Las prácticas estructurales de la segregación
El otro hostil
Osvaldo Delgado y Pablo Fridman compilaron una investigación colectiva sobre el segregacionismo. Aquí detallan los alcances del trabajo, explican por qué el capitalismo favorece la segregación y analizan los efectos del racismo, la homofobia y la misoginia.
Osvaldo Delgado y Pablo Fridman, compiladores de Indagaciones psicoanalíticas sobre la segregación.Osvaldo Delgado y Pablo Fridman, compiladores de Indagaciones psicoanalíticas sobre la segregación.Osvaldo Delgado y Pablo Fridman, compiladores de Indagaciones psicoanalíticas sobre la segregación.Osvaldo Delgado y Pablo Fridman, compiladores de Indagaciones psicoanalíticas sobre la segregación.Osvaldo Delgado y Pablo Fridman, compiladores de Indagaciones psicoanalíticas sobre la segregación.
Osvaldo Delgado y Pablo Fridman, compiladores de Indagaciones psicoanalíticas sobre la segregación. 
Imagen: Guadalupe Lombardo

Por Oscar Ranzani

Las reflexiones sobre “lo desechable”, el mundo del lenguaje y el otro mundo, el psicoanálisis y la política, la segregación sexual y el baño unisex, la política sobre el daño y la experiencia en torno a los delitos de lesa humanidad, el totalitarismo neoliberal y la segregación del “loco” son algunos de los temas abordados por distintos profesionales en Indagaciones psicoanalíticas sobre la segregación (Grama Ediciones). Este trabajo de investigación colectivo fue compilado por Osvaldo Delgado y Pablo Fridman. Delgado es doctor en Psicología, psicoanalista y profesor titular de las materias Psicoanálisis, Freud y Construcción de los conceptos psicoanalíticos en la Facultad de Psicología de la UBA, mientras que Fridman es también psicoanalista, miembro de la Escuela de Orientación Lacaniana (EOL) y jefe de Servicio de Salud Mental en el Hospital Alvarez. 

Delgado señala dos cuestiones en torno de la segregación: “Lacan habla de la segregación estructural, en el sentido de que cada persona tiene su modo propio y específico de satisfacción. El mayor descubrimiento y formulación de Freud, más que el hecho de que hay sexualidad en la infancia, es que hay algo inatrapable en la sexualidad porque cada uno tiene su propio modo de satisfacción. Y su propio modo de satisfacción no hace masa. Eso es la segregación estructural. Por eso, los analistas siempre nos orientamos a trabajar respecto a la más absoluta singularidad y con el más absoluto respeto a la singularidad de la satisfacción de cada una de las personas”. Delgado comenta que sobre la segregación estructural se monta el segregacionismo, al que define como “prácticas donde se segregan grupos por particularidades de ciertas comunidades, como por ejemplo, el segregar a los negros, los homosexuales, los judíos”. El analista recuerda que en el nazismo se hablaba del judío “como si existiera un judío, cuando en verdad hay un judío, otro judío, otro judío... Se hablaba de un judío y, además, se lo veía como hostil porque se presentaba como si pudiera venir a atacar las propias condiciones de satisfacción del ario nazi. O en la República Argentina la dictadura militar implantó la idea de que los militantes venían a atentar contra una comunidad nacional y patriótica”. Pero Delgado plantea el asunto desde la óptica psicoanalítica: “En el psicoanálisis nada de eso existe. Más bien son respuestas que llamamos fantasmáticas y hostiles. Para el psicoanalista no hay ninguna identidad sino modos de satisfacción singular con alguna fijación en la temprana infancia y después identificaciones, pero identidad no hay”, agrega el psicoanalista en la entrevista con PáginaI12, de la que también participa Fridman.  

–¿El capitalismo favorece la segregación?

Osvaldo Delgado: –Absolutamente. Es su razón de ser. Ya de por sí condenar a millones de seres a una existencia casi de subsistencia y, a veces, ni siquiera eso, es efectivamente una política segregacionista con un nivel de crueldad absoluta. 

Pablo Fridman: –Las estratificaciones del consumo producen determinados estratos que, de alguna manera, generan efectos de segregación. Por ejemplo, es absolutamente insultante en cierto sentido que alguien a quien le está faltando la alimentación, las vestimentas, las condiciones básicas de subsistencia esté mirando por la televisión propagandas de autos de alta gama que se le ofrecen como promesas de felicidad que resultan absolutamente imposibles. Eso genera un efecto de hostilidad y violencia en relación a sentirse expulsado de los circuitos de consumo que, de por sí, generan efectos de segregación. 

–¿Qué diferencias podrían señalar entre discriminación y segregación de acuerdo al psicoanálisis?

O. D.: –Es difícil de poder precisar. Incluso, muchas veces se emparientan, pero uno puede situar que la discriminación no siempre implica una política segregacionista. Cuando se discrimina, por ejemplo, la población de tal edad, puede ser una discriminación al servicio de un planteo absolutamente progresista. Pasa que la palabra “discriminación” tiene mala prensa porque se la utiliza como sinónimo de “segregación”, pero no son sinónimos. 

P. F.: –En matemáticas, discriminar es separar; separar conjuntos, elementos. El discriminar después permite hacer operaciones matemáticas en términos absolutamente formales. Esto ha contaminado el habla coloquial y la discriminación ha pasado a ser efecto de segregación. La segregación respecto de la separación tiene un agregado que es la expulsión inconsulta y absoluta del otro que de entrada como condición inicial tiene que estar afuera o exterminado. 

–¿En la segregación no se les reconoce a los individuos su condición de sujetos?

O. D.: –Lo que ocurre es que hay un mecanismo muy interesante que ya desde Freud se llamó proyección. Todos los seres humanos tienen algo oscuro. Es cierto que no todos tienen freudianamente la misma cantidad de oscuridad. No es lo mismo pisar una cucaracha que asesinar a una persona, para decirlo muy gráficamente. No es lo mismo enojarse o insultar a alguien que asesinarlo. Pero todas las personas tienen un aspecto oscuro. Ese aspecto oscuro que tiene un sujeto va en contra de la imagen ideal que esa persona tiene. Se descubre mezquino, agresivo, calculador. Son aspectos oscuros que no encajan en su Yo ideal, en aquella versión ideal que tiene de sí mismo. ¿Qué hace el ser humano para tratar de mantener su imagen bella y maravillosa? Expulsa, proyecta eso oscuro en otro. Es un mecanismo de proyección. Entonces, el otro pasa a ser el agresivo, el mezquino, el violento, etcétera. Como lo ve todo oscuro lo expulsa, es violento con el otro, lo sanciona, lo encarcela.

P. F.: –También es importante decir que el sujeto segregado no tiene derecho a la palabra porque el que segrega no establece un debate ni una discusión ni tampoco permite una dialéctica con el otro. A priori, establece un efecto de expulsión. El objeto de la segregación no es considerado en su subjetividad en la medida en que no tiene derecho a expresar ningún tipo de palabra. El judío o el negro se encuentran con el efecto de segregación ni bien nacen. Es un atributo que le viene del otro que lo expulsa automáticamente, sin darle ningún resquicio a la palabra, lo cual lo deshumaniza absolutamente.  

–¿El racismo es para el psicoanálisis una manera de segregación social?

O. D.: –Sí, es uno de los modos, como la homofobia, la misoginia. En las últimas décadas la misoginia se ha expresado como violencia de género. Por más que se haya incorporado en el Código Penal la figura de femicidio sigue habiendo violencia de género. ¿Qué ocurre? Como las mujeres, además de alcanzar derechos civiles y políticos, alcanzaron la aptitud de decidir de acuerdo a su deseo con quien estar, con quien no estar y con quien dejar de estar, esto en muchos hombres que no son psicóticos, perversos ni delincuentes, produce una violencia inusitada que lleva al asesinato. La mujer dice: “No te amo más, amo a otro, me quiero separar” y el otro responde, como un goce de propietario: “Vos sos de mi propiedad. Es más, sos el objeto anal, la caca que me pertenece”.

P. F.: –Eso es un efecto de segregación, la asignación de ciertas tareas a la mujer, que tienen que ser hogareñas y criar a los hijos y atender al marido, generan en la dialéctica de la relación un efecto de segregación cuando eso no es deseado por la mujer: “Tu lugar es limpiar la casa”.

O. D.: –Tanto es así que se puede pensar a cada sociedad de acuerdo al lugar que cada sociedad les ha dado a las mujeres. 

–¿Cómo creen que influye la pérdida de ideales en la consolidación de la segregación social?

O. D.: –La caída de los ideales en la contemporaneidad produce muchos efectos. Así como el enaltecimiento de los ideales también provocaba efectos segregacionistas, porque en ese caso se recortaban aquellos que eran los que tenían relación respecto a un ideal con quienes no la tenían con ese ideal. Por ejemplo, las Cruzadas eran llevadas a cabo por aquellos que tenían en el lugar del Ideal a Jesucristo, en contra de los judíos y los musulmanes. En la actualidad, hay una caída de los ideales que produce, como dijo Freud, angustia, pánico, violencia y los hombres actúan sin ninguna consideración ni miramiento por el prójimo, buscando sólo su propio modo de satisfacción. No le importa nada del otro. Esto lo dijo Freud en El malestar en la cultura. Este es un aspecto de la cuestión. El otro es que la caída de los ideales viene a ser sustituido por grupos que arman familias con ley de hierro, como las bandas delincuenciales o las sectas. Ante la caída de los ideales surge un vacío absoluto que lleva a necesitar inscripciones en el cuerpo como tatuajes, con formación de grupos alrededor de alguna formación de goce como El club de los masoquistas, El club de los sádicos, El club de los tatuados de tal modo. Son como ghettos. Se ve mucho en la adolescencia. Y, además, esas figuras ideales son reemplazadas por encarnaciones feroces: el jefe de la banda delincuencial es un patrón que puede llevar a la muerte de un modo terrible. 

P. F.: –Hay una cuestión fundamental: el Ideal, que generaba grupos con ideas y objetivos similares, es reemplazado por una exigencia, que es la exigencia de una mayor satisfacción posible por cualquier vía. No es estrictamente un Ideal social, pero sí Ideal en tanto que cada uno se ve forzado culturalmente desde un mandato que le viene del otro a experimentar la mayor satisfacción posible en lo que esté: subir y escalar socialmente, acumular dinero, prácticas sexuales que sean absolutamente originales, sustancias que lo transporten. En fin, prácticas de todo tipo en donde la condición básica es cierta exigencia que opera en la época: “Tú debes satisfacer tus impulsos de la manera más intensa posible y sin miramiento por ningún otro”. Lo que viene del otro es: “No te estás satisfaciendo lo suficiente, no estás llegando a tu satisfacción plena, te falta un poco más de eso”. Y esto está favorecido y estimulado desde todos los medios, no sólo los medios de comunicación sino por toda una cultura que dice: “El Ideal social no tiene sentido. Lo único que vale es la satisfacción personal. Y cuanto mayor y más intensa, mejor”. Este empuje de la satisfacción personal y particular es favorecedor de los efectos de segregación.

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