El jefe de Gabinete del gobierno de facto en Brasil reconoció la fractura entre el PMDB y el PSDB
La alianza destituyente tiene los días contados
Carente de legitimidad de origen (no fue votado) y con un tres por ciento de aprobación en las encuestas, Temer comienza a experimentar la soledad del poder. El abandono prácticamente irreversible del PSDB fractura el proyecto golpista.
Temer comienza a experimentar el abandono de los aliados que le permitieron llegar a la cima del poder.Temer comienza a experimentar el abandono de los aliados que le permitieron llegar a la cima del poder.Temer comienza a experimentar el abandono de los aliados que le permitieron llegar a la cima del poder.Temer comienza a experimentar el abandono de los aliados que le permitieron llegar a la cima del poder.Temer comienza a experimentar el abandono de los aliados que le permitieron llegar a la cima del poder.
Temer comienza a experimentar el abandono de los aliados que le permitieron llegar a la cima del poder. 
Imagen: AFP

Desde Brasilia

Con los días contados, la alianza formada por los partidos de Michel Temer y Fernando Henrique Cardoso para derrocar a Dilma Rousseff está a punto de sucumbir. Ayer el jefe de gabinete , ministro Eliseu Padilha, reconoció que “el PSDB (Partido de la Socialdemocia Brasilaña) ya no forma parte de la base de sustentación del gobierno federal (..) el PSDB ya dijo que va a salir”.

Carente de legitimidad de origen (no fue votado) y con un tres por ciento de aprobación en las encuestas, Temer comienza a experimentar la soledad del poder. El abandono prácticamente irreversible del PSDB se suma a la salida ocurrida meses atrás de varios partidos de porte medio, como el Socialista, que apoyaron el golpe híbrido (parlamentario-mediático-judicial) de 2016. Y hasta algunos columnistas del diario O Globo, cuya contribución al ascenso de Temer es conocida, ya lo comparan con un “pato manco” del que se alejan sus antiguos socios y cuyas órdenes nadie obedece. El PSDB, que tiene entre sus figuras más notorias al ex mandatario Cardoso y al gobernador de San Pablo Geraldo Alckmin, es (era) la segunda fuerza del gobierno de coalición formado el año pasado cuando Temer, del Partido Movimiento Democrático Brasileño (PMDB), asumió la Presidencia.

El pacto PMDB-PSDB constituyó un eje de poder relativamente cohesionado hasta el 17 de mayo de este año cuando comenzó a fisurarse debido al escándalo causado por la grabación en la que Temer aparentemente pactó el cobro de un soborno millonario con el magnate de la carne Joseley Batista. Pocos días después la Procuraduría acusó al mandatario y su ministro Eliseu Padilha de “corrupción”  por haber embolsado  unos 175 millones de dólares de coimas a lo largo de una década.

Por eso ayer las declaraciones de Padilha admitiendo el portazo del PSDB no causaron sorpresa: era la confirmación de una ruptura que comenzó a madurar desde que se divulgó la charla de Temer y el empresario Batista, que está preso. Advertido del  las consecuencias que sufrirá su gobierno con esta fractura, el ocupante del Palacio del Planalto intenta evitarla o dilatarla. Para ello marcó una reunión con otro de los referentes del PSDB, el ex candidato presidencial Aecio Neves, que es proclive a prolongar la alianza con el PMDB.

Luego de la cita con Neves, convocada de urgencia para la noche de ayer, el mandatario propuso realizar otra el próximo sábado con  Geraldo Alckmin, el nuevo hombre fuerte del PSDB. Con el ocho por ciento de las intenciones de voto Alckmin se lanzó esta semana como precandidato a la Presidencia.

En desventaja de 28 puntos frente a Luiz Inácio Lula da Silva, que suma el 36 por ciento , Alckmin necesita que el PSDB rompa de inmediato con el gobierno para aspirar a subir en los sondeos y llegar con chances a octubre de 2018. “Yo creo que no tiene ningún sentido continuar en el gobierno (..) siempre estuve en contra de participar en el gobierno de Temer”, dijo a poco de recibir el respaldo de sus correligionarios para asumir el comando del PSDB.

Fue una afirmación relativamente falsa: Alckmin  apoyó la caída de Dilma Rousseff porque, como el resto de los miembros del campo conservador, apostó a que una vez instalado el régimen post-democrático sería inviabilizada la candidatura de Lula a través de argucias judiciales. Ocurre que a pesar de la guerra judicial que se libra en su contra el ex presidente continúa progresando en los sondeos un hecho que torna más difícil, y potencialmente explosivo,  quitarlo de la contienda del año próximo.

Habrá que aguardar hasta el fin de semana para confirmar o no la ruptura del PSDB con el Planalto y su impacto en el escenario electoral. Por lo pronto el campo conservador tiene dos postulantes que son Alckmin y el militar retirado Jair Bolsonaro, que aparece como el principal rival de Lula con el 16 por ciento de apoyo. Y sigue abierta la posibilidad de que surja algún “outsider” como el animador televisivo Luciano Huck, que esta semana declaró que desistía de disputar la Presidencia pero dejó abierta la posibilidad para revisar esa decisión. Nada es puede ser descartado de plano en la imprevisible agenda política brasileña.

Hay varios escenarios probables, y uno que comienza a ganar fuerza luego del portazo del PSDB a Temer, es que la derecha vayan divididas a los comicios de 2018. En ese sentido no se descarta que surja otra candidatura la del ministro de Hacienda, Henrique Meirelles, ex titular del Banco de Boston, que cuenta con el apoyo de los banqueros aunque no de los electores según indican las encuestas.

La apuesta del mercado del mercado para el año que tiene es que haya un candidato fuerte capaz de plantarle cara a Lula y en el corto plazo que sea aprobada la reforma previsional. Ayer la Bolsa de Valores de Valores de San Pablo cayó el 1,9 por ciento expresando su desaprobación a la salida del PSDB. Los banqueros, y sus voceros, consideran que con un gobierno prácticamente desguazado será más difícil aprobar la reforma previsional, un proyecto cuya impopularidad es casi tan alta como la de Temer. El rechazo a ese proyecto será realizada la semana próxima una huelga general convocada por las principales organizaciones gremiales, la CUT ligada al PT de Lula y Fuerza Sindical, que comenzó a distanciarse de Temer de quien fue aliada.

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