El ex presidente brasileño Luiz Inácio Lula da Silva inició ayer una caravana por el empobrecido nordeste del país, su gran bastión histórico. Aunque admitió su deseo de disputar las elecciones, negó que la gira de 20 días tenga fines electorales. “Estoy comenzando un gran viaje para ver las cosas de cerca y escuchar a las personas”, afirmó el ex jefe de Estado en un video divulgado por el Partido de los Trabajadores (PT) a su llegada al aeropuerto de Salvador, la primera ciudad de una gira que realizará en micro.

El ex mandatario, considerado el líder más carismático en la historia de Brasil, descartó que pretenda promover una posible candidatura durante la gira que hará hasta el 5 de septiembre por los nueve estados del nordeste de Brasil, región de la que procede y en donde tiene su mayor popularidad. “No se trata de un viaje para construir una candidatura porque ni sé si seré candidato en 2018”, afirmó el ex líder sindical en una entrevista concedida al principal periódico de Salvador y al rechazar el supuesto clima de precampaña de su viaje. 

Desde que comenzó a ser investigado en diferentes procesos por corrupción, que atribuye a una persecución política para impedirle aspirar nuevamente a la Presidencia, Lula insistió en que tiene cada vez más deseos de disputar las elecciones del año que viene. El ex mandatario ya fue condenado a nueve años y medio de prisión en primera instancia en un juicio por corrupción y lavado de dinero y enfrenta otros cuatro procesos similares. Su elección puede garantizarle el fuero privilegiado, con lo que los procesos quedarían paralizados, pero el ex presidente puede quedar inhabilitado y sería impedido de disputar las elecciones en caso de que algún tribunal de segunda instancia confirme la condena que ya le fue impuesta. 

“Estoy comenzando un gran viaje para decirles a las personas que el PT siempre estará a su lado”, dijo el ex jefe de Estado en el video publicado por el partido que ayudó a fundar y que lo postuló en cinco oportunidades a la Presidencia. Lula fue cuidadoso con sus declaraciones de los últimos días debido a que puede ser multado o sancionado por las autoridades electorales en caso de que anticipe su posible campaña electoral. 

“Estoy haciendo esta gira para reencontrarme con Brasil y conversar con el pueblo, que es lo que hago desde que comencé en la política. Siempre hice política conversando con las personas, mirándolas a los ojos, conociendo la realidad de cada región y buscando soluciones a los problemas de las personas y de las comunidades”, agregó. Pese a insistir en negar el clima electoral, el dirigente socialista recorrerá en micro más de tres mil kilómetros y participará en eventos organizados por el PT en una veintena de ciudades en las que convocó a su militancia. 

El PT comparó esta iniciativa llamada “Lula por Brasil” a las “Caravanas de Ciudadanía”, un proyecto similar que Lula desarrolló antes de las campañas para las presidenciales de 1994 y 1998, en las que perdió, pero que le dieron proyección nacional a su imagen política porque visitó 359 ciudades del país. La presencia de Lula en el nordeste contará con un refuerzo de la seguridad ante el temor de posibles protestas de grupos contrarios al ex presidente, quien, pese a aparecer al frente en casi todos los sondeos, también cuenta con altos índices de rechazo. El PT, debilitado por la corrupción y la crisis económica, todavía no definió el nombre de su candidato para 2018 pero sus dirigentes dijeron que consideran a Lula como la mejor opción.

Esta gira de tres semanas con la que recorrerá 28 ciudades es también un retorno a las raíces del ex mandatario, quien nació en Pernambuco, en pleno corazón de esta castigada región. Séptimo hijo de un matrimonio de analfabetos, en estas áridas tierras Lula conoció el hambre antes de que su familia emigrara a la industrial San Pablo cuando él tenía siete años. 

El Nordeste es también una de las regiones que más se beneficiaron de las ambiciosas políticas sociales de Lula, que contribuyeron a sacar a millones de brasileños de la pobreza durante sus dos mandatos (2003-2010).

Un legado con el que pretende reencontrase ahora durante una gira que incluirá entre otros, actos en universidades populares creadas por sus gobiernos o una reunión junto a pequeños agricultores para defender políticas sociales que fueron reducidas o dejadas de lado por la administración del conservador Michel Temer, adelantó su asesoría de prensa. “Lula es un candidato que necesita tocar a la gente, abrazar a los niños. La fuerza del contacto físico puede generar imágenes icónicas y fortalecer todavía más su imagen de líder mesiánico”, declaró Paulo Moura, especialista en marketing político.

Con una impresionante tasa de popularidad del 80 por ciento, Lula era prácticamente intocable cuando dejó el poder en el 2010, mientras Brasil volaba imparable impulsado por el boom de las materias primas. Pero hoy, el panorama cambió considerablemente. Con el gigante emergente desplomado, el país lucha para salir de su peor recesión en un siglo cuando se cumple un año de que su sucesora y ahijada política, Dilma Rousseff, fuera destituida acusada de maquillar las cuentas públicas.

Los sondeos siguen situándo a Lula en cabeza en caso de que pueda presentarse y es visto por muchos como la única esperanza del Partido de los Trabajadores para recuperarse del revés histórico sufrido en las elecciones municipales del pasado octubre. “Esta caravana en el nordeste tiene un doble propósito: contestar la condena, dando la imagen de que una persona tan adorada no puede ir a prisión, además de movilizar a las tropas del PT, que precisa de su carisma para sobrevivir”, analizó Moura.