Salí
A comer con las manos

El fuego de La Villa 

Pablo Mehanna

¿Qué pasa cuando el calor del quebracho colorado se junta con una de las mejores hamburgueserías de Buenos Aires? La respuesta tiene nombre: Tierra de Nadie La Villa, la nueva sucursal del ya mítico local de Caballito, abierta por David Sovilj a tan sólo 150 metros del lugar original. Un espacio más amplio, amigable y luminoso, que abre de corrido todo el día (¡gran noticia!) y que gana personalidad gracias a su parrilla alimentada a leña, donde se cocinan las hamburguesas y otras carnes para sándwiches igual de tentadores. Unos ejemplos que hablan por sí solos: dentro de las burgers, está la Wild Grill TDN (hamburguesa de cerdo de 200 gramos con provoleta al orégano, mollejas tiernizadas, salsa criolla, rúcula y emulsión de chimichurri ($220) o la perfecta La Villa, con un disco de 200 gramos de carne de vaca, cheddar (el verdadero, de la marca La Suerte, lejos de la pasta anaranjada que suele venderse como cheddar), panceta, cebolla crocante, lechuga, tomate y un relish casero ($220). Todas salen en un pan casero, con papas fritas crocantes acompañando. Pero la carta va más allá: aprovechando las brasas al rojo vivo, David ofrece ahora también sándwiches como el delicioso Poboy, langostinos a la leña con especias de tipo cajun, con salsa romesco, lechuga iceberg, chips de batata y un aderezo a base de leche de coco y eneldo ($220, sale en un muy buen pan de campo), también el Lucky Loin (con lomo al grill, queso Lincoln, lechuga, tomate y mayonesa de morrones asados, $220) o el Litoral, con bondiola de cerdo, crema de maíz amarillo, ensalada criolla y limón confit ($210). Hay también ensaladas (con pollo o langostinos), sándwiches vegetarianos, rolls como el Arrachera, que lleva entraña, cebolla salteada, guacamole, lechuga y queso fundido ($195) y algunas entradas perfectas para picar, como la de pollo frito con sriracha y papas ($150) o el hummus con lomo salteado. 

¿No será mucho dos TDN a tan sólo un par de cuadras de distancia? La gente esperando en hora pico frente a la puerta de cada local deja en claro que no. 

Tierra de Nadie La Villa queda en Av. Acoyte 263. Horario de atención: lunes a sábados, de 12 a 24. 


Al calor del horno

Pablo Mehanna

En una vitrina cancherean los múltiples formatos de empanadas del mundo árabe: los lehmeyun ($32) redondos y abiertos, cubiertos de carne especiada; los asabe ($45), de crocante masa philo repletos de verdura y queso árabe; los fatay ($32) triangulares junto a las sfijas ($32) con forma de barquillo y rellenas de pollo, de queso o de verdura. La lista sigue con kebbe frito ($32) de carne picada y trigo burgol, hummus (desde $55), ensalada tabule ($135) serma (hojas de parra con relleno de arroz), malfuf (hojas de repollo con carne y arroz), el laban (yogurt con menta, desde $55), entre muchísimas cosas más. Por ejemplo, un sin fin de pequeños dulces repletos de almíbares, frutas secas y especias ($600 el kilo), desde kurabie con manzana a galletitas graibe con almendras, pasando por los niditos de ashashi con castañas de cajú, los asabe el arus o el strudel de dátiles. Imposible no mirar esas vitrinas hipnotizado, sin saber qué pedir. Hay también mucho para llevar y cocinar en casa: la masa philo y la kadaif, el pan labash ($80 las seis unidades) y el árabe, las especias, el tahine, las frutas secas... Todo esto es parte de El horno de Medio Oriente, desde hace 40 años un bastión árabe en Buenos Aires. 

Ubicado a metros de la mezquita Al Ahmad, El horno de Medio Oriente tiene siempre clientes en el salón, que se acercan para comer allí mismo (aprovechando unas pocas mesas altas ubicadas en un costado del local) o para pedir en el mostrador y llevar. “El lugar lo fundó mi papá, Carlos Tarzi, hace 40 años. Como hijo de sirios, quiso replicar una costumbre muy local. En Siria, los que no tenían horno solían llevar sus empanadas y rellenos a la casa donde sí había uno, para que se los cocinen”, explica Marilí, que desde que falleció Carlos (en 2001), está junto a sus hermanos y su mamá a cargo del lugar. “Todavía tenemos algunos clientes que traen su propio relleno para que le hagamos las empanadas nosotros”, agrega. 

Platos reales, honestos, caseros, en una postal repleta de aromas y sabores: eso es El horno de Medio Oriente. 

El horno de Medio Oriente queda en Av. Juan de Garay 2501. Teléfono: 4941-2189. Horario de atención: martes a jueves de 8 a 21.30; viernes y sábados 8 a 22; domingos de 8 a 15.30. 


Snacks multiculturales

Pablo Mehanna

¿Cuál es la ciudad más cosmopolita del mundo? Una pista: no es Nueva York, tampoco Londres, México, París, Moscú o Beijing. Se trata de la canadiense Toronto, paraíso de la multiculturalidad. Se dice que la mitad de la población que vive allí nació fuera de Canadá. Por eso, Toronto tiene un barrio chino, pero también un Little Italy, un Little India, el barrio portugués, el polaco, el Koreatown, entre otros. Y no se trata sólo de los muchos inmigrantes (y de los cientos de miles de canadienses de segunda y tercera gene-ración), sino de que además ningún grupo prevalece sobre otro, generando una cultura propia y heterogénea. A todo esto homenajea 416 Snack Bar, una de las últimas aperturas en Buenos Aires. 

“El 416 Snack Bar original abrió en 2011, en Toronto, y es uno de mis lugares favoritos. Al venir a vivir acá, decidí abrir una sucursal de ese lugar”, explica Michael Scrimshaw. Para lograrlo se asoció con el también canadiense (e hijo de chilenos) Cristóbal Bascuñán, que supo ser chef del 416 en Canadá, y armaron una carta con snacks pequeños que representan a todo el planeta. El Reuben Sandwich de pastrón ahumado in situ es delicioso (con pan de Salvaje Bakery), el steak tartare ($95) con lomo crudo y dijón es absolutamente perfecto, el spicy tuna handroll ($85) tiene la forma cónica de un temaki con aromas de jengibre y cilantro. Hay además un bao al vapor con panceta braseada y salsa Hoi Sin (a $70, de los más ricos de BA) y un pollo frito coreano ($95) bañado en salsa gochujang bien picante. “Tuvimos que bajar casi todos los niveles de picante, el cliente local no tiene la misma resistencia que nosotros, los de Toronto”, dice Cristóbal. Para beber, cuatro canillas de cervezas muy ricas (línea Filidoro y una muy recomendable Refreshing Ale, de Dos Dingos), también la sidra tirada de Pülku y varios vinos bien elegidos. 

El manifiesto de 416 Snack Bar habla de una cultura global, de post-nacionalismo, donde se celebran las diferencias. Palabras puestas en acción a través de sabores de todo el planeta. 

416 Snack Bar queda en Á. J. Carranza 1940.  Horario de atención: lunes a viernes de 17 a 2;  sábados y domingos de 13 a 2. Martes cerrado.

Tu navegador tiene deshabilitado el uso de Cookies. Algunas funcionalidades de Página/12 necesitan que lo habilites para funcionar. Si no sabés como hacerlo hacé CLICK AQUÍ