Ni Rusia ni Ucrania, por mucho que su retórica apunte en sentido contrario, tienen intención de frenar sus respectivas acciones bélicas para emprender negociaciones de paz. Los rusos no consideran aún llegado el momento para negociar y siguen empeñados en tomar todo el Donbás, incursionan en regiones vecinas y lanzan oleadas de drones y misiles sobre toda Ucrania. Los ucranianos suben un grado la defensa de su territorio y apuestan por utilizar más misiles de largo alcance para golpear el corazón de Rusia, mientras bombardean refinerías y depósitos de combustible en territorio ruso.

Entretanto, el presidente estadounidense, Donald Trump, quien se erigió, incluso antes de asumir el poder en enero, como inminente pacificador de Ucrania, oscila como un péndulo sobre la guerra. Pacta acuerdos económicos con Moscú en la sombra, para explotar diamantes y rutas de transporte en el Ártico, pero amaga y amenaza a los rusos públicamente con sanciones que él mismo sabe que no llegarían muy lejos.

Frustrado por el belicismo de rusos y ucranianos, animados por los europeos, Trump demuestra su incapacidad para ofrecer una salida sensata a la guerra que no implique la partición de Ucrania. Una secesión que importantes miembros de su Administración, tras asistir a la determinación rusa para continuar sus conquistas, ven ya como una consecuencia inevitable de la eventual paz.

De nuevo, oleadas de drones y misiles sobre Ucrania

Ante una estrategia tan débil, el Kremlin opta por la fuerza. El ataque con 600 drones y una treintena de misiles balísticos, de crucero e incluso hipersónicos, con el que golpeó en la madrugada del jueves gran parte del territorio ucraniano, especialmente Kiev, y la muerte de 23 personas, además de 63 heridos, entre ellos 11 niños, dejan claro que Rusia decide sus propios pasos y que estos están lejos de la negociación que reclama Trump.

El cuartel general de la propia Unión Europea en Kiev sufrió los efectos del bombardeo. Rusia niega este ataque a la sede de la UE y subraya que sus bombas solo tenían objetivos militares. No parece que fuera el caso. Y aunque es cierto que Kiev procura tapar sus pérdidas militares en estos bombardeos, la realidad es que Moscú ha endurecido sus ataques contra zonas civiles y las muertes entre la población ucraniana se han disparado en los últimos meses.

Según el responsable de la Administración Militar de la capital ucraniana, Tymur Tkachenko, Kiev fue alcanzada en al menos 20 puntos en el mayor ataque ruso aéreo de agosto. Este apunte contradice los informes oficiales ucranianos sobre drones y misiles rusos derribados de forma generalizada. La capacidad rusa para llevar a sus vehículos no tripulados y sus misiles hasta sus blancos sin ser interceptados es cada vez mayor y el ejército ucraniano se empieza a resentir de la falta de munición para sus sistemas antiaéreos occidentales, especialmente los estadounidenses Patriot, los más eficaces.

Los impactos rusos siguen también afectando a las infraestructuras críticas ucranianas. El miércoles, cerca de 100.000 hogares en Ucrania quedaron sin electricidad debido a estos ataques de las fuerzas del Kremlin.

Esfuerzos de paz inútiles

El presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, comentó que esta lluvia de misiles y drones es la respuesta rusa a las llamadas internacionales para que se alcance un alto el fuego. De nada pareció servir la cumbre que Trump mantuvo con el presidente ruso, Vladímir Putin, en Alaska el pasado 15 de agosto, ni las que, tres días después, celebró con Zelenski y varios líderes europeos en Washington.

Trump insiste, siguiendo las tesis de Putin, en la necesidad de firmar una paz duradera y ya no aboga por un alto el fuego previo demandado por Zelenski y sus aliados europeos. El presidente estadounidense ya no se cree mucho los golpes de pecho de su colega ucraniano y sus protectores europeos, y sus llamadas a la paz.

Los ataques ucranianos contra refinerías y el sistema de exportación de crudo de la Federación Rusa se aceleraron en agosto y están afectando ya a la distribución del petróleo ruso en el exterior y su capacidad de refinado, reducida en un 17% por esas incursiones de drones y misiles.

Y si bien, los medios de prensa occidentales prestan una mayor atención a los bombardeos rusos en la Ucrania libre, los contragolpes ucranianos se suceden y tienen sus listas de bajas mortales también en las regiones rusas cercanas a la frontera en guerra.

Tras el ataque de este jueves, la alta representante de la Política Exterior de la UE, Kaja Kallas, mostró una buena dosis de cinismo cuando señaló que "mientras el mundo busca una senda hacia la paz, Rusia responde con misiles" y opta "de forma deliberada por una escalada" militar.

Lo cierto es que los países de la UE, también miembros de la OTAN, han cerrado filas con Ucrania y apuestan por la guerra, con armas y financiación para el ejército ucraniano, a fin de que Kiev revierta en el campo de batalla la estela de conquistas que han llevado a Rusia a ocupar una quinta parte del país. El uso de misiles de largo alcance occidentales por Ucrania contra el sistema petrolífero ruso es una muestra de esa colaboración.

¿Un nuevo frente?

Sin embargo, en el campo de batalla la situación sigue siendo adversa para Ucrania. Esta semana, por primera vez, Ucrania admitió que el ejército ruso campa ya a sus anchas por los territorios fronterizos de la región de Dnipropetrovsk. Un reconocimiento un tanto tardío, pues desde principios del verano, el Ministerio de Defensa ruso anunció en diferentes ocasiones los avances en esa región lindante con la de Donetsk, que es en estos momentos el objetivo militar prioritario de Moscú en el este de Ucrania.

Ahora los ucranianos reconocen que, efectivamente, los rusos han cruzado la frontera de esta región y tratan de hacerse fuertes. Todo parece indicar que el avance ruso es de una magnitud considerable. Según indicó a la BBC Viktor Trehubov, del Grupo Operativo-Estratégico de Dnipro, "es el primer ataque de tal escala en la región de Dnipropetrovsk".

Si se confirmara una nutrida incursión rusa en esta región, la situación bélica variaría un tanto. Rusia ocupa la totalidad de Lugansk, en el noreste, y un 75% más o menos de Donetsk, Zaporiyia y Jersón, las cuatro regiones anexionadas en esta guerra. Además, tiene tropas que han rebasado las fronteras de Járkov y Sumi, en el norte. Sin embargo, el avance en Dnipropetrovsk puede ser un golpe a la moral ucraniana y un alejamiento de las perspectivas de negociación previstas por Washington.

Dnipropetrovsk es además una de las zonas más industrializadas de Ucrania, solo superada por el Donbás, la zona compuesta por Donetsk y Lugansk que se encuentra en el vórtice del expansionismo ruso en el este ucraniano. Si buena parte de Dnipropetrovsk, con sus yacimientos minerales que quieren explotar los estadounidenses en base al acuerdo impuesto a Kiev, cae en manos rusas, el Kremlin dispondrá de una buena carta para negociar con EEUU como maestro de ceremonias de ese diálogo. Moscú podría "acceder" a entregar estas últimas conquistas como "sacrificio" para quedarse con las otras cuatro regiones invadidas, además de Crimea, anexionada en 2014.

Los avances en Dnipropetrovsk también están permitiendo al ejército ruso afianzar sus posiciones en la vecina Donetsk, donde el cerco a Pokrovsk es uno de los objetivos militares de la actual fase de la guerra. Las tropas del Kremlin ya están en los suburbios de Konstantinivka, bastión cuya caída podría facilitar el avance hacia Sloviansk y Kramatorsk, dos de los principales núcleos de resistencia ucranianos en Donetsk.

Pocas opciones para la trilateral

En estas circunstancias, parece poco probable que salga adelante la cumbre tripartita por la que apostó Trump tras reunirse con Putin primero y después con Zelenski. Todo apunta, con lo que sucede en Donetsk y Dnipropetrovsk, a que podría estarse gestando una nueva ofensiva rusa que aproveche las últimas semanas de buen tiempo, antes de que llegue el frío. En esa dirección señala la visita que hizo este jueves el ministro de Defensa ruso, Andréi Beloúsov, a la agrupación militar rusa Tsentr (Centro), desplegada en Donetsk.

La paciencia de Trump tiene un límite y uno de los actuales objetivos del Kremlin es asegurar la mejor posición rusa de cara a una eventual primera ronda de negociaciones con Ucrania que contente al jefe de la Casa Blanca.

De momento, nada apunta a una disponibilidad rusa para celebrar esa cumbre entre Putin y Zelenski presidida por Trump. No es posible ningún avance en el contencioso territorial que enfrenta a rusos y ucranianos con los primeros reclamando no solo ese 20% de Ucrania que tienen bajo su control, sino el resto de las tierras dominadas aún por el ejército ucraniano en las cuatro regiones ocupadas, y con los segundos demandando la total devolución de esas áreas.

Rusia rechaza cualquier despliegue europeo en Ucrania

Esta semana hubo varias reuniones entre los aliados europeos de Ucrania para configurar, como quedó prescrito en Washington con Trump, unas garantías de seguridad para Kiev, a fin de presentarlas en una eventual reunión entre Zelenski y Putin. En estos encuentros se impuso la discusión sobre el envío de tropas europeas a Ucrania una vez que se alcance el armisticio.

Este miércoles, el Kremlin volvió a rechazar la presencia de tropas europeas en Ucrania, al considerarlas formaciones militares de países pertenecientes a la OTAN y Moscú ha insistido reiteradamente que cualquier solución pacífica al conflicto ha de pasar por la renuncia absoluta de Bruselas a admitir en el seno de la Alianza Atlántica a Kiev.

El portavoz del Kremlin, Dmitri Peskov, fue claro: "No existen los soldados europeos; existen los soldados de países concretos y la mayoría de esos países son miembros de la OTAN". Según Peskov, los avances de la OTAN hacia Ucrania fueron una de las causas que llevaron a Rusia a invadir ese país el 24 de febrero de 2022. La semana pasada, el ministro ruso de Exteriores, Serguéi Lavrov, llegó a comparar el despliegue europeo en Ucrania con una "intervención militar".

Trump reiteró en sus reuniones con Putin y Zelenski que podría dar garantías de seguridad a Ucrania, pero sin precisar más. No obstante, dejó claro que EEUU no enviará a sus soldados y que ese tipo de seguridad debería ser un tema exclusivamente europeo. Trump daba así un espaldarazo de facto al rechazo ruso al despliegue de tropas, a la par que reforzaba la posición de Moscú de cara a una nebulosa reunión trilateral.