Casa Pringles ATR
La vida en común no se puede desalojar
Con una operativo desmesurado -con más de 70 efectivos pertrechados con cascos, escudos y palos- para desalojar a un grupo de ocho mujeres y un varón trans, más una decena de niños y niñas, el Gobierno de la Ciudad exhibió el sábado pasado su "mano dura" con les más frágiles. Pero aun cuando por la fuerza hayan tenido que hacer el camino desde la casa común y autogestionada -donde la reparación a las heridas de la violencia de género e institucional era una meta- a hacinarse en hoteles donde no hay siquiera mesa común para compartir con les niñes; quienes vivían en Casa Pringles siguen demandando un espacio colectivo para vivir vidas que merezcan llamarse así.
























