Desde sus orígenes el psicoanálisis ha cosechado adeptos y detractores en diferentes proporciones, en parte gracias al descentramiento de la consciencia que propone entre sus postulados esenciales. La noción de inconsciente, lejos de diluirse en una metafísica de las pasiones ocultas del alma, es más bien una forma de pensamiento que escapa a la consciencia. De allí aquel célebre aforismo, “El yo no es amo en su propia casa”, que Sigmund Freud calificó como herida narcisista o afrenta psicológica a la humanidad. En efecto, el inconsciente se infiltra en lo cotidiano, sea en los tropiezos del lenguaje o en los síntomas, como así también en los sueños y en las irrupciones enigmáticas de la angustia.

Décadas más tarde la obra del psicoanalista francés Jacques Lacan agrega una dificultad más, a saber, un modo de transmisión de la práctica analítica complejo y entreverado, que en ocasiones desalienta a quienes se interesan en su modo de concebir la clínica. En tal sentido, los neologismos —palabras nuevas que surgen al introducir torsiones sobre los fonemas de una lengua— abundan en sus Seminarios y Escritos. A veces no trascienden la excentricidad de un estilo de enseñanza que obtiene provecho de la polifonía de la palabra. Otras veces, en cambio, los neologismos alcanzan el estatuto de concepto gracias a su carácter operativo en la formalización de la praxis psicoanalítica. He aquí el caso del término analizante, forjado en oposición diferencial a la posición clásica del paciente en el dispositivo terapéutico tradicional. Incluso se afirma que un análisis comienza cuando un analizante adviene allí donde hubo primeramente un paciente. Si el analizante no es un paciente, ¿en qué se diferencian? ¿Cómo se delimita aquel umbral cuyo franqueamiento constata la existencia de un sujeto en posición de analizante? Si se trata de una posición y no de una trasmutación del ser, es porque el término analizante no supone el acceso a un estado ideal o idealizado ni un privilegio en sí mismo, sino sencillamente una relación epistémica donde un deseo se anuda a la producción del saber inconsciente. No cualquier saber, sino aquel por el cual se está concernido, es decir, un saber sobre la causa del propio malestar en la existencia.

Algunos años después Lacan explica que es en las primeras entrevistas donde el analista mide y valora antes de consentir, según sea el caso, la prosecución del análisis mismo. ¿Qué mide o valora allí en ese tiempo y espacio? ¿Se trata acaso de la hipótesis diagnóstica? ¿La distancia entre el motivo de consulta inicial, la demanda inconsciente y la demanda de análisis propiamente dicha? ¿La presencia o ausencia de rectificación subjetiva y la puesta en forma del síntoma analítico? ¿El lugar de la enunciación o la posición subjetiva? ¿La instalación de la transferencia y el Sujeto supuesto Saber?

Estos serán los ejes que abordaremos en la propuesta del curso virtual titulado: “Un analizante no es un paciente. Posiciones subjetivas en la experiencia analítica”. Organizado por la plataforma Lacan Big Data. Más información: www.ignacioneffen.com.ar Consultas a [email protected]

*Psicoanalista, docente y escritor.