“Liberales, claro: capaces de desnucar a cualquiera si hay un dólar en juego”. Lo escribió Osvaldo Soriano en mayo del ’89, con Menem ya elegido presidente y todavía la perspectiva general de asumir en diciembre de ese año. Pero ahí nomás le pasaron la factura y lo desnucaron a Alfonsín, un aleccionamiento en simultáneo para Menem, que tuvo que asumir de apuro en julio. Liberales, claro: con la de dólares que había en juego. Imaginarse hasta dónde puede llegar este Milei, que se babea con la dolarización. “A los gobernadores los voy a fundir”, dijo, furioso, porque no se avinieron a comprar completa la ley ómnibus y sus venenos. Unas líneas más de Soriano, de cara a las maniobras del Toto Caputo y el poeta Sturzenegger: “Para hacer un póker con ellos hay que poner una pistola sobre la mesa, pero ni eso alcanza. Siempre habrá detrás nuestro un tipo silencioso con un Colt en la sobaquera”.

El artículo, publicado en este diario, se llama “Si ves al futuro”. “Sus amigos dicen que a veces, cuando están de vacaciones en Punta, tienen buenos modales. Juegan tenis y sus mujeres se cambian la cara cada vez que los años les dejan una sombra. Sus amantes fingen ser alegres y están bien bronceadas, pero sus sirvientas ganan dos mil australes. Así es la oferta y la demanda”. Pinceladas de una estirpe: “En otro tiempo, cuando gobernaban los militares que ellos habían llamado, esa gente decía querer a la patria. De hecho, cada vez que van a Miami o a Río descubren los encantos de la tierra lejana: es mejor el bife en la Recoleta y cocina como nadie el Gato Dumas; acá pueden violar los semáforos y no hay negros a la vista. Salvo los de Menem”.

Hay quien lo ve peronista a Soriano y hay quien lo ve antiperonista, gorila. Para mí que es un bifocal chingado, una grieta (con perdón) aplicable a la discusión social para desviar la atención: Soriano era un tipo de izquierda apartidario y, sí, un antiliberal. Ahí está la divisoria, el parteaguas, el menú de los desnucantes: deuda, FMI, concentración de la riqueza, clase media en desbarranque, pobreza en aumento, apertura de las importaciones, desindustrialización, menos derechos laborales, salud, educación. Liberales. Hay que reconocerles la habilidad para el disfraz: con los milicos vía Martínez de Hoz, con un peronista como Menem y un radical como De la Rúa, con el empresario Macri, con el actor tirapetardos de esta nueva temporada.

Así trenzados habría que desplegarlos en los libros de historia y los manuales escolares, con referencias a “las empresas a las que les interesa el país”, el eslogan de los auspiciantes de Bernardo Neustadt y su “Tiempo Nuevo”, el programa en el que Menem fue desmechando melena y patillas, salariazo y revolución productiva. Pero eso fue con el tiempo, el futuro entrevisto desde el momento en que Soriano escribió aquel artículo: “Como el caudillo de La Rioja es un hecho consumado, hay que consumirlo lo antes posible. Cosa que cuando asuma, en diciembre, sea un trapo inservible. Porque cuando estuvo en ‘Tiempo Nuevo’ –dicen ellos– cayó simpático, pero eso del Estado como propiedad social y los ocho millones de pobres que trajo a colación no eran temas a tratar entre gente seria. Esa es charlatanería de campaña electoral. ¿O se cree lo que dice? No, el hombre no es confiable. Lo mejor es vaciarlo ahora, en estos seis meses, para que después venga al pie, cansado, roto”. Y sí: qué no entregó el Carlo. Milei quiere más, quiere entregarlo todo. Peinarle el jopo a Trump, ponerse los ruleros de Margaret Thatcher, darle lengüetazos a Elon Musk y sus cuetes. Y que paguen la cuenta los jubilados, los docentes, los laburantes, los científicos.

Soriano engancha a su mirada de aquella coyuntura algunos diálogos con su dentista, mientras se atiende. Hay una pregunta que subsiste desde aquel 29 de enero del 97, cuando murió: ¿qué diría de esto o de aquello? ¿De Cavallo corrido a huevazos y ahora recauchutado como asesor de Milei, que además propuso a la hija del ex ministro como embajadora? ¿Y de la muerte del Diego? ¿Y de los libros de Enriquez o Busqued? Alcanzó a escribir en algún artículo sobre el Macri empresario farolero, sus primeros intentos para convertir a un club de fútbol en sociedad anónima. Su mirada sobre los que te desnucan por un dólar tiene plena actualidad: “Hay que pagar la fiesta, dicen, me cuenta mi dentista. ¿Qué fiesta? ¿Cuándo hubo música acá? ¿O todavía hay que pagar la manteca al techo del Centenario? Convengamos: ellos están siempre de fiesta, como en aquellos tiempos en que se llevaban la vaca a París. (…) Son de mal gusto, pero no lo saben. Hambrear a la gente es de capanga, no de capitán. Por eso, cuando se levantan para ir al baño, los socios del Norte murmuran y se codean. No siempre llevan corbata, pero sí un Rolex. Son inseguros: lo único que los tortura, por las noches, si están solos, es la certeza de la muerte”.

En la veta del místico delirante Milei promete el apoyo de “las fuerzas del cielo”: al respecto, lo que se siente desde arriba, más bien, es que están cayendo soretes de punta. Despidos, borde de hiperinflación, sueldos y jubilaciones cada vez más paupérrimas, represión, desguace. Y qué decir de la troupe: Mondino, Bullrich, Adorni, Barra, Espert. El Presidente dice que es un león, alarga el hocico, muestra los pulgares y se sube a un banquito para la foto, a ver si parece más alto. Como pasó con Menem, garpa ir tras lo pintoresco del personaje, sus berrinches, la estridencia de sus frases, pero guarda, que es un frontman de distracción original de las fuerzas del establishment, que han dicho que ha llegado la hora de recortar derechos e incrementar propiedades y negocios, a costa de lo colectivo y del Estado.

 

No era optimista, Soriano, en aquella coyuntura. Por personalidad, solía entreverar escepticismo con entusiasmo: es una química que nos atañe, capaz. A comienzos de los 90, con Menem en el gobierno y el cuerpo del peronismo tomado por los liberales, se puso a leer la Biblioteca de Mayo, los escritos de aquellos hombres de los comienzos del país. La curiosidad y luego la lectura, la investigación, para entender: no había aprendido historia en la escuela. El título del artículo es la mitad inicial de la frase de Juan José Castelli: “Si ves al futuro dile que no venga”. La cita es una cifra, un trabajo, un desafío: aquí no se habla de bajar los brazos.