Chiches que chiflan #22
Loco de azar
Tras participar de Pornois en los 2000, Lucas Totino Tedesco lleva tres discos polimórficos y una fascinación por la reutilización y la aleatoriedad.
Imagen: Cecilia Salas

Desde su época en el combo audiovisual Pornois en los 2000, Lucas Totino Tedesco suma y recicla instrumentos mientras elude la obsolescencia programada y el lugar común. Buena parte de su estudio/monoambiente está ocupada por equipos de estudio noventeros que compró casi de regalo por estar fuera de moda. “La gente los asocia a Steve Vai”, resume. “Pero al investigarlos, tenían posibilidades muy interesantes de integrarse a un sistema con voltaje.”

La rackera sujeta procesadores como el harmonizer Digitech Studio Vocalist, un Ensoniq DP2, dos multi-efectos Boss SE70, tres pedales Moog, “que vendrían a ser partes separadas de un sinte”, todo conectado a una patchera que permite armar ruteos según lo prefiera. “Tenía idea de hacer un sinte modular aprovechando las tremendas capacidades de estos cositos: son más baratos que cualquier módulo Doepfer, que hace una sola cosa. Por ejemplo, esto puede ser el cerebro –dice y conecta un Moogerfooger Control Processor CP-251– e introducir pulsos al azar a través del sample and hold.”

La aleatoriedad es una de sus fascinaciones. “No me gusta que parezca fetichismo de las máquinas cuando es un fetichismo del azar. Gran parte de lo que hago vino de afuera de mis ganas, de mi control, y después elegí qué parte incentivar o recortar”, aclara. Sus polimórficos discos Si yo fuese un perro (2012), La guerra suave (2014) y Una moneda capo (2016) comparten la idea de un disparador externo.

Su más reciente show, abriendo un Niceto Club colmado para Onda Vaga, fue con guitarra y un par de pedales: “Hay comportamientos sonoros esperables para el cancionista, el músico experimental, el de hip-hop, electrónica; cada uno tiene un seteo. Me divierte poder traficar cosas de un mundo al otro y no pertenecer a ninguno”. En sus discos, puede tocar la guitarra con una calavera de vaca, recortar eso y sumarle un sampleo de música africana, pero antes ponerle unos acordes de canción y letras ácidas y despabiladas.

“Los discos salen de juguetear con el arsenal, pero no me interesa celebrar las herramientas sino remarcar las ideas. Lo de la aleatoriedad hay herramientas que lo hacen, pero también puede lograrse sacando papelitos de una bolsa”, dice. Totino busca maneras tomar y ceder el control, de que el sonido no sea siempre igual. Y cuenta de sus ganas por empezar un proyecto paralelo de guitarra ambient y noise: “Poner efectos arriba del loop, cortarlo y romperlo, lo estoy probando mucho con una Elektron Octatrack con la que puedo dar con sonidos radicales y armar patcheos para destruir el audio”.