La policía inglesa detuvo en Dover al presunto autor del atentado en la estación Parson Green del subte de Londres
Menos de un día para capturar a un terrorista
El gran temor es un rumor que circula por las redes y boca en boca, pero que la policía no confirmó ni descartó: que hay un segundo atentado que debió haber ocurrido al mismo tiempo que el del viernes, pero que todavía puede producirse.
Allanamiento en el pueblo costero de Sunbury on Thames, en el marco de la investigaciòn por el ataque al subte de Londres esta semana.Allanamiento en el pueblo costero de Sunbury on Thames, en el marco de la investigaciòn por el ataque al subte de Londres esta semana.Allanamiento en el pueblo costero de Sunbury on Thames, en el marco de la investigaciòn por el ataque al subte de Londres esta semana.Allanamiento en el pueblo costero de Sunbury on Thames, en el marco de la investigaciòn por el ataque al subte de Londres esta semana.Allanamiento en el pueblo costero de Sunbury on Thames, en el marco de la investigaciòn por el ataque al subte de Londres esta semana.
Allanamiento en el pueblo costero de Sunbury on Thames, en el marco de la investigaciòn por el ataque al subte de Londres esta semana. 

Desde Londres

En menos de 24 horas la policía británica capturó al principal sospechoso del atentado del viernes contra el transporte público, un joven de 18 años que se encontraba en la zona portuaria de Dover, con la aparente intención de cruzar a Francia. En horas de la tarde de ayer allanó un domicilio en Surrey, una zona afluente al sur de la capital, como parte del operativo en medio de versiones sobre un posible segundo ataque.

 La policía se mostró satisfecha con la investigación, pero alertó a la población contra todo tipo de complacencia. “Hicimos un arresto que consideramos significativo, pero la investigación continúa y el nivel de amenaza terrorista sigue siendo crítico. La gente deber permanecer vigilante”, señaló el coordinador nacional de operaciones antiterroristas Neil Basu.

 El gran temor es un rumor que circula por las redes y boca a boca, pero que la policía no confirmó ni descartó: que hay un segundo atentado que debió haber ocurrido al mismo tiempo que el del viernes, pero que todavía puede producirse. El viernes por la tarde la primer ministro Theresa May dijo que el nivel de amenaza terrorista seguía siendo “severo”, pero que estaba continuamente bajo revisión: unas pocas horas más tarde la misma May anunció que había sido elevado a “crítico”. Este nivel, el más alto de amenaza terrorista, se alcanza cuando las autoridades tienen información de que hay planes de ataque “inminente”

 La investigación tiene sorpresas dignas de un “thriller”. La casa allanada en Sunbury-on-Thames, condado de Surrey, es propiedad de Penelope y Ronald Jones, de 71 y 88 años, quienes obtuvieron una Orden del Imperio Británico (MBE), título honorífico que otorga la Corona por contribuciones a la vida social, en este caso, por su trabajo humanitario en la provisión de un hogar a huérfanos que en muchos casos provenían de Siria, Irak y Afganistan.

 La magnitud e importancia del operativo en la casa de los dos MBE quedó en claro por las medidas de seguridad adoptadas por la policía: las casas vecinas fueron evacuadas. Según comentaron al diario Daily Mail varios residentes, la pareja era “gente maravillosa” conocida en el barrio como “Penny and Ron”, que se hacían cargo de huérfanos de entre 10 y 18 años. En el diario Daily Mirror, en cambio, los vecinos estaban en estado de shock porque, según decían, la policía había encontrado explosivos en el jardín. ¿El chico detenido en Dover es un huérfano alojado por Penelope y Ronald Jones? En distintas declaraciones la policía ha dicho que no descarta la participación de cómplices, pero que no va a revelar el nombre del detenido en el puerto de Dover “for strong investigative reasons”, es decir, para no comprometer las pesquisas.

 En medio de estos operativos y con máximo estado de alerta terrorista, la ciudad procuraba recuperar la normalidad. La estación Parson Green, donde ocurrió el atentado, fue reabierta el sábado por la mañana bajo una fuerte custodia policial. La seguridad estaba visiblemente reforzada en lugares de alta concentración de gente, como estadios de futbol, estaciones de trenes, aeropuertos. En las principales estaciones los altavoces repetían instrucciones sobre la necesidad de mantenerse alerta para detectar paquetes sospechosos u otras posibles amenazas. La consigna en tal caso estaba encapsulada en tres acciones –“see it, say it, sort it” (véalo, dígalo, resuélvalo)– repetidas en el mensaje varias veces como para que nadie dejara de reportar a la policía algo sospechoso por ese “embarrasment” tan típico en estas islas.

 Este cronista recorrió el centro de Londres y asistió a la feria anual de Bearmondsey, una larga calle en esta zona “trendy” (de moda) de London Bridge. La presencia policial era evidente. En la feria entre seis y ocho uniformados recorrían las ocho cuadras del evento permanentemente, pero la gente se comportaba con total normalidad, llenaba los bares y restaurantes, participaba de una clase pública de salsa y aprovechaba el siempre escaso sol de esta isla en una plaza vecina. En uno de los puestos, con productos latinoamericanos, había un cartel con la cara de Santiago Maldonado y el pedido de aparición con vida.

 El intento de recobrar la “normalidad” no quita una suerte de preocupada resignación respecto a estos hechos que se entronca con el llamado “London Spirit” de los bombardeos nazis durante la segunda guerra mundial, siempre invocados cuando se producen este tipo de atentados. La famosa frase atribuída a Winston Churchill “we shall never surrender” (nunca nos rendiremos) forma parte de este estoico imaginario colectivo. Hoy se le agrega el “see it, say it, sort it”.

 Es el tercer atentado en Londres en los últimos seis meses, el cuarto en el Reino Unido, pero se diferencia en varios apectos de los otros. En primer lugar no se trató de un ataque suicida. La detonación del paquete dejado en el vagón fue a control remoto y el paquete era tan elemental que la policía lo llamó “improvised explosive device” (IED: artefacto explosivo improvisado): una bolsa de supermercado que contenía un balde con un explosivo crudamente armado. A diferencia de los atentados de marzo y junio no hubo coches que atropellaron transeúntes y choferes y acompañantes que bajaron armados con cuchillos para matar a quien se les cruzase.

 El golpe de suerte de esta mayor improvisación fue reconocido en el editorial de ayer del diario The Guardian y en el informe de uno de sus especialistas en seguridad, Jason Burke. El matutino titulaba “a murderous intention sabotaged by merciful incompetence” (un intento criminal saboteado por una milagrosa incompetencia) mientras que Burke hablaba del “Four lions factor”, en referencia a la sátira dirigida por Chris Morris y estrenada en 2010, en la que un nivel extraordinario de incompetencia hace naufragar la campaña terrorista que lanza un grupo de musulmanes británicos. “Los especialistas reconocen que este ‘factor’ es una de las más importantes defensas que tenemos”, dice Burke.

 En este mundo de circuitos televisivos y celulares que parecen registrar todo, la policía suele actuar con enorme celeridad y eficacia en la investigación de un atentado terrorista, pero no tiene el mismo nivel de eficiencia en su prevención. En casi todos los atentados ocurridos en Europa en los últimos dos años  –París, Barcelona, Munich, Manchester, Londres– se supo a posteriori que los responsables habían estado en algún momento bajo vigilancia o monitoreo policial. En esta etapa, la policía no aplicó la consigna que predica: “see it, say it, sort it”.