INTERNACIONAL
De los calabozos al Parlamento
“Antiguamente no nos arrendaban ni una pieza, teníamos que vivir en los prostíbulos, éramos detenidas en plena dictadura sólo por existir. Hoy es tiempo de contar la verdad, llevar nuestra historia a los colegios, a las universidades”, sostiene Zuliana Alejandra Araya Gutiérrez, la primera concejala trans de Chile. En conversación con SOY, recuerda tiempos pasados y peores, y sus comienzos en la política, y desgrana la transfobia de Estado que, ahora, puede combatir desde adentro.

Desde Valparaíso, Chile

Llegué al surrealista puerto trasandino de Valparaíso, esa ciudad chilena que parece nunca acabar. Con sus cerros que tocan el cielo para luego hundirse en el Pacífico, prostitutas del barrio puerto en la esquina del bar Liberty, borrachos y barrios marginales, el cerro de playa ancha y las vistas deslumbrantes como postales para el turismo gringo que llega en cruceros gigantes y blancos. Ese Valparaíso, cielo e infierno, me abrió los brazos desde el primer minuto, fue así que en  pequeños y selectos aquelarres tomé conocimiento de “La Zuliana”, primera concejala transgénero de Chile. Entre presentaciones y festivales comenzó mi búsqueda para entrevistarla. Llegué a la conclusión de que aunque Valpo suene a paraíso, es mejor ser amiga del Dihablo, mi cálido colaborador a la hora de terminar esta entrevista y otras aventuras. La encontré.

Zuliana Alejandra Araya Gutiérrez, concejala de Valparaíso, nació en Playa Ancha en 1964, a los 13 años ya trabajaba en las calles de Valpo en el comercio sexual. Fue humillada por gendarmes y carabineros, por la policía militar, fue detenida y torturada. En pleno régimen de la dictadura fue detenida por trabajar cerca de la casa de Pinochet y a su compañera la asesinaron a quemarropa al intentar escapar.

Comenzó su carrera política entre 2004 y 2005 cuando asumió la presidencia del sindicato Afrodita, la primera agrupación de transgéneros del país, cargo que mantiene actualmente. Es un sindicato que representa a cuatro países latinoamericanos en una red internacional por los D.D.H.H. Uruguay, Paraguay, Chile y Argentina. Su relato empieza así: “Desde los tres meses de edad fui criada por una aguantadora. Éramos nueve hermanos sin padre, a mí y a mi hermanita menor nos dieron.” Ya a los 8 o 9 me di cuenta que me sentía atraída por los hombres, tuve mi primera relación con un varón de 18 cuando yo tenía 11. Todo lo mantenía en secreto. En el Cerro Placeres una vecina me encontró manteniendo relaciones y me llevaron al hospital, el médico le dijo a mi madrastra que ya no se podía hacer nada, que yo había nacido ‘con las patitas cambiadas’. Mi padrastro me maltrataba, mi madrastra me tuvo que proteger, dormía en otros lugares o con vecinos que me cuidaban, iba a la escuela y le robaba a la maestra para tener qué comer. Estuve en la casa de menores de Playa Ancha junto a otras travestis y ya ahí me pusieron el apodo de Zuliana, me paseé por varios hogares de menores”. 

Zuliana recuerda que muchas veces dormía en el cementerio, en los nichos, para mantenerme calentita, entre los muertos. “No hay que tenerle miedo a los muertos, hay que tenerle miedo a los vivos. Los carabineros nos violaban a cambio de comida o de no golpearnos. Le robaba la ropa a mi hermana para vestirme de mujer y así salir a la calle a trabajar, mi madre me trataba bien y me comprendía más, pero mis hermanos no lo entendían, me trataban de maricón y me molestaban”.

¿Recordás el primer contacto con otras travestis?

–Llegué al barrio puerto para trabajar, y allí entendí cómo se vestían las travestis, cómo se maquillaban, descubrí los prostíbulos. Pasábamos a veces hasta cinco días en la cárcel, nos pegaban, nos tiraban excrementos, nos dejaban desnudas, casi no nos daban de comer, nos torturaban. Por ejemplo, me torturó un coronel que hoy día es jefe de la prefectura de Valparaíso. En Santiago a las compañeras las mataban directamente, nosotras salíamos a trabajar para sobrevivir, para comer. 

¿Y el activismo?

–Fue terrible toda esa época, sufrimos mucho y así, para protegernos, fundamos el sindicato Afrodita, en el antiguo Cerro Panteón, hoy día llamado Cerro Cárcel. Allí vivíamos “puras travestis”. Salíamos a trabajar en grupo, empezamos a reclamar por nuestros derechos. 

¿Antes de ser un sindicato como se organizaban? 

–Hacíamos las “Ramadas” para conseguir visibilidad y dinero: alquilamos un espacio, trabajamos, organizamos capacitaciones, talleres, nos juntamos y compartimos, desde ahí resistíamos. Le poníamos diferentes nombres y las organizábamos según las comedias que estuvieran de moda, las chicas se vestían y hacían sus números y las representaciones de las comedias. La gente venía, se sentaba en el suelo. Fue en ese entonces en 2004 que empecé a meterme en la política, recién en 2004 comenzaron a tomarnos en cuenta. Conseguimos un local en el primer periodo de la Bachelet que nos ayudó para arrendar la primera sede. 

¿Y el ingreso a la política?

–Comencé a trabajar con el PPD, donde estaba Laura Soto, una diputada que luego fue senadora y luchó por los derechos humanos. Cuando comenzamos a trabajar con ella se nos abrieron muchas puertas. Luego ya en el 2008 me “tiré yo”, con Ricardo Lagos Weber que se postuló senador, yo me postulé como concejala con mi nombre de Alejandro, saqué 2097 votos, aun no me podía postular como Zuliana. Ya en 2012 me postulé como candidata nuevamente con mi nombre junto con todos los trámites que tuve que realizar. 

¿Actualmente se ha multiplicado la militancia trans? ¿Hay más organizaciones?

–No. Existen muchas agrupaciones o movimientos, aparte del sindicato Afrodita, que colaboren con las trans para dejar el comercio sexual. Nosotras trabajamos mucho con Acción Gay, fue la primera agrupación que nos abrió las puertas. Para la ley de identidad sexual hemos luchado nosotras, porque se lucha por la unión civil, el matrimonio igualitario, yo las apoyo, pero la ley de identidad de género la luchamos solas, nos criticaban tanto en aquellos años nos  trataban de drogadictas, de delincuentes.

¿Cómo te recibió el mundo de la política?

–Algunos me maltrataron mucho. La jueza que me tocó me conocía de cuando era menor, había sido  secretaria del juzgado, ya sabía que me decían Zuliana de chiquita, y me dijo que me iba a ayudar, y así fue, me ayudó con los trámites. El día en que fue a buscar mi carnet me esperaban los periodistas, yo estaba súper emocionada. Antes no creía en la política, no votaba, y luego en 2004 empecé a hacer trabajo social, que en cierto modo es política. 

¿Cómo fue tu campaña? ¿Cómo conseguiste que te votaran?

–Quienes me votaron, me conocían desde el cerro, de la crianza, de compartir, es la misma gente que me sigue desde las Ramadas, la gente humilde que hemos venido ayudando. Y ahí en 2012 saque 2600 votos, quede número ocho, como concejala, ahora he sido reelecta con 4300 votos. La gente cuando te conoce, no le importa tu condición sexual, si te ve trabajar, te ve que los ayudas, te votan. Hoy la ley de identidad está en cámara de diputados, pero hay muchos obstáculos. Tenés que hacer miles de trámites, primero hay que presentar papeles de médicos, pero son todos obstáculos de la derecha, son muy homofóbicos. 

¡No parás!

–Tengo segunda mayoría en la comuna, con 4300 votos, de ciento veinte candidatos estoy en el cuarto lugar. Hay huevones que por años se mantienen sin hacer nada y yo siendo travesti y tan criticada ahí estoy porque la gente me quiere. Me han querido investigar pero no me asustan, “yo soy Maraca” y todo el mundo lo sabe no tengo nada que ocultar. A la gente le gusta eso, ·soy hocicona, no tengo pelos en la lengua, no hace falta que digan por lo bajo que he trabajado en la calle porque es la verdad.

¿Sentís que la gente de tu comunidad te acompaña siempre?

–No siempre agradecen. Comprendo a veces mismo las chicas trans no agradecen. A veces siento impotencia, la gente te pide más de lo que podés hacer, pero me siento feliz con los 53 años que voy a cumplir, se nos han abierto muchas puertas, y hoy día las cosas que hemos conseguido, imagínate, no podías ir maquillada o vestida de mujer. Me da alegría después de  lo  mal que me trato la policía, y hoy día paso por al lado de los carabineros o están en las reuniones y te saludan con respeto, te tratan de otro modo.