El caballero de la rosa en el Teatro Colón, con puesta de Robert Carsen
Un ensayo sobre el pasado inasible
La segunda colaboración entre Richard Strauss y Hugo von Hoffmannstahl llega a un punto neurálgico en términos de distancia narrativa. Alternarán como protagonistas Manuela Uhl y Carla Filipcic.
Manuela Uhl cantará hoy, el viernes, el domingo y el martes 25.Manuela Uhl cantará hoy, el viernes, el domingo y el martes 25.Manuela Uhl cantará hoy, el viernes, el domingo y el martes 25.Manuela Uhl cantará hoy, el viernes, el domingo y el martes 25.Manuela Uhl cantará hoy, el viernes, el domingo y el martes 25.
Manuela Uhl cantará hoy, el viernes, el domingo y el martes 25. 

En abril de 1945 el teniente Milton Weiss, de la Armada Estadounidense, fue enviado a requisar su villa en Garmisch-Partenkirchen, al pie de los Alpes bávaros. El tenía 81 años. “Soy Richard Strauss –se presentó–; el compositor de Der Rosenkavalier.” Una obra con el poder de resumir una vida. Una ópera cuyo tema es el pasado, o su inasibilidad. Una composición cuyo trío final sugirió que se cantara en su propio funeral. La idea fue tomada al pie de la letra, en 1949, y un joven Georg Solti de 36 años condujo a tres grandes solistas, Marianne Schech, Maud Cunitz y Gerda Sommerschuh. Ninguna logró cantar hasta el final. Las tres rompieron en llanto en el momento en que el texto hablaba de la esperanza de una nueva vida.  

Strauss ya había trabajado con el poeta y autor teatral Hugo von Hoffmannstahl en su ópera inmediatamente anterior, Elektra. Y mantuvo con él una colaboración de más de veinte años –hasta la muerte del escritor– que se plasmó en nada menos que seis óperas y una pantomima (La leyenda de Joseph). Nunca se encontraron para componer o discutir aspectos de esas obras. La relación entre ambos fue exclusivamente epistolar. Y toca, en esta segunda obra en conjunto, una suerte de punto neurálgico donde el distanciamiento (un distanciamiento tal que ni siquiera se declama como tal) se erige en principio constructivo. En todas las composiciones de Richard Strauss hay una suerte de desplazamiento temporal. Podría pensarse que en las óperas Salomé, de 1905, o en la visionaria Elektra, de 1909, ese movimiento es hacia delante, y que en las canciones finales, en el postrer Concierto para oboe o en las Metamorfosis para 23 solistas de cuerdas, el movimiento es hacia un pasado idealizado. 

Pero también hay un corrimiento temático: historias de héroes románticos construidas sobre la evocación sonora de desangelados episodios cotidianos, como en el poema sinfónico Vida de héroe o en su Sinfonía doméstica. En El caballero de la rosa ese desplazamiento se constituye en el propio material de la obra. No solo por su explícito homenaje al lenguaje mozartiano y las citas al vals del siglo anterior sino por cómo la trama comenta (y aprovecha)  un tópico en la ópera cómica del siglo XVIII: los personajes masculinos y juveniles representados por mujeres travestidas. El hecho de que Octavian, el amante de la Mariscala, esté escrito para una mezzosoprano, tributa a esa costumbre interpretativa (y sin duda al Cherubino de Las bodas de Figaro, de Mozart) pero, además, tiene un particular efecto cómico, por ejemplo, cuando el personaje hace su más que gráfica exégesis del coito atlético.

Estrenada en Buenos Aires en 1915, apenas cuatro años después de su presentación en Dresde, El caballero de la rosa vuelve hoy al escenario del Colón en versión escénica de Robert Carsen y con la dirección musical de Alejo Pérez. La producción fue realizada para la Metropolitan Opera House de Nueva York y la Royal Opera House de Londres, en coproducción con el Colón y el Teatro Regio de Turín. El célebre Carsen, uno de los directores de escena más respetados en el mundo de la ópera actual, esta vez no será de la partida y la reposición escénica está a cargo de Bruno Ravella. Con nuevas  funciones este viernes 21, el sábado 22, domingo 23 y martes 25 (todas a las 20 salvo la del domingo, que será a las 17). El diseño de escenografía es de Paul Steinberg, el de vestuario corresponde a Brigitte Reiffenstuel y el de iluminación a Robert Carsen y Peter van Praet. La coreografía: Philippe Giraudeau y participan la Orquesta Estable, el Coro Estable (dirigido por Miguel Martínez) y el Coro de Niños del Teatro Colón (conducido por César Bustamante). El reparto estará en manos de dos elencos de inusual calidad. El papel de la Mariscala será representado, en las funciones de hoy, 21, 23 y 25, por la soprano Manuela Uhl, quien, hace tres años, deslumbró a los asistentes al Colón como Crisótemis en Elektra, también de Richard Strauss. En la función del sábado 22 quien cantará la Mariscala será la notable intérprete argentina Carla Filipcic.  Kurt Rydl y Julian Close elternarán como el Barón Ochs, Jennifer Holloway y Guadalupe Barrientos serán Octavian, Oriana Favaro y Marina Silva serán Sophie, John Hancock y Hector Guedes representarán a Faninal y en el papel de Cantante italiano se alternarán Darío Schmunck y Santiago Ballerini.