1) El triunfo de la Libertad Avanza no es un hecho ni insólito, ni extraño, ni inesperado. Desde el inicio de la pandemia solo dos oficialismos nacionales en el mundo han podido reelegir (Francia y Paraguay). Es evidente que los efectos sociales, culturales y económicos de ese acontecimiento extraordinario han impactado decisiva y negativamente en la percepción que la ciudadanía tiene de sus gobiernos.

2) Desde el punto de vista antropológico, la pandemia resituó el valor de la Libertad. Largos meses de encierro y restricciones (de especial incidencia en los jóvenes) brindaron potencial simbólico a una apelación que caló fuertemente en un sector relevante de la sociedad.

3) A ello se sumó una guerra territorial de impacto mundial en precios, y en el caso de la Argentina una fortísima sequía que deterioró significativamente todos los indicadores económico-sociales. Los precios internacionales de transporte, alimentos y energía llevaron a la inflación mundial más alta en 40 años, solo que en Argentina partimos del 54% que dejó como herencia la administración de Mauricio Macri.

4) Por lo demás, el megaendeudamiento contraído por la gestión de Juntos para el Cambio no solo diseñó una macro extremadamente frágil, sino que impidió tomar préstamos (como lo hicieron todas las naciones en el marco del colapso) para paliar las penurias de la pandemia. Un déficit fiscal del 7 % PBI financiado con emisión monetaria tuvo finalmente impacto inflacionario.

5) Señalado esto, era prácticamente un milagro que un gobierno con tres dígitos de inflación, caída de la actividad y del poder adquisitivo del salario pudiese triunfar en una elección. Sociólogos de la Universidad de Cambridge y antropólogos de la Universidad de Lovaina hubiesen viajado para estudiar el caso.

6) Eso no implica desconocer los errores propios del oficialismo, que se grafican en un hecho contundente. Alberto Fernández y Cristina Fernández de Kirchner hace tiempo que no se hablan. Resultan impropios aquí argumentos del estilo “yo no fui escuchada” o “tuvimos diferencias de criterios”. Perón decía que el arte de la Conducción “es un todo de ejecución”. Se trata justamente entonces de conducir no lo homogéneo sino lo diverso. La construcción política del Frente de Todos fue un fracaso. Así es muy difícil.

7) Por lo cual, y en este contexto, el desempeño de la fórmula Massa-Rossi fue digno y encomiable, con una campaña cohesionada y bien organizada. Cuanto mejor hubiese sido nuestra gestión si hubiese respetado esa cohesión en las tareas de gobierno. A su vez fue conmovedor el esfuerzo y la entrega de la militancia procurando de revertir un escenario objetivamente muy adverso.

8) Por lo demás, en toda América Latina pugnan últimamente dos grandes coaliciones, una del centro a la izquierda y otra del centro a la derecha, con resultados variables según el momento y según el país. La dimensión económico social sin dudas es importante, pero entran en colisión además sistemas de valores y visiones del mundo. Pensar al estado como eje vertebrador de la dignidad social o como estorbo de debe dejar paso a la lógica ordenadora del mercado. Los pueblos optan, y cuando lo hacen en un sentido que nos disgusta es un reduccionismo ver eso como síntoma de una supuesta colonización mediática o digital de las subjetividades.

9) Es obvio que en nuestro caso la coalición triunfante la encabezó un candidato enojoso y extravagante, pero que funcionó como oportuno catalizador de un conjunto de insatisfacciones acumuladas en estos años plenos de dificultades. Milei terminó operando como lo que en filosofía llamamos significante vacío. Una superficie de inscripción que expresa mucho y nada al mismo tiempo, o, mejor dicho, una representación que contiene demandas que entre sí pueden ser incluso antitéticas.

10) Como ya fue indicado, esta era una elección donde la oposición llevaba claramente las de ganar. Solo que la fuerza de centroderecha que parecía en principio destinada a batir al oficialismo presentó una imagen deplorable. Una lucha interna fraticida, un programa que se anunciaba como la mera repetición de la fallida experiencia del 2015 y una candidata mediocre e inapta para el cargo para el cual se postulaba. Puesto de otra forma. Un gobierno deteriorado y una oposición tradicional lamentable invitaban al surgimiento de un fenómeno transgresor.

11) Por cierto que esto no es una rareza argentina. Dos países fundamentales del continente como Estados Unidos y Brasil tuvieron como presidentes a figuras ideológicamente similares a Javier Milei. No son idénticos por supuesto (Trump por ejemplo tiene planteos más proteccionistas e industrialistas), pero comparten una cruzada paranoica y ridícula contra lo que llaman el “marxismo cultural” (que incluye la ideología de género, los derechos de las minorías sexuales, el feminismo o la despenalización del aborto).

12) No obstante, diagnosticar el avance de Javier Milei por el avance a escala mundial de las denominadas nuevas derechas es una forma inexacta de presentar el fenómeno. En este momento en América Latina han triunfado fuerzas de centroizquierda (Arce, Lula, Petro, Boric), y además en Argentina electorados inclinados a la derecha hubo siempre. Solo para recordar que en 2003, en plena implosión del modelo neoliberal, entre Carlos Menem y Ricardo López Murphy obtuvieron el 42% de los votos. Lo que tienen de nuevo las nuevas derechas, ya fue dicho, es su antiprogresismo.

13) Cuidado sin embargo, con hacer una lectura exclusivamente ideológica del triunfo de la Libertad Avanza. Votar a un candidato no implica compartir necesariamente todos sus pensamientos, sino aquellos que se consideran primordiales en una coyuntura determinada. Es un error suponer que todos los que lo acompañan reivindican a la dictadura o desprecian la igualdad de derechos entre el hombre y la mujer.

14) Sostener que la sociedad se derechizó es una forma demasiado elemental de explicar sus comportamientos. La convicción básica de un militante es ser consciente de que buena parte de la sociedad no se nos parece. Conviven en democracia distintas intensidades de la conciencia, distintos niveles de información y compromiso político, distintas experiencias vitales. Hay que trabajar al interior de esas heterogeneidades evitando la altanería ilustrada o el supremacismo del convencido.

15) Pese a la derrota, nuestro gobierno tuvo méritos palpables. Enfrentó con solvencia la pandemia, tuvo una política exterior soberana, un plan ambicioso de obra pública y vivienda, crecimiento permanente del empleo registrado y fuerte inversión en educación, ciencia y tecnología. Pero en algo falló y mucho durante 4 años. La situación de ingresos de los trabajadores informales (más del 35 % de la economía y base social tendencialmente proclive al peronismo). Gran parte de ellos jóvenes y varones, que por lógica nos dieron la espalda. No fue Tik-Tok, ni giro a la derecha, sino la corporalidad sufriente del mundo popular.

16) El primer paso entonces para revertir esta derrota es respetar el pronunciamiento popular e indagar en sus núcleos de verdad. La controversia sobre si los pueblos se equivocan es un falso dilema, una discusión mal planteada. La conciencia popular no es, a priori, ni buena ni mala. Es apenas (nada menos) un sabio termómetro de las circunstancias, la inevitable referencia para el político que desaprueba su época pero se muestra dispuesto a indagar los códigos que la rigen. ¿Se equivocan los pueblos? Posiblemente, si entendemos por tal adherir en ocasiones a alternativas defectuosas, conservadoras, cuestionables. El error, no obstante, cuenta poco. Brinda una panorámica social, se impone como medida de la acción política, nos obliga a percatarnos de nuestras propias carencias.

17) El discurso contra la Casta es rudimentario y tiene un costado peligroso, pero sintoniza con inconductas reales. Es un llamado de atención para enfatizar que todo dirigente que se precie de tal debe exhibir honestidad, austeridad, tener vocación de servicio y cumplir la palabra empeñada. Personajes como Martin Insaurralde son intolerables (y obviamente no es el único y están en todos los partidos políticos)

18) Es incorrecto además postular que esta fue una puja que enfrentó a la bronca con el miedo. Hubo por supuesto bronca y miedo, pero las elecciones las ganan los que se apropian de la bandera de la esperanza. Milei lo logró instalando certeramente en el ballottagge el eje continuidad o cambio. A nuestra campaña especialmente en el tramo final le faltó esperanza.

19) Y atención, la esperanza de un pueblo no se desvanece rápidamente, mantiene un vigor aspiracional de duración incierta. Solo basta recordar que con un mal gobierno Macri ganó con comodidad las elecciones de medio término. Paciencia y perseverancia por tanto, los arrepentidos de Milei demorarán en manifestarse.

20) Contra algunos pronósticos, las elecciones se realizaron en el marco de la paz social y el fervor cívico. El peronismo (refutando por si hacía falta las tonteras gorilas) no es fraudulento ni antirepublicano. Garantizó un proceso transparente, aceptó naturalmente el resultado y protagoniza una transición ordenada. La normalidad institucional y la paz social son a partir de ahora responsabilidad del Presidente electo.

21) Es bien probable que la trama del poder institucional (Gobernadores, corporaciones, el parlamento) coloque paulatinamente al Presidente en el lugar de una derecha (no encuentro la palabra precisa) sensata. Esto es, ajuste fiscal, alineamiento con los EE.UU, privatizaciones y apertura comercial. Pero dejando a un costado sus promesas más disparatadas (dolarización, cerrar el Conicet, el sistema de Vouchers, romper con Brasil y China, terminar con la coparticipación federal, etc).

22) En cualquier caso, un programa nocivo para el país, una (agria) película que ya vimos con Menem y con Macri. Y que sabemos dolorosamente como termina. El rol del peronismo debe ser el de una oposición firme y sin transigencias. El proyecto nacional y popular tiene que iniciar por supuesto una autocrítica y buscar nuevos liderazgos. Pero sin canibalismos internos y defendiendo los valores del 45% de argentinos que nos acompañaron.

 

23) Resulta esencial aquí evitar dos errores cometidos en 2015. Hay que mantener unidos a los bloques legislativos, y no caer en un kirchnerismo autocentrado y meramente resistente. Es fundamental convocar a todos y todas las compatriotas que rechazan a la derecha neoliberal, inclusive lógicamente a los que no fueron, son ni serán peronistas.