Escuchar Inventario, el disco debut de Mariano “Manza” Esain, es como vivir por un rato en la foto de tapa de Nebraska, de Bruce Springsteen. Pero en lugar de avanzar por una carretera solitaria del Medio Oeste de Estados Unidos, el paisaje gris es una ruta argentina, como decía Almendra, llena de pozos que obligan a meter volantazos inesperados. 

Publicado a principios de noviembre de manera digital, Inventario será presentado en vivo por primera vez esta noche. Esain grabó un disco de canciones lúgubres que por momentos se rompen, se manchan o se ocultan sin dejar de ir hacia adelante. Temas que hablan del camino como una forma de salida, como una manera de dejar atrás lo pasado mientras se busca un horizonte que parezca apropiado para comenzar de nuevo. Dolor y música para rodar. Letras que se envuelven en folk, guitarras eléctricas, sintetizadores y shoegaze, con ruidos, efectos y sonidos externos que toman protagonismo para dominar el paisaje y hacernos morder la banquina.

Las canciones de Inventario se unen de manera tan armónica que la escucha completa del disco se vuelve un proceso que parece natural, como si el orden de los temas simplemente no pudiera alterarse. El disco es más que la suma de los singles que salieron en los últimos tres años y que anticiparon un álbum que parecía más experimental de lo que terminó siendo, con “Miniaturismo”, una pieza de casi trece minutos que quedó afuera, como una de las primeras banderas. “Es un disco difícil de escuchar fragmentado, porque te exige un poco. Que le prestes atención, que le dediques un poco de tiempo. Es algo que no todo el mundo hace hoy día, que no todo el mundo tiene tiempo para hacer. Pero bueno, al momento de pensarlo no me importó mucho”, dice durante una tarde lluviosa de principios de diciembre, sentado en un bar donde Ortuzar, Villa Urquiza y Parque Chas se confunden en una misma zona.

Portada de Inventario, debut solista del experimentado Manza

Mariano optó por las canciones de siempre pero las encaró desde otro punto de vista. No sorprende que haya elegido este formato para dar a conocer, por fin, su veta en solitario. Músico y productor de enorme influencia en el under alternativo argentino desde principios de los 90, este porteño de 53 años es cualquier cosa menos un cantautor previsible de radiofórmula. Al frente de bandas como Menos que Cero o Valle de Muñecas siempre ofreció una obra que se escapó del mainstream y al mismo tiempo supo dejar la puerta abierta para que cualquier curioso pudiera sumarse. En este caso, se permite ir un poco más lejos. “Entiendo que estoy trabajando con un montón de sonidos en descomposición. Sonidos que están siempre al borde de romperse o desintegrarse. Y son sonidos que uno generalmente relaciona con la angustia, con cosas frágiles. Me parece que eso está presente en mis letras de toda la vida y siempre hubo un contraste entre las letras y la música más potente de Menos que Cero o de Valle de Muñecas. Este disco asume una cosa más empática entre letra y música. Se potencian mutuamente”, dice.

“Preferimos alinearnos con los que piensan que el rock no es ni una cancha de fútbol ni una exposición de pintura”, supo definirse allá por 1999, cuando Menos que Cero repasaba su historia con la edición de la antología Cualquier otro día. Esa capacidad para componer canciones de corte popular sin caer en lo obvio le dio una reputación y también le hizo las cosas más difíciles. Sus proyectos rara vez suenan fuera del circuito indie alternativo. Esain convive con esa realidad, que no pareciera ser una frustración para él, pero sí una falta de reconocimiento de una industria más pendiente de las tendencias que de la expresión artística. “Cuando estábamos grabando La autopista corre del océano hasta el amanecer(de Valle de Muñecas, 2011) yo sentía que había canciones que podía escuchar un montón de gente. Podían sonar en la radio tranquilamente. Y entonces estuvimos ahí con un mánager que nos llevó a distintos lugares”, sigue.

“Las devoluciones eran como ‘este tema esta bueno, pero el solo guitarra es muy ruidoso’, o ‘este tema es muy largo’. Una vez fui a una radio bastante importante para ver si nos programaban. Ya me habían dicho que la persona que me iba a atender era un poco complicada. Me trató con un desdén... No llegó ni al segundo cuatro de cada tema. Cuando llegó a un tema absolutamente menor del disco, justo lo llamaron por teléfono, lo cual hizo que mientras hablaba el tema llegara al estribillo. Apenas llegó al estribillo, le hizo un círculo con la birome, como diciendo: ‘Éste’. Yo decía ay, no, no”, sigue.

NUEVO MUNDO

Inventario empezó a tomar forma durante el confinamiento de 2020. Mariano había dejado de tocar con Valle de Muñecas a fines de 2019 y por entonces trabajaba, como siempre, como hasta hoy, en la producción, las grabaciones y el sonido en vivo de otros artistas. Cuando el Covid se hizo presente, tuvo tiempo para explorar sus propias inquietudes. Algunas eran de larga data, como la canción “Inventario”, que proviene de una idea que le daba vueltas desde la época de Menos que Cero. Pero la mayoría eran nuevas composiciones.

Decidió trabajarlas con paisajes sonoros que estuvieran en función de la canción, y también creó músicas que se adecuaran a esos collages que armó a partir de varios registros que había captado en diferentes lugares. Desde el subte B a una playa patagónica, y también alrededor del imponente silencio de las calles vacías por la pandemia. “Hay momentos que surgieron primero como paisajes sonoros y después la canción se adaptó a eso. Hay casos para los dos lados. El no tener los límites o los parámetros que da una formación estable generaba muchas posibilidades distintas, aún dentro de las ideas que yo tenía. Así que hubo algunos temas de los que hubo varias versiones y bastante diferentes entre sí”.

El disco, de ocho canciones y 34 minutos, muestra a un Manza que ya había asomado en trabajos anteriores. “Hay pistas en todos los discos”, dice. “En El final de las primaveras hay momentos de guitarra medio shoegaze que tienen que ver con las de este disco. En el disco Flopa Manza Minimal hay un tema como ‘Zigzag’ que está hecho con un collage de grabaciones de radio, acoples de guitarra y sintes. En Días de suerte hay un fragmento de un tema que también es como un collage de cintas que reemplazó a lo que había tocado la banda en ese pequeño pedacito. Hay cosas que yo me permití hacer a lo largo de los años y que a todo el mundo le encantó dentro de las bandas. Pero una cosa es plantear un disco así y otra cosa es plantear pequeños momentos”.

“La sombra crece en la pared/ Es sólo el día después y no dejás de temblar”, son los primeros versos pronunciados por Esain en el álbum, con su habitual dramatismo casi susurrado, en una canción que se refleja muy bien en la tapa del disco, una foto de Federico Pérez Losada trabajada por el diseñador Pablo Font. Manza deformado como un pasajero captado en el momento justo en el que pasa a toda velocidad por el carril opuesto, camino hacia la nada.

Mariano Esain (Foto: Martín Santoro)

SÓNICO, INDIE, FOLK

La noticia más antigua que el seguidor del rock argentino que no bucea en el under tiene a su alcance sobre Esain data de hace 31 años. De diciembre de 1992, cuando Martes Menta, la banda que compartía con Ariel Minimal, participó de la serie de shows que Soda Stereo realizó en el Estadio Obras para presentar Dynamo. “Yo no era fan de Soda, no me gustaban mucho los discos anteriores. Me había empezado a gustar un poquito con Canción animal, y cuando salió Dynamo dije ¡Guau!”, recuerda Mariano, que como parte de Martes Menta participó de aquellos Obras míticos junto a bandas de la movida sónica que recién daban sus primeros pasos, como Babasónicos, Tía Newton y Resonantes, todas invitadas por el trío de Cerati, Bosio y Alberti, con influencia de Daniel Melero. “Esos shows de Soda fueron muy impactantes”, sigue Esain, que reconoce que en Dynamo están sus canciones preferidas de toda la obra de Gustavo Cerati. “Me gusta Bocanada, también. Pero Bocanada es un disco que aprendí a apreciar más tarde. En cambio, a Dynamo lo escuché y lo disfruté en el momento”, cuenta.

Aquel fin de año, Martes Menta se presentó en Obras con las canciones de 17 caramelos, su debut, publicado unos meses antes. Pero al momento de telonear a los Soda a Maruano no le gustaba ese trabajo. “No me parece un gran disco. Me parece que la banda en vivo era mucho más”, dice, y cuenta que esas opiniones ya las tenía (y las decía) durante la grabación. “Pero nadie me daba bola. Era una causa perdida desde el primer momento. Entiendo que el disco tuvo un lugar importante porque era novedoso y era parte de algo mucho más grande, pero me parece que el audio del disco es atrasado para la época. No le hace justicia a la banda”.

Donde Esain mantiene el entusiasmo es en el disco debut de su banda siguiente: Menos que Cero, que publicó su debut homónimo en 1997. “Me parece un discazo”, dice. “Para mí, Menos que Cero fue un sacudón en la escena indie, under, como la queramos llamar, de ese momento. Hizo que un montón de bandas cambiaran lo que estaban haciendo. Venían muchos músicos a vernos y hubo un boom que duró muy poco que no sé si llego al momento de la salida del disco”.

Luego llegó el que quizás sea el proyecto más conocido de Manza: el trío que integró junto a Flopa Lestani y Ariel Minimal y que editó un solo disco, hoy de culto, recién reeditado en vinilo y aún sin presencia en Spotify (aunque promete que estará en breve). Flopa Manza Minimal no tuvo segundo disco porque Valle de Muñecas metió la cola. Fue durante la grabación de La autopista, que para él es uno de los trabajos más importantes de su vida. “Yo creo, y en general me lo hacen saber, también, que La autopista es un disco que tiene un nivel muy alto. Todas las canciones, la producción, todo está bien. El arte, las tapas, las fotos. Es fantástico”.

SOLISTA Y CON BANDA 

“Obvio que en este momento estoy muy fan del último disco que acabo de hacer”, aclara Esain, que al menos hoy ubica a Inventario en el top 3 de su carrera, junto al debut de Menos que Cero y La autopista. La presentación del disco en vivo esta noche en Congo será junto Pablo De Caro. “Es alguien que conozco hace mucho, que tenemos muchas cosas en común y que siempre tuvimos ganas de hacer algo juntos”. Ambos intentarán partir de las canciones del álbum, entre otras, para ir hacia rumbo desconocido. Mariano promete que todos los recitales de esta etapa serán diferentes. “Me gusta pensar que uno de los chistes de ser solista es poder hacer distintos shows con gente que te acompañe. No sé, estar haciendo un show en un lugar y decir, bueno, hoy tengo ganas de tocar este tema y no se lo tengo que pasar a nadie”.

Claro que las ganas de tocar fuerte todavía están y aparecen cada tanto. Especialmente cuando va a ver música en vivo. Es decir, todo el tiempo. Porque no para de ir a shows. “Veo entre diez y quince bandas todas las semanas. Hace treinta años que lo hago”, dice. Esas ganas probablemente se traducirán, algún día, en la vuelta de Valle de Muñecas. “Yo creo que vamos a volver. No sé si vamos a volver como una banda estable que toca todos los fines de semana y que ensaya dos veces por semana. Vamos a volver porque nos llevamos bien entre nosotros. No se terminó la banda por ninguna causa de mala onda ni nada que tenga que ver con eso. Y cuando me imagino tocando en una banda me imagino con ellos. Pero no sé... En el momento que a mí se me ocurra, los otros tres tienen que estar de acuerdo”. Mientras tanto, Manza seguirá en eso que Bruce Springsteen define como la encrucijada “entre hacer discos o hacer música”. “Si tienes suerte, a veces ambas cosas son la misma”, escribió en Born to Run, su autobiografía. Por ahora, lo consigue con frecuencia. Ya se sabe que suele tener días de suerte.

Mariano Esain presenta Inventario esta noche en Congo, Honduras 5329. A las 20.