La pleamar es el momento en que el agua de mar alcanza su máxima altura dentro del ciclo de las mareas (su antónimo es la bajamar). El término, al igual que la imagen, inspiró desde un programa acuícola europeo hasta un poema de Oliverio Girondo (“Nada ansío de nada, mientras dura el instante de eternidad, que es todo, cuando no quiero nada”). También es el nombre de un colectivo de profesionales de las artes sonoras impulsados por la promoción del uso de medios tecnológicos en la producción artística. Su actividad central es un homónimo festival con base en Mar del Plata, cuya novena edición se celebró el sábado 9 y domingo 10 de diciembre en el Museo Provincial de Arte Contemporáneo MAR.

Mientras que el cierre del evento se mimetizó de manera espontánea con una suerte de rave en una de las playas del norte de la ciudad, el festival arrancó el día anterior a las 17, es decir, 45 minutos antes de la segunda pleamar del sábado. Sin embargo, la primera actividad sucedió al caer la mañana, en el barrio Los Troncos, donde aún laten los vestigios de un pasado lujoso y aristocrático. En la residencia artística Casa Mía, Ernesto Romeo ofreció una capacitación a los ganadores de la Beca Pleamar. Al llegar al lugar, en una habitación se podía ver al creador del grupo de música electrónica Klauss conectando y sacando cables de uno de sus vistosos sintetizadores analógicos.

Amén de músico, compositor y docente, Romeo es considerado uno de los mayores especialistas en sintetizadores de la Argentina. Y eso lo puede confirmar Juana Molina, quien en ese momento lo contactó vía WhatsApp, desde Berlín, para que le ayudara a resolver un problema con la interfaz del suyo. En el mismo cuarto que usó para contestarle a la música, estaba su socia en la organización del Festival Pleamar: la artista y gestora cultural Luciana Aldegani. Hace cinco años, ambos juntaron fuerzas para concebir este encuentro que emana de la necesidad de confeccionar una plataforma dedicada a generar aforos de exhibición, capacitación y esparcimiento para disciplinas donde tecnología y arte dialogan en pos de la creación.

Foto: Gentileza de Museo MAR

“A Luciana, que se dedica a la fotografía, la conocí en 2016 a través de un amigo en común”, dice Romeo. “Hablando acerca de la mirada que tienen los artistas visuales sobre el sonido, organizamos unos workshops para explicar qué es la música electrónica. Nos fue tan bien que empezamos a pensar en una cosa más grande. Ahí surgió la idea del festival”. A lo que Aldegani añade: “A partir de que abrí un espacio en Mar del Plata, en 2018, me di cuenta de que había mucha gente experimentando con sonidos electrónicos en la ciudad. El interés inicial era crear un lugar de formación, porque no hay instituciones públicas o privadas dedicadas a la música electrónica o a las artes electrónicas”.

► Redes de pesca

Lo que nació como un festival de obras electrónicas y experimentales, se tornó rápidamente en un evento vinculado a lo audiovisual, a lo multimedial y a lo performático, inspirado en la narrativa de símiles como el español Sónar o el canadiense Mutek. Amén de las actividades de formación y de la confección de experiencias que fomentan y fortalecen la colaboración entre profesionales de diversas comunidades creativas, Pleamar progresivamente constituyó una red de artistas. No sólo en la Costa Atlántica y en la Argentina, sino también a nivel sudamericano. A raíz de las plataformas virtuales que legó la pandemia, tuvo una posibilidad de crecimiento que sus artífices no habían contemplado.

El noveno capítulo del secreto mejor guardado (hasta ahora) de la vanguardia artística argentina estuvo precedido por una primera edición porteña, en septiembre pasado, en el Centro Cultural Recoleta. A lo largo de una fecha, se reunió artes electrónicas, performance en vivo y proyecciones audiovisuales. Una semana más tarde, también en Buenos Aires, se efectuó una acción que involucró a una jam. Sucedió en el centro cultural Artlab. Pero si el concepto en 2021 fue el ecosistema marino y la vida oceánica, al año siguiente se puso el foco en el paisaje como condicionante de la creación, sobre la base de la topografía del territorio bonaerense. En tanto que en esta oportunidad el trabajo curatorial se centró en los desplazamientos culturales en el territorio.

Foto: Gentileza de Museo MAR

“Una parte de la curaduría la trabaja Javier Sandoval, otra está a cargo de Fernando Molina, otra la hace Luciana, otra me toca a mí y hay otra en conjunto”, dilucida Ernesto Romeo. “En mi caso, en los talleres de formación hubo que seleccionar los perfiles de los artistas que presentaron proyectos para poder ser becados. Esta vez fueron muchos”. Molina, arquitecto y diseñador audiovisual, eligió las obras audiovisuales del segmento “Pleamar Digital Art”. Al tiempo que Sandoval, crítico de arte y mediador cultural, se encargó de curar la exhibición transitable “Preceder al mar es ser orilla”. Ambas secciones tuvieron como sede el Museo MAR, fabulosa edificación de estilo brutalista levantada sobre la avenida Félix U. Camet. Justo frente al mar.

► Estilizando desde el océano

La bienvenida a sendos cubos de hormigón la da un lobo marino de 10 metros. De la autoría de Marta Minujín, fue concebido en 2014 (happening mediante) con representaciones de paquetes de alfajores de envoltorio dorado enlazados entre sí. Si bien el grueso de las actividades, de entrada libre y gratuita, se produjo el sábado en el auditorio de la planta baja, el evento arrancó en el primer piso con la muestra multimedial. Estuvo conformada por cinco piezas, de diferentes lenguajes de las artes electrónicas, situadas en un ala del museo. La obra de la artista Mercedes Lozano, por ejemplo, era una videoescultura que remite al telescopio prismático para miradores. En su interior, había un video estereoscópico con imágenes de la cuenca del mar atlántico argentino.

Aparte de “37°.58’26,9”S 57°32’32.3”0 (título que alude a las coordenadas del balneario marplatense Bahía Bonita), “Preceder al mar es ser orilla” la completaron la intervención lumínica “Fluctuantes”, del rosarino Juan Ignacio Cabrujas; la videoinstalación “Superficies”, de Aldegani; los módulos interactivos “Electrosensibles”, de la porteña Ana Dulce Collados; y las imágenes digitales “Tótem”, de la cordobesa Azul del Monte. “Estas son obras tecnopoéticas que tienen un diálogo con las metáforas y representaciones del mar”, traduce el curador Javier Sandoval. “¿Qué sucede cuando la tecnología en pos de reflexiones ambientales? La respuesta es una experiencia estética heterogénea y fascinante”.

Foto: Gentileza de Museo MAR

A continuación, en el auditorio se desarrolló un conversatorio con el músico y lutier electrónico uruguayo Gustavo Bravetti. Tras comenzar su performance mostrando el funcionamiento de su controlador MIDI en forma de guante, el embajador en el Cono Sur de Native Instrument (compañía de tecnología alemana que desarrolla software y hardware para producción musical y DJs) explicó su experiencia con la síntesis modular. Y hasta se atrevió a crear un aparato sonoro en tiempo real, a partir de microcontroladores accesibles en cualquier tienda de electricidad. En el mano a mano participaron asimismo Ernesto Romeo y el músico, productor y gestor cultural argentino Juan Ibarlucía.

Ahí mismo, el tándem volvió a juntarse. Pero para participar en un live set, a los que se sumaron Aldegani y Fernando Molina. Este último, conocido entre otros aciertos por la dirección de arte de CQC, desde el Resolume (algo así como el Ableton de los VJs) disparó borbotones de rayas que a medida que avanzaba el set tomaban diferentes formas y trazos. Mientras esto sucedía en la pantalla, la terna restante interactuaba musicalmente. Romeo estuvo al frente de la síntesis musical y Aldegani se ocupó de los samples que versaban sobre la dialéctica entre mar y arena. Ibarlucía remató esa suite ambient de 30 minutos recitando un extracto de “El nadador”, poesía del argentino Héctor Viel Temperley.

Previamente, en la sección Pleamar Digital Art, se proyectaron una decena de obras audiovisuales. Destacaron las de la dupla argentina Javier Medialdea & Anormal y la del colombiano Nicolás Henao-Bonnet (de nombre “Cuando todo se derrumba”, es una fabulosa oda a la distopía y al consumo). Aún quedaba pendiente la Pleamar Sound Exhibition, en la explanada del museo, pero la lluvia aguó los planes. Entonces la programación del festival se mudó a la galería Hops, donde se celebró la Pleamar Poquet Show. Con una impronta más orientada a la pista de baile, por la cabina pasaron los live sets del madrynense Cuquex y del valeriano Audiota. Y la correntina Daiuja coronó la jornada, en el alba de la madrugada, con un DJ set.

En Mardel, la noche es menos profunda que el mar, por más que hoy existe una revolucionaria asonada musical que tiene como pilares al post punk y al post hardcore. Y es que casi todo acaba entre 2 y 3 AM. Sin embargo, para Leo Ferro (conocido por SLNT, proyecto de canción electrónica), la música marplatense disfruta de un gran momento. “Creo que hay algo fractal”, reflexiona. “Las escenas conversan más. Los artistas suelen tener dos o tres proyectos. Aunque algunos tienen más visibilidad que otros, conviven todos los géneros en el under”. A propósito del imaginario de Pleamar, subraya: “Existe un ciclo llamado Inspectro, de escucha profunda. Deep listening, música contemplativa y ambient textural. Todo eso suena ahí”.

El domingo amaneció soleado, por lo que turistas y locales estaban más atentos a pasar un día de playa que de la asunción presidencial. En el ocaso de la tarde, Ferro fue protagonista de las jam que se hicieron en el hall del Museo MAR. Hizo tándem con su paisana Aili, Audiota tuvo de cómplice a Aristóbulo y Abril Alconada se asoció con Jupi (se cruzaron modular, guitarras y theremín). Les antecedió la periodista de cybercultura Gala Cacchione y su charla “Tecnología y medioambiente”. Si eso fue en el primer piso, el clima jugó a favor para disfrutar después en la calle del Pleamar Sound Exhibition: sala móvil (onda remolque de pick up) para escuchar con auriculares obras producidas por 11 mujeres y disidencias de todo el país.

Foto: Gentileza de Museo MAR

Desarrollada en asociación con Amplify D.A.I. y Silencio Intermitente, la actividad tuvo entre sus partícipes a Nait Saves. “Hay muchas formas de participar y de hacer una performance. En este caso, fue más etérea, distante o secundaria”, espetó la música y productora trans rosarina, quien presentó la pieza Narcótico. Poco después de que se diera por consumada la novena edición del festival, que depende del mecenazgo estatal y del apoyo de una empresa francesa de investigación de instrumentos, Luciana Aldegani se animó a la metáfora: “Durante la marea alta, la vida del fondo marino tiene mucha más actividad. Imagino a nuestra Pleamar electrónica como esa zona abisal donde las ideas tienen una actividad más intensa”. 


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