Opinión
La caja de Pandora de las barras

La caja de Pandora que acaba de abrirse puede llevar hacia los caminos más impensados para el Gobierno. Noray Nakis y Bebote Alvarez no forman la primera pareja acusada de delinquir –por asociación ilícita y lavado de dinero, según dice la carátula de la causa judicial–, ni la única que se descubrió en décadas de promiscua relación entre dirigentes y barrabravas. La teatralización con que se expuso la detención del vicepresidente 1° de Independiente ratifica cierta inclinación de los funcionarios macristas a presentarse como cazadores con sus trofeos de guerra. Esta vez se trató de un personaje menor, incluso desacreditado entre sus propios pares. La aureola de su poder, si alguna vez lo tuvo, no llegó más allá del club Deportivo Armenio. O provino de su estrecha vinculación con Julio Grondona.

La investigación del juez de Garantías de Lomas de Zamora, Gabriel Vitale, avanza en aguas turbulentas. El procurador general bonaerense, Julio Conte Grand, dio un indicio de hacia dónde continuará la pesquisa: “Hay clubes del sur de la provincia que serán investigados en las próximas horas”. En la AFA primero sospecharon de Racing y Arsenal. Pero con el paso de las horas la mirada se posó sobre Lanús y Banfield. O sea, se siguen pistas sobre una misma matriz de presuntos delitos. 

No quedó claro si están por descubrirse más asociaciones ilícitas integradas por directivos de clubes y barras. Para el poder político, los primeros son los responsables casi exclusivos de prohijar a los violentos organizados. Pero desde el Presidente Mauricio Macri hacia abajo, nadie puede arrojar la primera piedra. Ni Cambiemos, ni el peronismo, el radicalismo o la mayoría de las fuerzas partidarias resisten un archivo. 

El presidente Nicolás Russo desconocía hasta ayer si Lanús estaba bajo la mira de la Justicia. Porque el ministro de Seguridad bonaerense, Cristian Ritondo –quien además es vocal 1° de Independiente– vinculó a Bebote con Diego “Fanfi” Goncebate, el jefe de la barra brava granate. Ambos son amigos. Se asociaron en Hinchadas Unidas Argentinas: la iniciativa del puntero kirchnerista Marcelo Mallo que se formó para ir al Mundial 2010 con apoyo oficial. Pero el dato político más importante de esta saga es la relación que tuvo o tiene Fanfi con Néstor Grindetti, el intendente de Lanús por Cambiemos. El barrabrava hacía campaña por él. Se mostraba al lado del funcionario en los actos, como lo ilustraron unas fotografías que publicó PáginaI12 el 4 de junio de 2012.

No es el único caso en el oficialismo. “La barra brava te va a agarrar a vos solo y te va a romper la cabeza”, le gritó en diciembre de 2014 el legislador porteño Roberto Quattromano a su par del Partido Obrero, Marcelo Ramal. Tres años después, el diputado del Frente de Izquierda recuerda que su denuncia ante la Justicia fue desestimada por una fiscal: “La consideró figurativa”, dice. Quattromano es de Mataderos y de Nueva Chicago, como Ritondo. El ministro que anunció el arresto de Nakis junto a Patricia Bullrich, presidía aquella sesión de la Legislatura en que el diputado profirió la amenaza. Barrabravas hay en todas partes. Para matar, robar y también para militar por el poder político de turno.

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