Daniel Noboa asumió la presidencia de Ecuador por el próximo año y medio. En poco tiempo deberá encauzar lo que definió como “el enemigo común” en su discurso inaugural: “la violencia y la miseria”, completó. Este joven empresario, formado en Administración de Negocios por la Universidad de Nueva York, cumplió el objetivo que no pudo su padre Álvaro, el multimillonario que perdió cinco elecciones cuando intentó llegar al gobierno. Completará el mandato inconcluso de Guillermo Lasso, que se retiró del Palacio Carandolet entre pocos aplausos y caminando con dificultad. El nuevo mandatario dijo sus primeras palabras ante la Asamblea Nacional. Se mostró aplomado, no se extendió demasiado y dejó una frase que no incluye el vademécum habitual de los jefes de Estado derechistas en la región. “Para combatir la violencia hay que atacar la desocupación”. 

Desafíos

Aunque este es uno de los problemas más graves que afecta al país con una economía dolarizada, Noboa tiene otro desafío semejante o aún mayor: bajar los índices de criminalidad. Ecuador se ubica entre las diez naciones que tienen los más altos del mundo. También está por verse si podrá recuperar territorios donde los cárteles del narcotráfico se mueven como estados paralelos. Un indicio de esta situación es que toda su campaña la hizo protegido por un chaleco antibalas. Con sus adversarios pasó otro tanto después del asesinato de Fernando Villavicencio el 9 de agosto pasado, el periodista que se había presentado a los comicios y fue baleado por sicarios.

Noboa es consciente de que carece de tiempo para afrontar cada tema que urge en Ecuador. Pero confía en su juventud. “Me hice a la presidencia sin dudarlo”, arrancó su discurso, pese a que pasó de ser un aspirante marginal al gobierno antes de la primera vuelta, a un postulante con muchas más posibilidades de ganar en el ballotage. Solo una alianza electoral de toda la oposición pudo hacer viable su victoria. Y la logró por un discreto margen (52,25 a 47,75 %) sobre Luisa González, la aliada del expresidente Rafael Correa. “Siempre he sido de pocas palabras, pero un joven de acción”, se describió.

Juventud

En varias de sus intervenciones donde reivindicó el papel de la juventud, dijo que respondería con audacia al mandato que le confirió el electorado. “No soy un anti-nada, soy un pro Ecuador”, se definió en el Palacio Carondelet, donde lo seguían desde la primera fila de asistentes su esposa Lavinia Valbonesi y su madre Anabella Azín de Noboa, con quienes se mostró agradecido en su discurso. Lo escuchaba también una Asamblea Nacional donde el nuevo presidente se verá obligado a buscar acuerdos, ya que su propia fuerza está en notoria minoría.

El principal bloque legislativo es el del correísmo. Cuenta con 50 de las 137 bancas. Y además, gobierna las dos principales ciudades del país: la capital Quito y Guayaquil. En el Parlamento le tomó juramento el presidente de la Asamblea, el socialcristiano Henry Kronfle, quien llegó a ese cargo con el apoyo de la oposición. Fue el mismo que le colocó la banda presidencial después de que se la sacara Lasso, el jefe de Estado saliente que apeló al recurso de la llamada muerte cruzada para evitar el juicio político y su eventual destitución por malversación de fondos. Cesó antes en su mandato y también disolvió el cuerpo legislativo.

Noboa definió al Ecuador que gobernará hasta el 24 de mayo de 2025 como “un país con violencia, miseria y marginación”. También dijo que “aquellos que ven la política como una realidad de extremos y revanchas no tendrán el respaldo popular”. Al acto de su investidura en Quito solo concurrió un presidente latinoamericano: Gustavo Petro, de Colombia. Luis Arce, de Bolivia, había anunciado su viaje pero lo canceló a último momento. Los demás países del continente enviaron cancilleres o embajadores en general.

Gabinete diverso

“Pocos gabinetes han sido tan diversos como este con participación de mujeres y jóvenes”, definió Noboa a sus colaboradores que en promedio tienen 42 años. Uno de los ministros más complicado es el de Economía y Finanzas, Juan Carlos Vega Malo. El endeudamiento total de Ecuador llega a los 75.227 millones de dólares, según cifras oficiales, que equivale al 62 por ciento del PBI. El diario El Universo publicó un dato, a modo de ejemplo, de las dificultades que tendrá: “al 17 de noviembre los depósitos de la caja fiscal (depósitos del Tesoro) se encontraban en apenas $ 179,7 millones, la peor cifra desde 2016”.

El nuevo presidente, un producto genuino del establishment ecuatoriano, no se autopercibe ni de derecha ni de izquierda. Prefiere dejar flotando el enigma sobre su ideología política y volvió sobre el punto en su discurso inaugural: “a muchos les costará encasillarme en viejos paradigmas políticos o ideológicos”, afirmó.

El correísmo

Lo que parece más claro es que no está en condiciones de rifar su capital electoral. El inesperado 23,4% en la primera vuelta lo duplicó y más en la segunda, donde alcanzó el 52 por ciento de la voluntad popular. Pero el correísmo, la principal fuerza de oposición que acudió a las elecciones sin aliados, no fue barrida del escenario ni mucho menos. Ese vaticinio de los partidos de derecha que permitieron la llegada de Noboa al gobierno quedó muy lejos de ser una profecía autocumplida.

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