Bitcoins, formateando el capital
Cuentos de la criptomoneda
Tal vez las monedas digitales no serán, como sus defensores proponen, “tan grandes como la imprenta”, pero su desarrollo legó una gran herramienta: las blockchains como estructuras de datos públicos (o compartidos a todo miembro de una red) aplicables a viejas y nuevas operaciones legales y cívicas. Ante el viejo modelo discrecional bancario, mejor un archivo público digital.

Telefónica se come el ciberataque más groso de su historia. Ningún usuario tiene acceso al sistema. Corren noticias de discos rígidos explotando por el aire. Los crackers piden rescate y exigen que el pago se haga en bitcoins. Nogoyá y Helguera, corazón de Villa del Parque. Un jubilado mira la vidriera de un nuevo local y entra, la marquesina reza: compra y venta de bitcoins. Emiliano juega World of Warcraft. Necesita la espada del dragón sagrado para vencer al boss del calabozo nivel 900. La compra por internet y paga en bitcoins.

La palabra bitcoin hace referencia a dos cosas: la moneda digital y la red que la soporta. Es imposible entender nada sin este concepto básico. Bitcoin es una moneda pero es también una red. Una de intercambio P2P —quizá la recuerden de películas como eMule y Napster—, es decir de intercambio directo entre usuarios. Sólo que en vez de intercambiar películas, acá se intercambia una moneda digital, el bitcoin. No es una moneda común y corriente, ya que no tiene un respaldo en el mundo físico. Pero así como le damos valor al dinero porque lo usamos, el bitcoin funciona igual: adquiere su valor en el uso, en el intercambio.

Bitcoin se maneja con ciertos principios básicos. El objetivo de una moneda digital es evitar por todos los medios que alguien la use sin autorización. El sistema funciona capturando cada transacción en un archivo del que todos los usuarios tienen una copia pero que nadie puede modificar. Todas las copias se actualizan simultáneamente y así todos los usuarios pueden ver todo el historial de transaciones. Esto previene que un mismo bitcoin se gaste dos veces. Luego, esa versión del archivo se guarda y proteje con criptografía, un método matemático que resguarda información en base a ciertos algoritmos. Es posible leerla pero no modificarla.

Cuando se agrega una nueva transacción, se genera un nuevo bloque que incluye el archivo original, al cual se refiere mediante un número generado que es muy dificil de copiar. Eso garantiza la veracidad del bloque actual. Bitcoin es en definitiva un libro contable donde cada transacción queda registrada y es compartida con todos los usuarios. Esta cadena de bloques que agrupa transacciones recibe el nombre de “blockchain” (literalmente bloque-cadena) y es el pilar de Bitcoin. A diferencia de los bancos, que basan su sistema en la confianza que le tienen los clientes, Bitcoin se basa en un archivo público. En teoría, la tecnología del blockchain implementada por primera vez con bitcoin tiene el potencial de llevarse puestos a los bancos.

El diseño de esta red estipula además añadir cierta cantidad fija de bitcoins por año hasta llegar al límite de 21 millones. Ese es el tope disponible. Un bitcoin se puede dividir ocho veces hasta llegar a la fracción del 0.00000001, que recibe el nombre de Satoshi por su creador, quien permaneció en el anonimato hasta el año pasado. El hombre en cuestión, y sobre quién todavía pesa la controversia, es Craig Steven Wright, un doctor en Matemática australiano.

Los bitcoins se crean a través de un proceso llamado “mining”, que básicamente consiste en poner tu computadora a trabajar procesando transacciones de bitcoins. Mediante un algoritmo, lo que hace cada computadora es validar transacciones y recibir a cambio un porcentaje muy pequeño de bitcoins. El “mining” lo hacen usuarios de la red que disponen de poder computacional para capturar las nuevas transacciones, validarlas y añadirlas a la cadena. Y las transacciones que se hacen por fuera de la red, como no pueden ser validadas, son inútiles. Esta tecnología es el verdadero corazón del sistema y una tecnología que intenta ser replicada para un montón de cosas más.

Bitcoin está inspirado en el manifiesto criptoanarquista escrito por Timothy C. May en 1992, en el que propuso la creación de una red de usuarios que elimine todo tipo de intermediación estatal o privada. May aseguraba que el impacto de una creación de una red de este tipo resguardada mediante el uso de sistemas de encriptación debilitaría el poder de entidades financieras así como la imprenta debilitó el poder de los gremios medievales. La profecía de May se hizo realidad con Bitcoin. Aunque todavía está por verse si tendrá un impacto similar al de la imprenta, Bitcoin llevó a la realidad las ideas del manifiesto criptoanarco y las convirtió en un sistema real mediante la tecnología del blockchain.

Bitcoin es una moneda y por lo tanto es un sistema de pago. Si bien hay quienes lo utilizan como una inversión, en realidad Bitcoin no lo es. Lo que necesita Bitcoin es que haya circulación y mayor cantidad de pagos realizados con el sistema. Si en cambio los usuarios los compran para ahorrar y los guardan, especulando con venderlos cuando valgan más, el sistema tendería al colapso ya que nadie vendería y el precio se desplomaría. El éxito de Bitcoin no está en la suba de su cotización sino en la cantidad de usuarios que se sumen a la red. En el último mes, Bitcoin tuvo 226 mil transacciones por un valor promedio de 716 millones de dólares. Actualmente, un Bitcoin vale $3,433.35 dólares americanos.

No es la primera vez que estas promesas surcan las redes de fibra óptica y la mente de quienes las usamos para comunicarnos. De la invención de Napster al establecimiento de los servicios de streaming como mainstream pasaron 15 años y mucha agua debajo del puente. Netflix no existiría sin el embate de los gigantes del entretenimiento contra las redes que compartían su contenido gratuitamente. La destrucción de Megaupload y la cárcel para los creadores de The Pirate Bay fueron los clavos en el ataúd del sueño de una internet libre. Toda la libertad que nos prometió Napster terminó reconfigurada en una nueva hegemonía.

Los defensores del blockchain argumentan que este problema está solucionado de base, por la arquitectura misma del sistema. Nadie puede, en teoría, apropiarse de toda la red. O la capacidad de computación necesaria para hacerlo lo haría inviable. Pero de la misma forma que con las primeras etapas de internet, esto se va a debatir al calor de los intereses del capital y las empresas. En cuanto su posición se vea amenazada en serio va a ir contra la red o van a intentar apropiarse de ella. La idea de un mundo sin bancos alegra a todos menos a los dueños de los bancos, las instituciones con más capacidad de lobby del planeta.

Los críticos aseguran que se trata de una burbuja, mientras sus defensores avisan que es la nueva revolución tecnológica por venir. Lo cierto es que la aparición de Bitcoin disparó la de otras criptomonedas que incluso ya le compiten cuotas de mercado. Hay que ver en qué medida el capital financiero puede frenar este fenómeno o apropiárselo. O tal vez, como dicen sus principales defensores, ésta termine siendo una revolución similar a la aparición de la imprenta.

Habrá que ver qué pasa primero. Pero más allá del futuro del Bitcoin, la aparición de la tecnología de blockchain abre la posibilidad de transformar cualquier práctica social en la que se tenga que resguardar la identidad y veracidad de un documento. Sus posibles aplicaciones son el tema más caliente dentro de la comunidad de programadores, quienes aseguran que en menos de cinco años transformará áreas enormes de la vida cotidiana como pueden los pasaportes, el almacenamiento masivo online e incluso los procesos electorales.