Medioambiente, territorio y arte fueron, históricamente en Occidente, asunto separado. Hoy, distintos grupos de artistas, científicos y vecinos trabajan para ablandar esas fronteras y ensayar formas más permeables de vincular entorno, justicia social, poesía, fauna nativa y cuidado ambiental. Es el caso del colectivo Habitantes del Arroyo El Pescado, que busca proteger la cuenca del arroyo homónimo ubicada en el sudeste de La Plata y compartida con los partidos de Berisso y Magdalena e impulsa la creación de una reserva natural que no solo conserve el ecosistema, sino que también garantice el acceso público a ese territorio.
El grupo, conformado en 2021, reúne a vecinos del arroyo, ambientalistas, docentes, artistas plásticos, bailarines, músicos, biólogos y profesionales de las ciencias sociales, entre otras disciplinas. En diálogo con Buenos Aires/12, tres de sus representantes, Diego Salas, Elena Sahade y Magalí Savegnago, reflexionan sobre la situación actual de la cuenca y su arroyo, que se mantiene "prístino" (en palabras de sus cuidadores) en contraste con el tratamiento recibido por otros cursos de agua de características similares en la provincia. También destacan la función vital que cumple la cuenca al prevenir inundaciones (como la que provocó una tragedia en La Plata en 2013), la expresión artística como experiencia y herramienta para visibilizar el territorio, y la necesidad de crear una reserva natural que proteja el ecosistema y garantice el acceso equitativo al espacio público, verde y de esparcimiento en la región capital sudeste (que comprende el periurbano platense sudeste, Berisso, Punta Indio y Magdalena), donde actualmente casi no existen espacios de estas características.
–Como vecinos, activistas, y personas involucradas íntimamente con el territorio… ¿Cuáles piensan que son las características que hacen al Arroyo el Pescado tan particular?
–Elena Sahade: La cuenca del arroyo es la más extensa de la región, con unos 36 km de curso. Es una de las pocas que aún conserva su estado natural: sin canalizaciones, sin desvíos, sin rectificaciones. Por eso decimos que es la más prístina. A diferencia de otros arroyos urbanos de la zona, el Pescado no está intervenido hidráulicamente. Además, no atraviesa zonas densamente urbanizadas. Eso permite que se mantenga con muy bajo nivel de contaminación. Aguas arriba, la cuenca atraviesa y nutre toda la zona del cinturón hortícola platense. Y otra particularidad: como la cuenca tiene una gran extensión, es la única de la región que llega naturalmente al Río de la Plata. Otros arroyos se abren en bañados o desaparecen antes de desembocar directamente como lo hace el Pescado. Por eso trabajamos para preservarla: queremos evitar que siga el mismo camino que otras cuencas del AMBA, donde ya no queda más que intentar restaurar lo perdido.
–¿Qué función cumple la cuenca desde el punto de vista socioambiental?
–Diego Salas: Es clave para conservar la biodiversidad típica de esta zona de la pampa ondulada. Aporta a la regulación hídrica y previene inundaciones. Sus humedales permiten absorber y filtrar el agua, alimentan los acuíferos (de los que depende el 70 % del abastecimiento en la región) y ayudan a mitigar los efectos del cambio climático. Además, permite la producción rural: el cinturón hortícola platense, que abastece a quince millones de personas, está muy próximo a su cauce. Pero su desarrollo fue descontrolado: se han cubierto grandes superficies con invernáculos de polietileno y se aplica un paquete tecnológico basado en agrotóxicos. Todo eso impermeabiliza el suelo y afecta directamente el escurrimiento del agua, generando condiciones propicias para inundaciones o erosión futura.
–E.S: La cuenca es una superficie amplia que recoge el agua de lluvia: toda el agua que cae termina yendo a su punto más bajo, que son los cauces principales, los arroyos. Pero es importante aclarar que la cuenca no es solo el arroyo ni solo un humedal. Es todo un sistema que incluye zonas altas, pastizales, arroyos, planicies de inundación y humedales. Cuando se urbaniza sin planificación, se altera esa dinámica: se levantan calles, casas, y el agua que debería escurrir naturalmente se desvía o se estanca. Eso genera riesgo hídrico. Estamos viendo cada vez más excedentes hídricos, por el cambio climático y por el avance de la urbanización en toda la región capital. Hace poco se declararon ilegales cuatrocientos barrios privados construidos sin las autorizaciones correspondientes, por ejemplo.
- ¿Actualmente existe alguna figura legal que proteja la zona?
-D.S: Desde 1999, la cuenca está declarada paisaje protegido de interés provincial, por la Ley 12.247. Esa ley, que ya tiene 25 años, prevé mecanismos de gestión para conservar sus funciones ecosistémicas y socioambientales. El problema es que, aunque la ley existe, nunca se aplicó de manera efectiva. La normativa establece que todo paisaje protegido debe contar con un comité de gestión, y en este caso, por tratarse de una cuenca interjurisdiccional, ese comité debería estar conformado por autoridades de los tres distritos (Berisso, La Plata y Magdalena) y la provincia como organismo rector. Eso nunca sucedió. Y aunque el nivel de contaminación sigue siendo bajo, sin una gestión activa, con el tiempo se irá deteriorando. La experiencia con otras cuencas demuestra que, sin intervención, el pronóstico es poco alentador.
–Presentaron un petitorio. ¿Qué propone concretamente?
–D.S: Pedimos que se declare una reserva en torno al cauce del arroyo, sus humedales y planicies de inundación. Hoy, muchos de esos terrenos son privados y no hay acceso público a los bienes comunes. En el sudeste de La Plata no hay parques ni reservas estatales, mientras que en el norte de la región capital hay más de 16 mil hectáreas con gestión pública. Es una desigualdad ambiental y recreativa. Queremos revertir eso y garantizar la conservación de estos ecosistemas únicos, que aún se mantienen relativamente intactos. Por eso pedimos la creación de una nueva reserva, con una figura específica: la de “Parque Provincial”.
–E.S: Creemos que el arroyo El Pescado reúne todas las condiciones que exige la Ley de Reservas Naturales de la provincia (Ley 10.907), porque es un ecosistema típico de esta región y aún conserva sus características naturales. Queremos que este territorio pueda ser protegido por esa Ley.
–¿Qué lugar tiene el arte en esta lucha?
–Magalí Savegnano: El arte es nuestro lenguaje por excelencia. Vivimos en el territorio, lo caminamos, lo sentimos. Y desde ahí escribimos, sacamos fotos, modelamos arcilla, componemos. No todos venimos del arte como formación, pero sí desde una sensibilidad común. Así nació el colectivo Habitantes del Arroyo El Pescado. Nuestros festivales anuales son el principal espacio de encuentro: empezaron en un viejo almacén de ramos generales en Ignacio Correas y fueron creciendo. Al principio tratábamos un tema puntual, como el avance urbano sobre el humedal en Villa Garibaldi, y con los años fuimos ampliando la mirada hasta hablar de toda la cuenca como territorio biocultural. Además de los festivales, durante el año hacemos otras actividades: caminatas, paseos, recibimos escuelas todos los meses. Ahí trabajamos con herramientas didácticas como “El juego del humedal”, que fue creado por Elena y otro compañero del grupo. También editamos junto a la Biblioteca El Humedal una antología, “Paisajes Contados”, que reune poemas de autores y vecinos en torno al territorio.
–D.S: El año pasado, por ejemplo, organizamos la caminata "Aguas arriba", donde participaron vecinos, científicos y artistas. Caminamos por zonas vedadas, hicimos un taller de canto colectivo y compusimos una chacarera para el arroyo. De ahí surgió una muestra instalativa que llevamos a La Plata y llamamos “Trama”. Ahí mostramos fotos, barro del arroyo, hicimos una instalación con material vegetal y tratamos de recrear, sensorialmente, la experiencia de caminar por los humedales, la diferencia entre el “pisar urbano” y el “pisar del humedal”. Fue nuestra forma de llevar el arroyo a la ciudad. Buscamos que la comunidad pueda vivenciar el territorio desde lo sensible, no sólo porque creemos en eso de “conocer para proteger”, sino porque también creemos que es necesario amar para proteger. El arte nos permite construir ese conocimiento vital del territorio, que no es técnico ni agregado desde afuera, sino propio de quienes lo habitan.
–¿Van a realizar alguna actividad abierta a todo público en breve?
-M.S: Estamos planeando una nueva caminata, que va a retomar el formato de “Aguas Arriba”, pero con un foco diferente: ahora, en vez de lo visual, vamos a trabajar lo sonoro. Queremos explorar el arroyo desde la escucha: registrar los sonidos, hacer un trabajo colectivo a partir de lo sonoro y lo perceptivo. Y desde ahí producir también. Estamos articulando con otro colectivo para llevarla adelante y hacerla en octubre.