El déficit comercial se disparó a 1083 millones de dólares en agosto, el peor resultado en más de dos décadas
Las impo vuelan, las expo se estrellan
Las importaciones crecen a un ritmo del 25 por ciento en el año, mientras que las ventas al exterior están estancadas y caen con respecto a 2015. El sector rural guarda soja a la espera de la baja de retenciones y la suba del dólar.
El déficit comercial llegó a 4498 millones de pesos en lo que va del año y apunta a convertirse en record histórico al finalizar 2017.El déficit comercial llegó a 4498 millones de pesos en lo que va del año y apunta a convertirse en record histórico al finalizar 2017.El déficit comercial llegó a 4498 millones de pesos en lo que va del año y apunta a convertirse en record histórico al finalizar 2017.El déficit comercial llegó a 4498 millones de pesos en lo que va del año y apunta a convertirse en record histórico al finalizar 2017.El déficit comercial llegó a 4498 millones de pesos en lo que va del año y apunta a convertirse en record histórico al finalizar 2017.
El déficit comercial llegó a 4498 millones de pesos en lo que va del año y apunta a convertirse en record histórico al finalizar 2017. 
Imagen: Joaquín Salguero

Las exportaciones bajaron en agosto un 9,2 por ciento en relación al mismo mes del año pasado, mientras que las importaciones subieron un 24,9 por ciento. En consecuencia, se registró un déficit comercial de 1083 millones de dólares. Este rojo comercial no encuentra antecedentes en los últimos veinte años. En el acumulado de 2017, el déficit asciende a 4498 millones de dólares y apunta a convertirse en record histórico. La sangría de divisas por el lado comercial se suma a la creciente fuga de capitales del sector privado no financiero, el déficit de turismo y al estancamiento de la inversión extranjera. El único salvavidas en términos de divisas es la toma de deuda externa y el ingreso de capitales financieros en búsqueda de ganancias de corto plazo.

Los datos publicados ayer por el Indec muestran la reversión de una de las pocas fuentes de generación de divisas que se considera sostenible, a diferencia de la volatilidad que caracteriza al capital golondrina. El deterioro del saldo comercial comenzó hace varios años y es un proceso que suele acompañar al crecimiento industrial, ya que el sector manufacturero demanda divisas para adquirir maquinarias y equipos. Sin embargo, el actual crecimiento de las importaciones tiene que ver en gran medida con máquinas destinadas a la obra pública y por artículos de consumo no durable y durable, como los autos de Brasil. La inversión privada para ampliar plantas de producción, aseguran en el sector metalúrgico, es limitada.

La baja de las exportaciones se debió en partes iguales a la merma de las cantidades vendidas y a la caída de los precios de exportación. El comportamiento negativo de las ventas al exterior estuvo determinado por el sector primario y las manufacturas de origen agropecuario. Los productos que más cayeron fueron maíz en grano (-235 millones de dólares), porotos de soja         (-156 millones), harina y pellets de soja (-108 millones), biodiésel  (-80 millones) y limones (-44 millones). En cambio, mejoraron las exportaciones de picks-up a Brasil, trigo, aceite de soja, aluminio a México y Estados Unidos, camarones y langostinos.

Las exportaciones bajaron frente a un período de fuerte crecimiento, como fue el año pasado. De hecho, en agosto de 2016 se registraba una suba de las exportaciones del 12,5 por ciento frente al mismo mes de 2015, con un aumento interanual de productos primarios del orden del 50 por ciento. Si se compara agosto 2017 frente al mismo mes de 2015, el resultado es una suba del 1,8 por ciento. “En un contexto en el que la cotización del poroto de soja alcanzó valores más interesantes, sigue demorada la venta por parte de los productores a la espera de la baja de retenciones escalonada que regirá a partir de enero del año que viene”, planteó la consultora Abeceb.  En ocho meses, las exportaciones muestran una baja del 0,1 por ciento frente al mismo período del año pasado gracias a que las ventas industriales y de combustibles lograron compensar la merma del agro. La comparación del acumulado frente a 2015 arroja una caída de las exportaciones del 1,6 por ciento y frente a 2014, del 19 por ciento.

Por el lado de las importaciones, la suba interanual en agosto fue del 24,9 y en ocho meses, del 16,8 por ciento. El mes pasado se registró una suba de la importación de autos por un total de 253 millones de dólares, seguido por gas natural (63 millones), partes destinadas a motores, generadores y grupos electrógenos (45 millones), notebooks y tablets y otras máquinas para el procesamiento de datos (45 millones). La importación de bienes de consumo creció 23,6 por ciento en agosto (17,3 en el acumulado del año), mientras que las piezas y accesorios para bienes de capital lo hizo en un 12,6 por ciento y bienes de capital, vinculados a la inversión, en un 42 por ciento, esencialmente camiones y material ferroviario. 

Uno de los sectores de la industria más afectados por el aumento de las importaciones es el textil. Según datos de la Fundación Protejer, las compras externas de prendas de vestir crecieron en 2016 un 28 por ciento, mientras que en lo que va de 2017 avanzan un 62 por ciento. En tanto, un rubro de mucha relevancia en el resultado comercial es el automotor. En ocho meses, la suba de las ventas internas de autos del 21,9 por ciento se transforma en una caída del 10,3 por ciento si se toman en cuenta sólo los autos nacionales. Eso da una idea del creciente peso del importado. En menor medida, avanzan las exportaciones de vehículos utilitarios.

El rojo externo de la economía argentina es explicado en primer lugar por el intercambio con el Mercosur, que arrojó un déficit de 5117 millones de dólares. Las exportaciones al bloque quedaron estables mientras que las importaciones subieron un 30 por ciento. En particular, el déficit con Brasil en agosto ascendió a 893 millones de dólares. El incremento del déficit comercial y de servicios junto a la fuga de capitales es financiado por el Gobierno con emisión de deuda externa e ingreso de capitales financieros atraídos por la política de altas tasas de interés del Banco Central.