Esta semana se cumplen tres años de la muerte de Nisman, sin pruebas de homicidio
Una causa que hace agua
El juez Ercolini dictaminó que al fiscal lo mataron, pero las pruebas no resisten el menor análisis y menos el escrutinio de un juicio oral. La carta política y el impacto de un fallo en la política nacional e internacional.
Imagen: Télam

El jueves se cumplirán tres años de la muerte de Alberto Nisman pero la causa judicial quedó en un callejón sin salida. El juez Julián Ercolini dictaminó que al fiscal lo mataron, apuntó a un cómplice, Diego Lagomarsino, pero no tiene el menor indicio de los supuestos asesinos. Todo se basa en un disparatado peritaje interdisciplinario de la Gendarmería que el magistrado ni siquiera se animó a confrontar con quienes hicieron las pericias anteriores. Esos estudios previos dictaminaron todo lo contrario: que no se advertía accionar homicida y que no había ninguna otra persona en el baño al momento del disparo. Lagomarsino y sus abogados todavía no decidieron si van a apelar o no. Están tentados a ir directamente al juicio oral considerando que no existe la menor evidencia en el expediente. Es una resolución que tendrán que adoptar antes del 1 de febrero, cuando termine la feria judicial. En paralelo, los cuatro custodios de Nisman también fueron imputados como encubridores y seguramente apelarán. 

El expediente quedó en una encerrona. La irracionalidad y la falta de pruebas sólo se puede sostener porque así lo quiere el aparato de poder político-judicial-mediático de intereses nacionales e internacionales.

1 No pudieron ni podrán imputarle a Lagomarsino la autoría material.

El juez Ercolini no termina de decirlo pero está probado que Nisman habló con su custodio Néstor Durán después que Lagomarsino se fue de Le Parc, el sábado 17 de enero a las 20. También habló con un periodista de Infobae y chateó con una de Clarín hasta pasadas las 21. Nisman estaba con vida después que el informático se fue. Por eso, el magistrado terminó convalidando que Lagomarsino fue cómplice de otras dos o tres personas, que no se sabe quiénes son, ni por qué habrían matado a Nisman, ni cómo entraron al edificio ni cómo salieron. 

2 Será difícil enjuiciar a Lagomarsino cómo cómplice.

Se supone que el informático formó parte de un plan. El juez lo reconoce: cómplice de individuos que “todavía no han sido identificados”. En verdad el magistrado no tiene una llamada dudosa de Lagomarsino, un testimonio que mencione que estaba relacionado con supuestos socios en el homicidio. Por ejemplo, menciona que los custodios de Nisman encubrieron lo que él considera que fue un asesinato, pero no hay ninguna comunicación de Lagomarsino con ellos. Tampoco el juez ni ninguno de los investigadores anteriores, en tres años, encontraron vínculo del informático con funcionarios del gobierno, de la oposición, o servicios de inteligencia. Será difícil condenar a alguien por ser cómplice de fantasmas. 

3 El arma “amiga”.

Desde el primer día, el fiscal Eduardo Taiano y el juez tuvieron frente así un problema insoluble: por qué Lagomarsino aceptaría ser parte de un plan en el que el arma es una pistola inscripta en el Renar a su propio nombre. La solución fue instalar la idea de que para simular un suicidio se necesitaría “un arma amiga”, una cuyo origen estuviera claro. La propia historia desmiente esto: en centenares de casos no se sabe cómo el suicida compró el arma. Lo que más identifica un cuadro suicida es que el arma aparezca en la mano o cerca de la mano de la víctima. No fue éste el caso. La Bersa se encontró debajo del hombro de Nisman. Es decir que si los dos o tres sicarios armaron el escenario del suicidio, a tal punto que consiguieron que alguien prestara su propia arma, resulta inconcebible que no hayan reparado en lo más elemental: poner la pistola en su mano. 

4 El custodio, otro cómplice.
 

El otro problema de difícil solución para el fiscal y para el juez es que uno de los custodios, Rubén Benítez, declaró originariamente que Nisman también le había pedido prestado un arma, con el mismo argumento con el que después se la pidió a Lagomarsino: que la necesitaba para defender a sus hijas. Una vez más se plantea el problema de que si Benítez también fue cómplice, como lo plantea el juez, se necesitará probar el vínculo con Lagomarsino, o el vínculo entre Benítez, Lagomarsino y un tercero, supuesto articulador del plan criminal. Nada de esto aparece en las acusaciones del fiscal y el juez. A priori parece complicado que se pueda condenar a alguien en un juicio con semejante agujero probatorio. 

5 La mecánica (I).

Según Gendarmería, Nisman fue sometido a una brutal paliza, lo que le provocó la fractura de la nariz, una lesión en la boca, en el hígado y en una pierna. El Cuerpo Médico Forense (CMF), que tiene la máxima experiencia en autopsias del país, sostuvo todo lo contrario: no hay golpes y menos todavía una fractura en el tabique nasal. A esto se agrega un verdadero pase de magia de Gendarmería: que a Nisman lo durmieron con un fármaco totalmente inadecuado y que hace años que no se utiliza como anestésico, la ketamina. Para colmo, todo es una especulación ya que Gendarmería no pudo determinar qué cantidad tenía Nisman en el cuerpo ni cómo le fue administrado. Semejantes afirmaciones difícilmente sobrevivan a un juicio oral, donde se requiere más que una especulación. Todo indica que en esa instancia serán llamados a declarar los integrantes del CMF que dirán –como ya dijeron– todo lo contrario de lo afirmado por Gendarmería. Sin la existencia de la paliza y la ketamina no habrá forma de establecer por qué Nisman no opuso resistencia cuando supuestamente le pegaron un tiro. 

6La mecánica II.        En su escrito de procesamiento a Lagomarsino, el magistrado esquivó explicar cómo habrían entrado y salido los sicarios al departamento de Le Parc. Cuando la madre y los custodios Luis Miño y Armando Niz trataron de ingresar a la unidad del piso 13 se encontraron con que la puerta principal no se pudo abrir porque la puerta estaba cerrada de adentro con un pasador. 

El paso siguiente fue intentar el ingreso por la puerta de servicio. Sara Garfunkel, la madre de Nisman, tuvo que volver a su casa y trajo llaves. Abierta la Trabex, Garfunkel y los custodios igualmente se encontraron con que no podían entrar porque quedaba la cerradura de abajo, que no estaba cerrada, pero la llave estaba puesta del lado de adentro. Por eso tuvo que venir el cerrajero. En ese cuadro de situación, los sicarios, sí o sí, debieron tener llave, ya que la necesitaron como mínimo para cerrar la cerradura de arriba de la puerta de servicio, la única por la que pudieron salir. No hay datos anteriores ni evidencias de que alguien hubiera hecho copia de las llaves. Habrá que probarlo en un juicio. No será fácil. 

7 Mecánica III.

 También habrá que explicar otros elementos sobre la forma en la que se habrían manejado los sicarios. Cómo salieron del baño sin dejar rastros, cómo salieron del departamento cerrando del lado de adentro y del edificio sin ser vistos. Cómo se mancharon de sangre las manos de Nisman si quienes dispararon fueron los sicarios. El juez da como probado que no hay rastros de fulminante en las manos del fiscal, pero esa no es la conclusión real del estudio hecho por el ministerio público de Salta. “Se hallaron partículas consistentes con residuos de disparo”, lo que significa que había componentes de fulminante, pero no en las proporciones que certifican en forma categórica el disparo. “No se está afirmando que la persona muestrada no ha disparado”, dicen las conclusiones en forma específica señalando que pudo estar mal tomada la muestra o que no quedaron todos los rastros por el efecto de la sangre en las manos.  

8 Discursos.


A lo largo del eventual juicio, la querella de la familia Nisman seguramente insistirá una y otra vez que el fiscal no tenía tendencias suicidas, algo habitual en todas las familias de quienes se quitan la vida.

La realidad es que Nisman estaba en un fin de semana dramático. La jueza María Romilda Servini de Cubría desechó su denuncia por el Memorándum diciendo que el fiscal no aportaba pruebas. El juez Ariel Lijo sostuvo que Servini tenía razón mientras que Rodolfo Canicoba Corral afirmó que la denuncia no tenía identidad probatoria y que había que investigar a Nisman porque dedicó meses a una pesquisa sin supervisión ni autorización de un juez. El ex titular de Interpol, Ronald Noble, calificó la denuncia como “falsa” y su hombre de confianza, el espía Horacio Jaime Stiuso, que le prometió pruebas contundentes, desapareció y no le atendió el teléfono. Al día siguiente, el fiscal tenía que ir al Congreso a defender ante los diputados del Frente para la Victoria, una denuncia totalmente devaluada. Por entonces, Nisman estaba convencido que lo iban a echar de la fiscalía –había un pedido de los familiares de las víctimas– y enfrentaba gruesos conflictos familiares y personales. Corría además riesgo que se descubrieran las cuentas y bienes que tenía ocultos. 

Vistas así las cosas, parecería una cuestión matemática: en un juicio oral, con semejante ausencia de pruebas, no puede haber condena. Sin embargo, la política –nacional e internacional– puede pesar en Comodoro Py muchísimo más que las evidencias. Un fallo absolutorio tendría un fuerte impacto en el país, en Estados Unidos e Israel: quedaría demolido uno de los instrumentos de mayor difusión usados por el gobierno, Washington y Jerusalem. No será sencillo que el Poder acepte semejante derrota. 

[email protected]

Tu navegador tiene deshabilitado el uso de Cookies. Algunas funcionalidades de Página/12 necesitan que lo habilites para funcionar. Si no sabés como hacerlo hacé CLICK AQUÍ