EL PLANETA 7 PUNTOS

España, 2021

Dirección y guion: Amalia Ulman

Duración: 79 minutos

Intérpretes: Amalia Ulman, Ale Ulman, Nacho Vigalondo, Zhou Chen, Saoirse Bertram

Estreno exclusivamente en Mubi.

La chica, bonita y muy compuesta, está sentada ante la mesa de una confitería. El hombre (el director de cine Nacho Vigalondo) se acerca y la saluda cortésmente. Intercambian las presentaciones de rigor y él, que dice estar apurado, asegura: “a mí lo que me gusta es que me meen encima”. La chica, sin perder su aire de secretaria ejecutiva naif, responde “lo que a ti te gusta, a mí me gusta”. “Te dejo porque tengo que ir a buscar a mi hija a la clase de ballet”, dice él y se retira muy apurado. Desde un principio el film español El planeta impone un tono de comedia absurda --absurda sobre todo por el choque entre lo real y las reacciones de los personajes-- y hierática, lo cual no hace más que aumentar el absurdo. Lo que a larga termina siendo engañoso es que la película dirigida por Amalia Ulman sea una comedia, ya que de a poco se cuelan entre las grietas del humor los avances de la melancolía por lo perdido, y la posibilidad trágica de perderlo todo.

Leonor (la propia Ulman) y su madre María (Ale Ulman, madre de Amalia en la vida real) recuerdan mucho a Big Edie y Little Edie, decadentes protagonistas del documental Grey Gardens, que recordaban sus años dorados mientras en su mansión que se venía abajo se juntaba la caca de sus gatos. Sin llegar a tanto (porque tampoco caen desde tan alto como las Edies), Leo y María contemplan cómo su vida se derrumba, mientras salen de paseo, roban chucherías en uno de esos chinos que venden “todo por un euro”, o se prueban montones de prendas en la sucursal de Gijón de El corte inglés. Cuando incurren en algún gasto –lo cual no es infrecuente—lo cargan a la cuenta de un político, se supone que ex novio o amante de Leo. Y mientras tanto comen masas finas, ya que no tienen plata para comprar comida en el súper.

Filmando en blanco y negro, Ulman da con el tono justo. Algo que es clave de este tipo de comedias impasibles, conocidas en inglés como deadpan, y que en castellano podríamos llamar “rejtmanianas”. Bastaría un tonito más para que caigan en el grotesco o la farsa gruesa. María sigue dándose aires de gran dama, mientras sueña con “viajar a la Argentina” para aprender a bailar el tango. A Leo parece darle todo lo mismo, desde hacerle la segunda a la madre en sus choreos hasta prostituirse. Pero no es tan así, porque cuando en el chino conoce a un ídem que le simpatiza, al enterarse de que es casado huye corriendo. Gradualmente se va filtrando en El planeta una tristeza que se agudiza, hasta volverse conmovedora. Sobre todo cuando María parece tomar conciencia de la situación de ambas.

No solo el tono va virando, sino que la película se vuelve inesperadamente política y social cuando, en la secuencia de créditos finales, el Rey y familia visitan Gijón (también lo hace Martin Scorsese, uno de los detalles más absurdos de El planeta) y, ante las protestas (durante la película se vieron montones de comercios con los carteles de “Se alquila” o “Se vende” sobre los frentes), “saludan a la multitud”, según comenta la movilera de televisión. María y Leo no se enteran de lo que les pasa porque no quieren o no pueden, el Rey no se entera de lo que ocurre en la mayor ciudad asturiana porque no le conviene.