Juan Manuel Vivaldi / #Hockey #Vivaldi #Río #Experiencia #Oro
“Siempre quisimos ganarle al mejor y ahora todos nos quieren ganar a nosotros”
El arquero lleva casi dos años defendiendo la camiseta argentina y después del oro en Río sigue teniendo las mismas ganas de aprender que tenía el chico que entró por primera vez a un vestuario de hockey. Sus frustraciones, la relación con los arqueros de otros deportes y cómo hacen Los Leones para mantenerse en la cima.
Imagen: Eliana Sarraf

Tiene el bolso en el hombro, mientras habla con dos personas. Pareciera la escena de un hombre que está en la puerta de su casa charlando con dos vecinos de toda la vida, pero en realidad es la de un deportista que está en su segunda casa. El patio de entrada del Cenard es para Juan Manuel Vivaldi el lugar más cotidiano de su vida. Ese que lo vio entrar hace más de veinte años, cuando daba sus primeros pasos en los seleccionados juveniles, y que hoy lo tiene como un arquero consagrado que defiende al mejor equipo de hockey del mundo. El 1 de Los Leones es el hombre que no le tiene miedo al paso del tiempo y en esta charla con Enganche repasa una vida con la celeste y blanca. 

-¿Qué sensaciones tenés a un año del oro en Río?

-Cuanto más me voy alejando de lo que vivimos, más me cuesta creer que nos pasó todo eso. Que tocamos la gloria máxima para un deportista amateur, que es ser campeón olímpico, y que a medida que miro recuerdos, o me acuerdo de algo en particular no lo puedo creer. Lo que nos tocó vivir ahí fue muy grande y aún hoy es difícil caer en que somos los mejores del mundo. 

¿Dónde buscas la motivación de haber llegado a la cima? 

-En todos estos años, el haber pasado momentos no tan buenos ha hecho que este equipo desarrolle una conducta y unos valores de superación, de tolerancia a la frustración, de esfuerzo, de constancia, que a lo largo del tiempo nos pusieron hoy acá. Pero este lugar de privilegio es una consecuencia de todo lo que hemos hecho. Digo, si hoy no estamos para seguir haciendo eso estamos faltando a nuestros valores y principios. No sentirlo así sería renunciar a nuestra filosofía, y hoy es al contrario, el esfuerzo tiene que ser doble porque nos costó tanto llegar que no lo vamos a entregar así porque sí. Sabemos que ahora es más difícil porque todos le quieren ganar al campeón olímpico, porque nosotros estuvimos siempre del otro lado y cuando nos tocaban Holanda, Australia, Alemania dábamos lo máximo para poder ganarles, y ahora es al revés. 

-¿Qué despertó más sentimientos en vos: el haberse quedado afuera de Beijing 2008 o el oro en Río?

-Tocaste dos extremos. Por un lado el momento más duro de mi carrera en Los Leones: el Panamericano de Río (y su consecuente no clasificación a Beijing), ese fue un momento de decepción, planteo y autocrítica. Uno se plantea hasta dejar el seleccionado, porque cuando uno recibe un golpe duro tiene que pensar muy bien y buscar los por qué. Pudimos superar esa etapa difícil y en base a no renunciar a lo que uno ama llegó lo del oro. Ocho años más tarde, pero llegó. 

-Argentina es un país atípico porque es el único entre las potencias del hockey en el que la rama femenina es más popular que la masculina. Vos viviste el boom de Las Leonas. ¿Cómo analizas esto después de la hazaña de ustedes?

-Yo creo que lo que se vivió acá en la Argentina con las chicas es un poco consecuencia de todo el proceso exitoso que han construido. Una cosa va de la mano con la otra. Desde el 2000, cuando consiguieron la medalla de plata en Sidney, se despertó el boom y han crecido exponencialmente hasta construir este presente. Son 17 años de éxitos. 

Un poco lo que nos pasó a nosotros es no haber tenido grandes resultados. Hace cuatro años conseguimos el bronce en el Mundial de La Haya y en el 2008 habíamos logrado otro en un Champions Trophy. Más allá de los Panamericanos no conseguíamos continuidad en el hockey internacional de nivel. Esos logros hicieron que mucha gente descubra que el hockey también se jugaba con varones. En otros países es al revés la ecuación, pero nosotros lo tenemos claro, y no hay ningún tipo de recelo porque gracias a que las chicas han logrado nosotros también pudimos crecer en este tiempo. Porque en definitiva es el mismo deporte y defendemos lo mismo, así que tenemos que ir de la mano. Más ahora que tenemos una etapa súper exitosa. 

-¿Si te preguntaran qué legado te gustaría dejar después del oro, cuál elegirías?

-Como primer punto el acercamiento de mas chicos al deporte. Después de Río hubo un boom de chicos hacia los clubes. Yo lo he vivido en mi club y es impresionante la cantidad de chicos que se han acercado al hockey. Nosotros como jugadores lo máximo que podemos hacer es jugar, representar bien al equipo y tratar de conseguir resultados. Obviamente tiene que estar acompañado por una política dirigencial, de sustentar todo esto, de apostar al desarrollo, a la captación de más chicos en todo el país, no solo en Buenos Aires. Y no dejar que esto muera. Los éxitos son efímeros y sino lo acompañamos con un plan de desarrollo para los chicos esto queda como una anécdota. 

-Hablas mucho de los chicos y de enseñarles. ¿Cómo sos como líder? 

-El liderazgo es un poco natural y otro poco formativo. Por personalidades y características hay liderazgos naturales, pero también uno en base a la experiencia se va haciendo líder. A mí me gusta hacer, soy de estar, de expresarme adentro de la cancha. Hablar siempre tenés que hablar, porque hay que bajar un mensaje, un diálogo individual o grupal con algún jugador, pero el mejor ejemplo es haciendo. Filosofando y con los brazos cruzados a un costado no alcanza. 

-¿Cuál fue el mejor líder que tuviste?

-Tuve muchos. Como entrenador el Chapa, que es una persona que transmite mucho en su forma de trabajar y hacer. Pero de todos he sacado algo. Mi primer técnico en la selección fue Manolo Ruíz y me dejó muchas experiencias de manejo de grupo, porque era una persona que de la parte humana te transmitía mucho. Jugué con grandes compañeros, que fueron un apoyo importante en su momento, como Germán Orozco, Ezequiel Paulón; en el club Gabi Minadeo. 

-¿Por qué terminaste en el arco? 

-En su momento, cuando era chico, el entrenador que teníamos estaba buscando arquero dentro del equipo y me dijo “¿cómo te ves en el arco? y si me animaba a atajar”. Probamos, salió más o menos bien, pero paralelamente a veces alternaba el puesto. Me gustaba y me gusta jugar, pero cuando fui creciendo la cosa se puso un poco más seria y cuando me empezaron a convocar a los juveniles me dediqué al arco. 

-¿Hablas con arqueros de otras disciplinas? ¿De qué hablan? ¿Se dan consejos?

-Sí. Hablamos más que nada como trabajan. Recién estuve hablando con el Negro Cazón (entrenador de arqueros de la Selección masculina de handball) porque querían venir a ver un entrenamiento nuestro. Con ellos hablo mucho. Tuve la suerte de conocer en Río al entrenador de arqueros de la selección de fútbol, Gustavo Piñero, que la verdad es un fenómeno. Hicimos una gran relación y siempre estamos intercambiando cosas. 

-¿Qué intercambian? 

-Metodologías de trabajo. Formas. Cómo se resuelven cosas en el fútbol y como lo hacemos en el hockey. Y sacar coincidencias para aplicar a un deporte, o al otro. Como te digo, el rol y la responsabilidad son las mismas y la incidencia es la misma. Es ver que puntos hay coincidentes para sacar nuevas ideas y seguir nutriendo al puesto. 

-¿Qué le diría el Juanma que empezó atajando en Banco a este?

-En realidad, me pasa al revés, que el Juanma de ahora mira para atrás y ve que ese no podía atajar en ningún lado. Creo que el Juanma joven viendo a este tendría que estar orgulloso y contento de la carrera que ha construido. Para mi los últimos años fueron de un crecimiento constante y, sin embargo, tengo 38 años y las ganas me dan. Me sorprende también que mucha gente pone la edad como una traba para dejar de aprender. En mi caso, no me pasa. 

-¿Es un prejuicio la edad?

-Es un prejuicio y una excusa para no abrirse a seguir aprendiendo, a seguir mejorando. Son límites que se pone cada uno. Está demostrado en un montón de ejemplos que no es así. A mi no me pasa, a pesar de los años, de la trayectoria, del desgaste que conlleva todo esto, disfruto mucho lo que hago y soy feliz haciéndolo. 

-¿Del Vivaldi periodista que podés decir?

-Intenté generar un vínculo entre las cosas que me gustan, el deporte por un lado y, como soy una persona que lee mucho, el periodismo. Pensando que variantes podían ser, tuve que dejar la carrera de la Arquitectura porque me costaba por los tiempos en el hockey. Busqué una alternativa y llegué al periodismo, que me gustó mucho y espero que en un futuro, ya no muy lejano, poder ejercer. 

-¿Qué critica le haces al periodismo?

-Entiendo que al fútbol se le de el espacio y el tiempo que se le da, aunque eso no quita que se le podría dar más espacio a deportes menos populares, más amateurs. Más que nada contando las historias de estos deportistas que es gente común, que tiene que estudiar, laburar, entrenar, que tiene su vida, que hace muchísimos esfuerzos y que por ahí no se los valora como debería. Siempre terminamos juzgando por si perdió la final, si ganó, y no entendemos todo lo que hay detrás de esa persona para entender. 

-La última. Viene alguien y le pregunta a tu hijo ¿quién fue su papá? ¿Qué te gustaría que diga?

-Me gustaría que diga que su papá fue una persona que nunca renunció a lo que quería y que siempre luchó a pesar de las adversidades para conseguir lo que buscaba. Un luchador constante, que en las malas se levantaba y seguía, y en las buenas seguía siendo el mismo.