debate que falta dar ahora es ¿Terapéutico y medicinal: sí? ¿Recreativo: no? ¿Por qué separar sus usos? Ninguna práctica que las personas realizan porque contribuye a su bienestar debería ser ilegal, pensando a la salud en un sentido integral. Entonces ¿Por qué siguen demonizando a una planta? ¿Será que lxs prohibicionistas del cannabis se están quedando sin argumentos?

En San Vicente, ciudad del segundo cordón bonaerense, hace varios años germinó una gran comunidad de cultivadores solidarixs de cannabis, en su mayoría mujeres. Muchas comenzaron a cultivar para calmar los dolores de sus hijxs que padecen enfermedades crónicas. Es una organización social y comunitaria, una red que funciona a nivel local y que ha logrado conectarse con profesionales de la salud pública que se desempeñan en el Hospital de San Vicente. Allí, se forjó una relación entre usuarixs y consumidores para acompañar los procesos de salud y enfermedad donde se intercambian saberes y conocimientos que nacen de la propia experiencia sobre el uso de cannabis. Todo en un contexto de prohibición y miedo cuando estábamos muy lejos del REPROCANN (Registro Nacional de personas autorizadas al cultivo controlado con fines medicinales y/o terapéuticos) y los últimos avances legislativos.

La red comenzó a formalizarse y en mayo del 2019 presentaron un proyecto de ordenanza en el Concejo Deliberante de San Vicente con tres ejes, uno de ellos proponía la creación de un programa de salud en el hospital para acompañar a quienes ya venían utilizando el cannabis para uso terapéutico. En junio se aprobó por unanimidad y desde octubre de ese año la red, en cooperación con un equipo interdisciplinario (médicxs, psicólogxs, trabajadores sociales) del Hospital, sostienen el primer programa público de abordaje integral de uso de cannabis medicinal del país.

Constanza Canali -trabajadora social-, Marina Elichiry Romina Montiel -médicas generalistas y especializadas en cuidados paliativos-; tres de las integrantes del Equipo San Vicente.

Constanza Canali es trabajadora social, Marina Elichiry y Romina Montiel son médicas generalistas y paliativistas, las tres integran el equipo del programa que además está compuesto por el psicólogo social Guillermo Maciel. “Este modo de organizarse desde lo no institucional generó un gran bienestar y alivio de padecimientos en muchas personas, para mí eso fue lo más significativo de este proceso que pasaba afuera de las instituciones de salud”, cuenta Constanza en comunicación con Las12 desde uno de los consultorios del Hospital, a su lado están sus compañeras de trabajo.

Integral, interdisciplinario y comunitario

Antes de explicar la metodología de trabajo, Elichiry se presenta como lesbiana antirracista: “Hacemos asistencia en el hospital para controlar dolores crónicos, atendemos con turnos programados y la mayoría de las consultas están destinadas a personas que tienen enfermedades crónicas e incurables como cáncer, fibromialgia, lupus, artritis, con síntomas que limitan su vida”. 

El trabajo de estas tres profesionales no termina cuando salen del consultorio, también realizan actividades de docencia e investigación sobre el uso del cannabis medicinal para llenar el vacío que existe hoy en los servicios del ámbito público. Son llamadas desde distintos municipios que les solicitan asesoramiento para replicar una iniciativa similar en sus territorios, reciben médicxs que se encuentran realizando residencias y está abierto también a otrxs profesionales que deseen aprender sobre los tratamientos con cannabis medicinal.

La demanda de pacientes es altísima y supera la cantidad de horas que pueden cubrir. Un trabajo arduo que es pura vocación de servicio y compromiso, teniendo en cuenta que tienen un salario bajísimo, con condiciones laborales muy precarias y contratos que se renuevan mensualmente. La atención es totalmente integral e interdisciplinaria. A una paciente que llega por primera vez le dedican al menos una hora, primero pasan por entrevistas con las distintas áreas psicosociales para luego llegar a la consulta médica. La mayoría de ellas son personas que han pasado por varias instituciones donde no tenían la posibilidad de tratarse con una planta.

Durante la pandemia realizaron atención virtual y también presencial, promoviendo además el enfoque de cuidados paliativos que es parte de la atención con cannabis, ya que, mejora la calidad de vida en enfermedades incurables. Las médicas realizaron visitas a domicilio de lxs pacientes con cáncer que están en la etapa de final de vida, para que quienes lo deseaban puedan morir en sus casas.

 “Hay que cambiar el enfoque hegemónico de la medicina que es mantener con vida a toda costa en terapia intensiva gente que inevitablemente se va a morir, entonces fuimos a atender a domicilio” sostiene Elichury y recuerda una anécdota que atesora: “Nos tocó atender a una chica joven que tenía un cáncer muy avanzado, usaba cannabis, además de morfina y un montón de medicación. Le facilitamos contacto con las redes de cannabicultoras y se puso a cultivar, puso una planta en su patio y cuando se murió, su esposo y sus hijes nos invitaron a la casa a despedirnos de la familia. Ahí vimos que estaba la planta. Cuando la puso sabía que se iba a morir, quedó su legado. Su calidad de vida mejoró mucho con el tratamiento integral y también la forma de morir. Morir acompañada y en su casa, eso la familia siempre lo agradeció. Es un enfoque totalmente distinto de la medicina donde pareciera que siempre hay que curar y evitar la enfermedad y en la vida de muchas personas eso no es posible.”

Cultivo solidario

El programa tiene una impronta comunitaria desde su origen por eso el equipo del hospital se reúne frecuentemente con lxs referentes de cultivo en San Vicente para conocer las necesidades de lxs usuarixs de cannabis. “Se hizo un reconocimiento en el hospital a les referentes cannabiques que son personas que solidariamente desde hace rato, vienen sosteniendo y dando una respuesta que el Estado no da que es brindar gratuitamente derivados de cannabis a las personas que atendemos, también fomentamos el autocultivo y por eso los viernes hay talleres de cultivo de cannabis y preparación de derivados de cannabis en el hospital. El principal responsable de esa parte es Guillermo que es el psicólogo social”, explica Elichiry.

Algunxs personas llegan a la primera consulta con experiencia en el autocultivo de cannabis, para quienes aún no lo tienen se les tramita el REPROCANN en forma gratuita y en los casos de personas que no poseen conocimiento de autocultivo se les brinda acceso a talleres comunitarios. Actualmente el programa del hospital lleva un registro de atención de alrededor de 200 personas que consultaron por primera vez a las que se le suman lxs pacientes que concurren por controles que, aseguran las médicas, son muchxs.

La médica Romina Montiel describe la cadena solidaria que ha llegado a exceder los límites territoriales del municipio: “La mayoría de las cultivadoras solidarias son mujeres de San Vicente, pero como durante la pandemia había mucha gente que se quedó sin planta, una cultivadora de Ezeiza brindó flores y conocimientos solidariamente para que los pacientes puedan cultivar y lo sigue haciendo hoy en día”. La función del programa es la atención y facilitar el acceso a la planta a través de la conexión con referentes comunitarixs que proveen cannabis.

El Estado debería garantizar derivados de cannabis, pero no lo hace, salvo situaciones súper excepcionales de epilepsia refractaria con unos trámites engorrosos donde además es importado y se pagan en dólares. El 100% de las personas que atendemos usan derivados de cannabis artesanal y son muchísimas las personas que tienen muy buen resultado. Atendemos a personas adultas mayores con cáncer que no llegan a cultivar su propia planta y para las que sí pueden hacemos los talleres donde también hay intercambios solidarios. Es buenísimo, pasan cosas hermosas como que una viejita llega con un frasco de flores y se las regala a una chica que tiene que vaporizarse y otra le regala aceite”, cuenta Elichiry.

La comunidad creó no sólo una red para acceder al cannabis medicinal sino también lazos de cuidados y de apoyo mutuo que mejoran la salud integral de las personas. Muchxs pacientes llegan con años de dolor a cuestas y en esa red encuentran mejoras en su cotidianidad y en su calidad de vida. Poder cultivar su propia medicina es muy gratificante.

La feminización del cultivo

Quienes donan aceite, resinas y flores son en su mayoría mujeres, como ya se dijo y son madres que cultivan para sus hijxs que tiene una condición del espectro autista o neurológica. A su vez, “muchas de las personas que atendemos en el programa son mujeres con condiciones crónicas de salud y con síntomas muy molestos y un dato no menor es que en la atención integral van surgiendo historias de violencia y abuso, cuestiones que a veces terminamos sosteniendo nosotras y las propias redes cannábicas porque no hay respuesta desde otros lugares del ámbito de la salud”, asegura Elichiry.

La conexión entre el sistema de salud y la comunidad generaron un cambio de paradigma en la atención de lxs pacientes que llevan su propia medicina. Las médicas comenzaron a formarse incluso con distintos materiales de la planta que desconocían para usarlo en forma empírica, aprendiendo de la propia experiencia de sus pacientes. La trabajadora social Constanza Canali señala: “Hicimos cambios en las prácticas por la imposibilidad de acceder al cannabis a través de la obra social o el Estado en medio de un contexto prohibicionista, vimos cómo se construían esos circuitos de acceso porque de nada sirve tener un programa de estas características que acompaña, evalúa la situación de salud y hace un acompañamiento social, sí después los pacientes no pueden acceder al cannabis y esa red en San Vicente ya funcionaba. Entonces lo que podíamos ofrecer era el contacto, poder hacer ese enlace.”

La autogestión de las madres cannábicas

Valeria Salech es referente de Mamá Cultiva, una organización autogestiva que surgió en 2016 buscando un marco legal para cultivar cannabis con fines terapéuticos. "Nosotras no fuimos a pedirle aceite al Estado, fuimos a decirle que cultivamos marihuana y necesitamos un paraguas legal”, asegura Valeria en comunicación con Las12.

No lo lograron durante la gestión de Mauricio Macri, pero lo que sí lograron fue visibilizar sus demandas y generar conciencia social sobre los beneficios que trae la terapia con cannabis en la calidad de vida de las personas que padecen enfermedades crónicas. Construyeron una red de organizaciones a nivel nacional para sostener la demanda de información, semillas, material vegetal y aceites. 

Integrantes de Mamá Cultiva demandando porque

Se pusieron al hombro las necesidades de un sector de la población para aliviar sus dolores a través del cultivo y uso de cannabis. Al igual que las cultivadoras solidarias de San Vicente, estas organizaciones están integradas en su mayoría por mujeres que cuidan, invisibilizadas y no reconocidas por su trabajo.

Flores de placer

Otro de los usos del cannabis que ha comenzado a explorarse tiene que ver con el placer, en este caso para las personas con vulva. Se trata de un óleo estimulante a base de cannabis que combina extractos de la planta y aceites esenciales 100% orgánicos. Óleo 420 Placer es el primer producto de este tipo que se crea en Latinoamérica y fue desarrollado por un grupo interdisciplinario de profesionales de las provincias de Rosario y Entre Ríos. Está hecho principalmente de CBD que es un compuesto de la planta de cannabis que se denomina fitocanabinoide.

Bárbara García es médica tocoginecológica, especializada en salud reproductiva y sexualidad y fue parte de la investigación que dio origen al óleo. Nos explica cómo usarlo y cómo funciona: “Se coloca sobre la vulva 20 minutos antes del encuentro sexual con uno mismo o compartido con alguien. Lo que genera es la unión de esta sustancias a los receptores de nuestro propio sistema endocannabinoide que produce un aumento del flujo sanguíneo es decir, vamos a sentir mayor calor local y esto va a contribuir a la lubricación, por otro lado, también genera la relajación de los músculos del piso de la pelvis, de manera tal que, los orgasmos se podrían llegar a sentir más intensos en lo que es la percepción periférica, es decir, la percepción genital del orgasmo porque, vale la pena aclarar, que el orgasmo es una respuesta cerebral, pero con muchas sensaciones genitales.”

Además de aumentar el placer el óleo posee otros beneficios: mejora el tejido, ayuda a la vasodilatación y a la lubricación. García señala que existen investigaciones que prueban que los fitocannabinoides están dando buenos resultados para tratar la candidiasis resistente al tratamiento a partir de otra forma de administración, en lugar de ser un lubricante para mejorar la relación sexual, se utiliza en forma de óvulos intravaginales para tratar distintas patologías.

Bárbara García, una de las ginecólogas que diseñó el óleo cannábico para mejorar los orgamos de las personas con vulva.

La doctora agrega un dato importante a tener en cuenta: “Si sos consumidora o consumidor habitual de cannabis el tono de tu sistema endocannabinoides va a estar modificado en comparación con el de una persona que nunca consumió y quizás la dosis que necesites para el encuentro sexual sea mayor. Se recomienda que comiencen aplicándose media pipeta del lubricante sobre la vulva, se masturben 20 minutos, vean si las sensaciones genitales son mayores o iguales que las habituales y en base a eso vayan subiendo la dosificación.”

¿producción privada si, autocultivo, no?

Con respecto a los avances legislativos actuales existe una doble vara, mientras se continúa criminalizando a quienes cultivan o portan un cigarrillo de marihuana, se habilita el cultivo privado a grandes empresas, al respecto Elichiry señala: “Este programa existe en San Vicente gracias a la comunidad. Desde que empezaron a asomarse emprendimientos privados, lo que siempre dijimos es que el municipio tiene que pedirles un porcentaje de la producción para les usuaries del programa público de cannabis medicinal, hasta ahora mucha bola no nos están dando.”

Una herramienta para que cada vez más personas puedan acceder a los beneficios del cannabis debe ser también la formación, en este sentido Elichiry reflexiona: “Debe ser un compromiso formarse en estos temas en el ámbito de la salud porque hoy para formarse en cannabis medicinal primero hay que pagar y las formaciones están muy poco orientadas a cómo atender a una persona usando cannabis medicinal y termina convirtiéndose en un círculo vicioso donde, como la gente que sabe de cannabis medicinal pagó para formarse, cobra y trabaja en el ámbito privado exclusivamente, entonces no se fomenta ni la formación ni la atención en el ámbito público, ni se garantiza el acceso a los derivados de cannabis.”

Este año, en mayo, se promulgó en nuestro país la Ley del Marco Regulatorio para el Desarrollo de la Industria del Cannabis Medicinal y el Cáñamo Industrial que promueve la investigación científica de la planta y sus derivados, estableciendo las bases para su desarrollo productivo, garantizando y promoviendo el cuidado integral de la salud. “Mientras estaba en la promulgación de la ley al lado del presidente no podía dejar de pensar en la gente que puso el cuerpo y no la pasó bien o que fue presa. Mujeres que se lanzaron a cultivar y después les robaron o las allanaron o tienen una causa judicial o sus ex maridos las extorsionaban diciéndole que las iban a denunciar porque tenían plantas. Esas cosas pasaron durante todos los años de prohibición y hubo mujeres que tuvieron que dejar de cultivar para sus hijos o para ellas mismas o para alguien a quien estaban cuidando”, cuenta Valeria Salech y agrega: “si bien celebramos la ley de producción y es un avance importante porque va a haber cannabis industrial nacional, no podemos dejar el compromiso que tenemos con esos colectivos vulnerables, que todavía no encuentran una solución porque viven en barrios que no tienen la posibilidad de sentirse seguras por más que puedan anotarse en el REPROCANN.”

En noviembre del 2020 se sancionó en nuestro país la Ley 27350 de uso Medicinal de la Planta de Cannabis y sus derivados, en su artículo 8 se logró aquello por lo que tanto lucharon desde Mamá Cultiva: “La doctora Vizzoti fue muy generosa con nosotras porque incluyó el registro para quienes cultivan, pero además para quienes cultivan para terceros, o sea, una figura de cultivador o cultivadora solidaria. Lo que permite que te puedas registrar como persona que cultiva para sí misma, para terceros o como organización que cultiva. 

"Eso fue un avance enorme y lo festejamos porque realmente empezamos a ver los resultados de los que fuimos a buscar. Sin embargo, sin formación a las fuerzas de seguridad, al poder judicial y sin un acompañamiento transversal a todas las políticas de Cannabis, estamos rengas porque a pesar de la ley nacional, todo sigue dependiendo de donde vivas y si al intendente o a la policía de tu provincia le parece bien o mal que cultives. Hay una falta de formación en todas las instituciones públicas de cómo se tiene que manejar el tema y qué es lo que está permitido. Ahí juega mucho el criterio de cada lugar. Seguimos en la misma lucha, contra los prejuicios, en la lucha por la formación y la visibilización de la situación de la violencia hacia las mujeres que se recrudece. Si bien a todo el mundo pueden allanarlo por tener plantas, en el caso de las mujeres y de las compañeras trans o travestis es peor, es una doble opresión, si ellas cultivan y les roban sus plantas, no pueden llamar a nadie”, concluye Salech.

La planta multitasking

Durante años la criminalización hacia quienes cultivaban y consumían hizo que se ocultaran las propiedades y los múltiples beneficios que tiene la planta que no sólo sirve para aliviar dolores, sino que mejora la calidad de vida de las personas: hay quienes usan cannabis para el insomnio y luego se dan cuenta de que les dejó de doler la cintura. 

Una planta de marihuana, tan simple y tan llena de beneficios. (foto Jose Nico)

Yo tengo un hijo con epilepsia y autismo, empecé a usar cannabis con la esperanza de poder bajarle la medicación anticonvulsivante y lo que me pasó fue que le bajé la medicación psiquiátrica porque le hizo bien a toda la parte cognitiva, mejoró en su autismo, empezó a ir más seguido al baño, a comer mejor y dormía, hasta roncaba, cosa que nunca me había pasado porque una persona con epilepsia es muy común que no duerma bien”, cuenta Valeria.

Estamos hablando de una planta que es natural, que no tiene contraindicaciones ni dosis tóxicas. “En el momento en que mi hijo empezó a usar cannabis tomaba por lo menos cuatro pastillas diferentes a lo largo del día en diferentes horarios, yo tenía una tabla de Excel pegada en la heladera, si yo me tomaba un blíster entero me moría de cualquiera de esa medicación”, asegura Valeria.

“El cannabis a nosotras, las madres, nos permitió hacer prueba y error con diferentes variedades sin poner en peligro a nuestros hijos, ni de que haya una sobredosis porque no existe, no tiene dosis tóxicas, no es letal. Si le estoy dando a mi hijo un aceite que no tiene los resultados que espero no se lo doy más y no pasa nada. Para una persona que hace mucho tiempo toma mucha medicación, el cannabis es un milagro.”

¿Recreativo versus medicinal?

La medica paliativista Montiel sostiene que el uso recreativo del cannabis también es medicinal porque desde el punto de vista de la salud integral algo recreativo es algo que hace bien, en este sentido explica: “Uno puede hablar de uso adulto de la planta de cannabis, en todo caso. Hay mucha gente que ha venido por un dolor y tal vez no le mejora exclusivamente ese dolor, pero sí otros síntomas que van asociados al dolor crónico, como el trastorno de sueño, del ánimo y eso es tan válido como aliviar un dolor.” 

Por su parte, Elichiry detalla que el índice para medir la mejoría de sus pacientes suele ser la calidad de vida porque, en general, cuando baja el dolor mejoran un montón de otras cosas: “La sociabilidad, la capacidad para trabajar, para salir de la casa, para cuidarse”, enumera. Lxs pacientes usan aceite de base para una afección crónica y también utilizan el material vegetal de la planta, que son las flores de marihuana para nebulizaciones. “Tenemos un paciente, que tenía una artritis reumatoidea de reciente diagnóstico bastante grave y que trabajaba con sus manos. Hoy está utilizando su propio cultivo, está súper bien y volvió a trabajar”, cuenta Montiel.

Entonces ¿Cómo concientizamos a la sociedad para que entienda que lo recreativo también es medicinal? Valeria responde: “Esa es nuestra gran lucha ahora. Primero era fundamental hacer ver que la planta tiene propiedades terapéuticas. Como el prohibicionismo ya no puede discutir que tiene eso, van por el THC que, según ellos, es la sustancia psicoactiva, cosa que no es así. La planta cannabis tiene más de 140 principios activos muchos de ellos con efectos psicoactivos, el efecto psicoactivo también lo han demonizado, sin embargo, el café es psicoactivo, el mate también pero le tenemos miedo solo a una planta, es rarísimo. Hay que empezar a desmenuzar esos conceptos abstractos, la psicoactividad se usa para tratamientos de un montón de síntomas, cuando los médicos nos recetan cosas para dormir o para la ansiedad, nos recetan psicoactivos. Habría que empezar a hablar sobre qué es la psicoactividad, cómo está clasificada, cuándo es conveniente usarla, conocer a la planta y saber cómo hacer un uso responsable, en vez de señalar con el dedo. Esta es la lucha que estamos dando ahora desde las organizaciones como siempre y que tendría que ser una política pública.”

 

Después de seis años de territorio, Valeria acumula miles de anécdotas de personas que le cuentan que desde que comenzaron a usar cannabis además de disminuir sus dolores duermen mejor y algunxs hasta les sirvió para tratar la acidez estomacal. “Esta repetición de anécdotas es lo que me hace estar cada vez más convencida de que necesitamos una ley Micaela de cannabis, porque todo el mundo debería conocerla. Como madre de un adolescente, creo que hay que hablarles a los hijos sobre la sustancia que usan, qué les hace, cómo funciona, cómo llega a su organismo y cuáles son los peligros. No le puedo pegar porque vaya a tomar alcohol, no va a dejar de usar una sustancia porque yo se lo diga, entonces, lo más inteligente es acompañar, formar, educar y llevar información. Eso hacemos desde el 2016 y vamos a seguir porque cada tanto aparecen estas personas conservadoras que vuelven al discurso prohibicionista que, como está tan instalado y enquistado en las sociedades en todo el mundo, es difícil salir de ahí. Ninguna persona está exenta de necesitar cannabis algún día y me parece inmoral que no me permitan usar cannabis para mi salud y mi bienestar. La gente lo relaciona con la enfermedad y también hay que salir de ese discurso. Salud es una buena calidad de vida y es bienestar.”