Opinión
Deseducando

En mayo, en la escuela secundaria rural Justo Sierra Méndez, en Cañada Honda, México, la policía de Aguascalientes reprimió con disparos a su alumnado y a un contingente de Michoacán que había ido a solidarizarse con el movimiento de normalistas. El reclamo era provincial, como los otros quince reclamos de las escuelas rurales mexicanas, todas amenazadas con el cierre. Luego se unificaron, y marcharon al DF a protestar, en una de las fases del ataque contra la educación pública, y que se extiende a maestros, alumnos, escuelas, en varios países de la región. Los gobiernos del ala Washington quieren deseducar para reeducar. Evaluaciones docentes tercerizadas en empresas privadas, reducción de la matrícula de las escuelas rurales, ajuste presupuestario general. La reforma educativa es vertebral en el nuevo diseño de esta parte del mundo. No se trata simplemente de un ajuste, sino de un rediseño total de la educación pública, un ataque directo al eje que durante décadas fue considerado un pilar por los sectores medios bajos y como aspiracional para las clases populares.

A la escuela Justo Sierra Méndez había llegado la noticia del recorte de la matrícula para el año próximo, y su reconversión: es un internado para 400 mujeres que a partir de ahora será mixto. Desde hace años, todas las escuelas normales de México han pasado por diversas etapas de achicamiento y desmantelamiento. Esas 400 alumnas de esa zona rural sólo pueden aspirar a salir de la vida campesina a través del magisterio.

Desde hace dos meses, en Perú, hay huelga indefinida de docentes. Allí no se ven las maestras blancas que se internan en las zonas rurales o amazónicas para enseñar a niños que a veces no hablan castellano. Las debe haber, pero  hemos visto en decenas de videos que se propagaron en las redes a maestras de muchas etnias distintas, en esos dos países, reclamando no sólo el salario, sino el derecho al ejercicio del magisterio. Para la prensa argentina no existen ni México –donde cada tanto asesinan periodistas de medios comunitarios o nacionales, y donde hay siete feminicidios por día–, ni Perú ni Colombia. No les conviene. La agenda es el recorte de la realidad a la que la ciudadanía tiene acceso. Hoy los aparatos mediáticos de la región son dispositivos de propaganda sólo a veces perforados, como en el caso de Santiago Maldonado, por un activismo descomunal de una opinión pública que se desprende asqueada de la opinión publicada.    

Para los grandes medios argentinos tampoco existieron los miles y miles de estudiantes secundarios argentinos que ya se habían movilizado la semana pasada y mantienen tomas en casi treinta colegios de la ciudad. Protestan por algo que los sacude de rabia, a ellos que encabezaron los reclamos. Ya se sumaron los gremios docentes, muchas madres y padres, muchos que se enteran, y no por los medios, que ignoran el tema, de que el macrismo quiere que los alumnos de las escuelas públicas cursen la mitad del último año para usar la otra mitad siendo pasantes de transnacionales que les compensarán el viático. Por lo menos el nombre es literal: “Secundario del futuro”.  

El argumento oficial cabalgará sobre la previsible idea de la “inserción en el mercado”, pero ¿qué tipo de trabajo será ése que conseguirán, que en lugar de estimularlos para que sigan estudiando los priva de completar su educación secundaria? Trabajo barato y chatarra, el reservado para los que cayeron en la escuela pública.

En los países que ya integran la Alianza del Pacífico y que son el ariete de la derecha que tristemente integramos, hay catástrofes cotidianas que no tienen que ver solamente con el cambio climático, o mejor dicho: son las condiciones irrestrictas de la producción a gran escala las que provocan algunas de esas catástrofes. Hace poco se pudo ver el testimonio de una joven aymara de una comunidad  del Lago Titicaca mostrando cómo, de donde sus abuelos y sus padres sacaban la pesca del día, ahora sólo saltan renacuajos. Otro video sobrevolaba la Amazonía: enormes agujeros deforestados alteran el equilibrio que permaneció en paz durante miles de años. En otro, se informaba que se investiga el asesinato de al menos quince integrantes de una comunidad hasta entonces no contactada, a cuenta de la seguridad privada de una minera. No son cosas que no tengan nada que ver: están hiladas por el mismo proyecto de las elites que gobiernan.   

En Perú, a fines de los 90, el 85 por ciento de las escuelas eran públicas. Hoy el avance de la educación privada es apabullante, y no sólo en zonas ricas. El proyecto avanza mucho más allá de la educación de elite. En esta fase el capitalismo no busca sólo reproducción de clase, sino también la destrucción material y simbólica de todo lazo de cada comunidad con su territorio.

Donde antes había maestras salidas de la misma etnia a la que pertenecían miles de escuelas mexicanas y peruanas, hoy hay escuelas evangelistas o privadas pero listas para reproducir, parafraseando al ex ministro de Educación, el mecanismo que vuelva a sumergir a los pueblos en la incertidumbre, para volver a inculcar la imposibilidad de la equidad, y para alejar a esas poblaciones de toda aspiración a la movilidad social.

 No lo pudo decir mejor el Bussi hijo de Bussi: “¿Para qué quiere una chica de la Cocha aprender matemáticas?”. El Bussi hijo de Bussi ha dicho sin querer su manifiesto, y el de los suyos, el de los de siempre: están rediseñando la educación pública en América latina para que sus sufridas poblaciones vuelvan a creer que la pobreza es una manera de ser, y no una manera de estar.