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Marcha atrás

Entre el carnaval mundial y la pieza de museo, la marcha del orgullo que se celebró durante esta última semana en un centenar de ciudades del mundo –con el epicentro en Madrid por el Euro Pride– es cada vez más espectacular y millonaria. La presencia de autoridades, partidos políticos y sponsors le marca el paso a una manifestación que nació disidente, rebelde y descontrolada. La prolija combinación entre diversión y reivindicación (con una lista de demandas pautadas entre activismo y política), entre visibilidad y enmascaramiento (con la presencia de funcionarios y partidos históricamente homófobos) imponen una suerte de “orgullo cuidado” contra el que van surgiendo desvíos y contramarchas. Se exige la despatologización trans, pero es difícil ver la presencia de mujeres y hombres trans en la fiesta. Se pide por el derecho al acceso gratuito a técnicas de reproducción asistida, pero la discusión sobre el aborto, la situación vulnerable de “mujeres” y de toda una población migrante no figura en las agendas ni en las crónicas del día después. Mientras el odio se dirige a los sospechosos, los negros, los extranjeros, la palabra “amor” aparece con insistencia sospechosa asociada a la palabra “diversidad”. ¿Una carpa del amor? ¿Un nuevo closet donde esconder las diferencias? Soy anduvo por el mundo y, aquí, una perspectiva plural de lo que vio.

Orgullo Crítico
Orgullo Crítico