SANTA FE> Verano en las orillas del Paraná
Un rosario de sol y río
De día, playas sobre el Paraná, kayak y paddle surf. De noche, arte, circuito cervecero, cine y picnic bajo las estrellas. Las propuestas veraniegas de Rosario se abren a todos los gustos y van desde las actividades en tierra y agua hasta los sabores del río, sin olvidar ni a grandes ni a chicos.
Desde hace más de un siglo los rosarinos “hacen playa” en el balneario La Florida.Desde hace más de un siglo los rosarinos “hacen playa” en el balneario La Florida.Desde hace más de un siglo los rosarinos “hacen playa” en el balneario La Florida.Desde hace más de un siglo los rosarinos “hacen playa” en el balneario La Florida.Desde hace más de un siglo los rosarinos “hacen playa” en el balneario La Florida.
Desde hace más de un siglo los rosarinos “hacen playa” en el balneario La Florida. 
Imagen: Ente Turístico de Rosario

La pala se hunde con alguna resistencia. Pero esta vez no es la pala del kayak, deporte ya tradicional en Rosario y al que nos hemos acostumbrado después de algunas expediciones. Acá se trata de respirar profundo y mantener el equilibrio o, mejor dicho, de olvidarse del miedo a caerse al agua, de que esa idea simplemente no exista. “El 90 por ciento de los que vienen a probar paddle surf logran pararse en la tabla en la primera clase”, asegura Victoria Lotto, profesora de Educación Física e instructora de este deporte que hemos venido a practicar al balneario La Florida, ubicado a unos 14 kilómetros del centro de la ciudad de Rosario, muy cerca del puente que la une con Victoria, Entre Ríos. 

La estadística se cumple, porque al cabo de unos veinte minutos de andar de rodillas sobre la tabla (más ancha que las de surf para tener más estabilidad) logramos ponernos de pie y pasear un rato por el Paraná. Aunque las piernas tiemblen un poco, llegamos sin mojarnos de regreso a la costa. “Con quienes ya tienen más experiencia organizamos travesías y distintos recorridos por el río”, dice Victoria, asegurando que cada vez más se acerca gente de todas las edades a probar con el paddle surf. “Es muy entretenido y además, como todos creen que no van a poder pararse sobre la tabla, cuando lo logran sienten una alegría que les dura todo el día y después no se quieren bajar”, explica. 

La propueta clásica en este balneario rosarino es venir a pasar el día, divertirse en el agua, jugar al beach vóley (hay cinco canchas), descansar, tomar tragos en los puestos y barcitos playeros, practicar zumba, jugar al tejo (hay clases gratuitas de ambas actividades los fines de semana) y, por supuesto, comer pescado. A unos metros de donde practicamos paddle surf nos esperan en Mapu, un nuevo bar parador con deck de madera y luces de colores que se van prendiendo a medida que se hace de noche. Los aromas de la playa van cambiando mientras el sol se oculta y el paisaje se va tornando más silencioso, más íntimo. ¿Están para una merienda o para algo más?, nos preguntan y la decisión recae en una boga grillada con algunas salsas y papas doradas. “Se puede caranchear”, menciona el mozo con complicidad, es decir, que la boga está justa para comer de a pedacitos, con la mano. Las papas crujen, la cerveza está fría. Bienvenido, verano.

Ente Turístico de Rosario
La flor del irupé, una de las bellezas del Litoral, se hizo juego en el Parque de las Colectividades.

ROSAS, CULTURA Y BICIS Este es el sueño de todo ser urbano: recorrer la ciudad en bicicleta con la bella posibilidad de andar relajado y de paseo. Frente al Monumento a la Bandera se encuentra la Estación Fluvial, el puerto de pasajeros de Rosario desde donde se contratan excursiones náuticas (lanchas, gomones) y también se pueden alquilar bicis. 

Desde allí partimos con el propósito de recorrer las zonas neurálgicas (turísticamente hablando) de Rosario. Siempre con el Paraná a nuestra derecha anduvimos por la costanera, pasamos por los famosos galpones de arte (donde hay muestras, talleres y espectáculos), restaurantes tradicionales y vanguardistas, atravesamos el Parque España con su imponente anfiteatro, vimos los nuevos juegos infantiles que recrean la planta del irupé y llegamos al Macro, Museo de Arte Contemporáneo, que siempre ofrece un gran experiencia para los sentidos. Luego tomamos por el clásico Boulevard Oroño cuyas arboledas dan un respiro del sol, y luego de unas 20 cuadras llegamos hasta el Parque Independencia, con su lago para andar en bote, el Museo Castagnino y El Rosedal, que fue intervenido a lo largo de todo el año para que llegara lindo al verano y así recibir a los ciudadanos que se acercan a disfrutar del espacio verde y del jazz al aire libre que hay jueves y viernes. Para que El Rosedal sea el lugar que es hoy, en julio se plantaron 7000l rosales de 37 especies diferentes, se reubicaron 260 rosales históricos y se implantaron panes de césped. Otra de las novedades es que se habilitó la posibilidad de contraer matrimonio en este particular espacio, con tanto éxito que muy rápido se agotaron las reservas para casarse el año pasado. Además, durante el verano Rosario ofrece ciclos que ya son un clásico, como Cine Bajo las Estrellas, donde se proyectan películas en espacios públicos y la gente se lleva su reposera para un picnic nocturno, y el ciclo en el Teatro de la Comedia llamado Un verano fresquito. También hay un programa de capacitaciones varias para profesionalizar las comparsas que desfilan cada año en el carnaval rosarino (empieza el 12 de febrero) y se siguen organizando los bailes en los clubes de barrio. “Priorizamos la defensa y el disfrute del espacio público”, enfatiza Guillermo Ríos, secretario de Cultura de Rosario. “En eso pensamos a la hora de programar las actividades y hace ya muchos años que la cultura forma parte de la política pública de la gestión”.

Nuestro tour culmina en pleno centro rosarino, con una visita a la Plataforma Lavardén, centro cultural reconocido por sus propuesta artística de vanguardia (como las almohadas cuentacuentos o la Galería de los Roperos, donde al abrir la puerta del supuesto mueble uno entra literalmente a otros mundos) y al museo del diario La Capital, que acaba de cumplir 150 años en 2017. Vale la pena recorrer el museo para ver cómo se hacía un diario hasta no hace tanto tiempo, aunque parezca –por comparación con el sistema informático de hoy– que toda esa maquinaria llamada “las rotativas” pertenece a un mundo tan antiguo como el de las películas en blanco y negro.

HELADOS Y CERVEZA Desde 1999 Rosario ostenta la categoría de Capital Nacional del Helado Artesanal y un origen “heladero” que nació con la llegada de inmigrantes italianos luego de la Segunda Guerra Mundial. De las 190 heladerías que hay en la ciudad tenemos cita en una: Marbet. Allí probamos varios sabores gourmet entre los cuales se destaca el Amélie, un chocolate blanco muy cremoso con hilitos de maracuyá que logra que lo dulce y lo ácido se fusionen en boca. Una rica experiencia. “Queremos recuperar lo sabores de la infancia porque el helado se asocia a las emociones”, describe María Rivero mientras nos comenta que importan chocolate de Suiza sin procesar. “Para cada momento hay un sabor”, destaca.

Como en todo lugar con movida nocturna, en Rosario también están en auge los circuitos de cerveza artesanal con nuevas propuestas de esta bebida que se ha convertido en un clásico de fin de semana y del after office. Nuestro itinerario nos lleva a Goodfellas, ubicado sobre la conocida calle Pellegrini -que es parte del corredor gastronómico de la ciudad- y con una terraza enorme pero que se llena rapidísimo, incluso los lunes. “Estamos armando una boutique station de llenado de cerveza (envases de dos litros) donde se garantiza la calidad de la bebida y el sistema de envasado”, dice Mauricio Durán, productor cervecero que empezó en el rubro hace siete años y que hoy elabora 12.000 litros por mes. “Nuestra cerveza tiene calidad también en sus aromas y es de alta tomabilidad, es decir que es fácil de tomar aun en el caso de la que tiene mayor contenido alcohólico”, explica y agrega: “Hoy el furor es la cerveza lupulada, de sabor intenso y con un perfil amargo”.

Hacemos un cata de cerveza y, como es de esperar, cada uno elige según sus gustos, aunque las más ganadoras fueron la cerveza con aires de canela y miel y la strong scotch ale, también conocida como wee heavy, que tiene 8,5% de alcohol y es de cuerpo maltoso y con reminiscencias a whisky. Una delicia para acompañar las croquetas de bondiola y cebollas caramelizadas, las empanaditas de queso y verdeo y el crumble (¡tibio!) de manzanas. Porque, ¿quién dijo que las cervezas solo van con papas rústicas y pizza?

Ente Turístico de Rosario
Frente a la terminal de ómnibus desde hace pocos meses se luce el paseo gastronómico del Mercado del Patio.

LINDO, RICO, ACCESIBLE Inaugurado el pasado septiembre, el Mercado del Patio es un paseo gastronómico ubicado frente a la Terminal de Ómnibus, que posee 40 locales concesionados a emprendedores, productores, cooperativas y empresas de gastronomía. Además de la bella estética con que ha sido organizado, este mercado ofrece productos de calidad tanto para consumir allí mismo como para llevar, con un dato que hace a la diferencia: los precios son igual o más bajos que en supermercados y almacenes comunes. “La idea del Mercado es acercar a productores y emprendedores de manera directa al público, con el extra de estar emplazado en antiguas construcciones ferroviarias bordeadas por un amplio espacio verde con un espejo de agua y una antigua glorieta con enredaderas”, destaca Candelaria Blanco, responsable de esta iniciativa conjunta del gobierno municipal y provincial. Nuestro almuerzo está organizado en Churrasquito, uno de los bares del Mercado, que se especializa en sándwiches y vermut de grifo (sale por canilla, ya preparado). Nos reciben con el Rosso de la Casa, que tiene Cinzano, Cestari, Campari, soda y naranja y con un surtido de sándwiches donde hay uno que se destaca: el de vitel toné, con pan de miga, peceto, huevo y alcaparras. Viene con una guarnición muy especial: churros de papa, parmesano y mostaza. También hay opción vegetariana, con base de berenjenas grilladas.

Volviendo a la zona del río llegamos a Aquabar (el bar que acompaña al Acuario del Río Paraná de próxima inauguración) desde cuya terraza es posible perder la vista en el agua y quedarse horas en una tranquila contemplación. Ramiro Locaso, el responsable de crear y ejecutar los tragos de la barra, nos recibe con un Diógenes, una creación que homenajea a su abuelo y lleva Carpano bianco, cordial chai, lima, almíbar, soda, naranja y canela. “El sabor siempre estuvo en casa porque venimos de familia gastronómica”, explica. “Mis abuelos tenían huerta y comíamos todo de ahí, así que los condimentos no me resultan ajenos”. Será por eso que los sabores que mezcla Ramiro parecen tocar algún punto ubicado entre el paladar, el cerebro y el corazón. El bar está abierto todos los días y los fines de semana hay shows musicales. Nuestro recorrido por Rosario culmina en un superclásico: Sunderland Bar, donde lo ideal es sentarse afuera, bajo los árboles, en una noche cálida. Cordero cocinado en modo lentísimo, trucha rellena, pasta vegetariana. Panna cotta de maracuyá. Café. En un rato nos esperan en el centro de la ciudad donde han armado un escenario al aire libre porque hay un recital sorpresa. Así se vive Rosario en verano.

Ente Turístico de Rosario
Buen gusto rosarino junto al agua, con el pescado de río a la parrilla de Bajada España.

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