El lento declive
La imagen positiva del Presidente bajó hasta un 45 por ciento y son más los que se definen como opositores que los que se reclaman como oficialistas.

La imagen positiva del presidente Mauricio Macri perdió 13 puntos entre su asunción, el 10 de diciembre de 2015, y el primer aniversario, que se cumple hoy. No fue una pérdida abrupta, sino que la imagen fue cayendo de a poco y luego se estabilizó. De todas maneras, la esperanza de que las cosas mejoren mantiene al Presidente en niveles aceptables que rondan el 45 por ciento de aprobación. Tal vez el deterioro más fuerte se percibe cuando se le pregunta a los encuestados si se consideran oficialistas, opositores o independientes. En diciembre de 2015, los oficialistas eran mayoría, mientras que en la actualidad son mayoría los opositores. En doce meses las cosas se dieron vuelta.  

“Desde que Mauricio Macri asumió la presidencia  –analiza Roberto Bacman, titular del CEOP–, la Argentina comenzó a vivir un nuevo clima de época. La campaña de Cambiemos consiguió imponer el concepto de cambio, con un significante vacío que nunca llegó a definir con precisión. Existía un segmento de la sociedad que demandaba un cambio y en tal sentido Mauricio Macri logró instalarse como el referente indiscutido. A un año de su asunción, muchas cosas han cambiado. En primer lugar hay que tener en cuenta las preocupaciones de los argentinos. Hoy, la marcha de la economía, la inflación, la inseguridad, la corrupción y el desempleo se convirtieron en sus principales desvelos”. 

  En el último trimestre de 2015 la inseguridad se constituía de manera inequívoca como la principal inquietud de los argentinos. Economía y corrupción estaban un escalón más abajo. Pero los más importante: la desocupación era una preocupación residual. Ahora el 30 por ciento de los consultados están preocupados por la desocupación e incluso tienen temor a perder su empleo. 

“Un segundo indicador que caracteriza el clima de época de estos tiempos –agrega Bacman–, descansa en la segmentación ideológica de los argentinos. A un año de gestión se detectan los clásicos tres segmentos: un 30,1 por ciento de oficialistas, un 41 por ciento de opositores y un 28,9 por ciento de independientes pragmáticos, que son aquellos que se autodefinen como “ni oficialistas ni opositores”. El país sigue inmerso en una profunda grieta: dos segmentos que se ubican en las antípodas y un tercero que se va acercando a uno o a otro orientado por su pragmatismo. Pero hace exactamente un año, cuando Macri asumía la presidencia, el anclaje ideológico de los argentinos seguía exteriorizando la profunda grieta, aunque la composición porcentual de cada segmento era muy diferente. Los oficialistas lograban un 45,2 por ciento, los opositores un 38,7 y los independientes representaban tan solo un 16,1 de la sociedad. ¿En qué se sustentaba esta fortaleza de arranque del oficialismo? La esperanza se había instalado con mucha mayor fortaleza tras el triunfo de Macri en la segunda vuelta. El principio era sencillo y terminante: “si a este gobierno le va bien, a todos los argentinos les va a ir bien también”. 

Mientras que en diciembre de 2015 los oficialistas superaban a los opositores en casi siete puntos, en la actualidad los opositores superan a los oficialistas en 11 puntos, o sea que hubo un cambio de lado de 18 puntos. 

Bacman detalla que “Macri se sostiene en los oficialistas, que obviamente son aquellos que lo apoyan contra viento y marea. Esto es lógico. Pero lo que sorprende y lo diferencia, es que alrededor de la mitad de los pertenecientes al segmento de los independientes aún no han perdido la esperanza. Casi seguro que son una parte de los que lo votaron en el ballottage y mantienen la esperanza. Si esto no funcionara así, el descenso hubiese sido más pronunciado. Pero los independientes son muy pragmáticos y el desafío de asegurarlos es sustancial. Si pierden definitivamente las esperanzas será una cuesta difícil de remontar”. 

La erosión en la popularidad de Macri puede verse en otros factores relacionados con la cuestión electoral. En primer lugar una evidencia empírica: doce meses después de haber asumido, Macri tiene una aprobación sustancialmente menor que los votos que obtuvo en el ballottage. Otra cuestión importante en la misma dirección, que surge de los propios datos de esta encuesta: en una hipotética segunda vuelta electoral, con los mismos candidatos que en noviembre de 2015, Mauricio Macri solo retendría ocho de cada diez de los que optaron por él en el ballottage. Un indicador que vuelve a confirmar el desgaste que este año de gestión produjo en el Presidente.