Luisa Valenzuela, distinguida por la Unsam
La imaginación resiste
La escritora recibirá hoy a las 18 el título de Doctora Honoris Causa de la Universidad Nacional de San Martín, donde dará la conferencia “El desafío perpetuo”.
“Siento que por fin soy reconocida”, señala Valenzuela.“Siento que por fin soy reconocida”, señala Valenzuela.“Siento que por fin soy reconocida”, señala Valenzuela.“Siento que por fin soy reconocida”, señala Valenzuela.“Siento que por fin soy reconocida”, señala Valenzuela.
“Siento que por fin soy reconocida”, señala Valenzuela. 
Imagen: Bernardino Avila

“La euforia de escribir nos asalta cuando percibimos el roce de lo inefable”, revela Luisa Valenzuela en uno de los excepcionales ensayos que integran Escritura y secreto. La autora plantea que escribir es “un salto al vacío sin saber a ciencia cierta si abajo nos esperan las rocas o el agua”. Todavía resuenan sus reflexiones durante la apertura de la última Feria del Libro de Buenos Aires, cuando definió la posverdad como “esa mentira emotiva nacida para modelar la opinión pública desdeñando los hechos fehacientes y los datos verificables”. Cómo no celebrar la obra de esta narradora fundamental de la literatura argentina, que persiste en alcanzar “la orilla del oscuro deseo”. La escritora recibirá hoy a las 18 el título de “Doctora Honoris Causa” de la Universidad Nacional de San Martín (Unsam), donde dará la conferencia El desafío perpetuo. La laudatio estará a cargo de Cristián Alarcón, director de la revista Anfibia. “A parte del orgullo, el honor, la responsabilidad y otras obviedades por el estilo, vivo estas convocatorias como un llamado para mantenerme alerta. Más de veinte años después de haber regresado de una larga ausencia, siento que por fin soy aceptada, o mejor dicho reconocida como lo que soy a pesar de mis múltiples viajes: esencial y profundamente una escritora argentina. Con todo lo que eso conlleva”, dice Valenzuela a PáginaI12. 

“A los premios en general les debo de tener miedo, pienso; miedo a no recibirlos”, aclara la autora de más de treinta libros, entre novelas, cuentos, microrrelatos y ensayos, como El gato eficaz (1972), Aquí pasan cosas raras (1975) y Cambio de armas (1982). “Nunca me he presentado a ninguno de esos concursos que tienen convocatoria. Ni siquiera al Premio Nacional o al Municipal. Me olvido que existen… debe de ser algo freudiano. Sólo de muy joven me presenté alguna vez y tuve algún buen resultado. Pero de grande los premios y reconocimientos que obtuve son aquellos que me caen del cielo y no me producen la menor incomodidad. Todo lo contrario, sólo un profundo agradecimiento. Recibir los Premios a la trayectoria es cuestión de tiempo, y de fidelidad al duro camino de la escritura”, dice Valenzuela, presidenta del PEN Argentina desde 2015, que ha obtenido diversas distinciones como el “Doctora Honoris Causa” por la Universidad de Knox (Illinois, Estados Unidos), la medalla Machado de Assis de la Academia Brasilera de Letras y el Gran Premio de Honor de la Sociedad Argentina de Escritores, entre otros reconocimientos. 

–¿Cómo impacta en la literatura la posverdad? ¿Se podría decir que el escritor tenía el monopolio legítimo de la “mentira”, de la invención, pero que ya no lo tiene porque los políticos se lo disputan?

–He aquí una seria paradoja en la que cabe reflexionar a fondo. Mi problema es que nos roban el sentido del humor, cualquier broma que hagamos parece cierta y aterradora desde el lugar de las “falsas verdades”. Por otra parte la buena ficción y la poesía nunca mienten. En realidad dicen una verdad más profunda, nada dogmática, que es preciso a veces decodificar. Me asombra, y gran cantidad de mis colegas podrán decir lo mismo, el grado de premonición, de peligrosa anticipación que hay en las obras literarias. La posverdad es lo otro, el vender espejitos de colores, la trampa del prestidigitador para hacernos ver lo que no está.

–En la era de la posverdad, ¿tendrá la literatura que abandonar un poco el territorio de la ficción y ocupar el lugar de articulación de ciertas verdades?

–Al contrario. Tendrá que bucear cada vez más hondo en esos canales de la percepción de una realidad que desde el poder se intenta escamotear. Y traerlos a la luz. Y usar la imaginación y el arte para enfrentar aquello que con una gran sonrisa, con revolución de la alegría y talleres de entusiasmo, intenta avasallarnos. Pienso por ejemplo en las muchachas de la Fuerza Artística de Choque Comunicativo, que con sus cuerpos desnudos ponen en evidencia la falsedad de los ropajes del poder.

–¿De qué que trata la conferencia “El desafío perpetuo”?

–De la necesidad de volver a ponernos las pilas desde otro lugar. No de mi experiencia en particular, si bien viví el desafío de escribir en tiempos de la Triple A (Aquí pasan cosas raras), de la dictadura cívico-militar (Cambio de armas), de los legados del autoritarismo (Cola de lagartija, Novela negra con argentinos), de la crisis del 89 (Realidad nacional desde la cama). Esta última novela breve, que cuenta en tono de farsa los avatares de la hiperinflación, el levantamiento carapintada, la amenaza a la democracia, leída por Claudia Lapacó, integra la nueva colección de audio libros de la Unsam. Me da escalofríos notar en qué medida recupera hoy actualidad. Por lo cual mi conferencia versará sobre este nuevo desafío que tenemos los intelectuales y los artistas frente a una “gerentocracia”, si se me permite el neologismo, que insiste en dorarnos las más amargas píldoras.