La caída de la imagen del presidente Macri y su gobierno
Los globos se desinflan y no logran remontar
El ajuste previsional, el aumento de tarifas, la inflación y el affaire de Triaca traspasaron el blindaje de Cambiemos. Ocho consultores analizan si el impacto es coyuntural o continuará.
Algunos consultores sostienen que el Gobierno está perdiendo la confianza de sus propios votantes.Algunos consultores sostienen que el Gobierno está perdiendo la confianza de sus propios votantes.Algunos consultores sostienen que el Gobierno está perdiendo la confianza de sus propios votantes.Algunos consultores sostienen que el Gobierno está perdiendo la confianza de sus propios votantes.Algunos consultores sostienen que el Gobierno está perdiendo la confianza de sus propios votantes.
Algunos consultores sostienen que el Gobierno está perdiendo la confianza de sus propios votantes. 
Imagen: AFP

La totalidad de los consultores en campañas electorales coinciden en que existe una nítida caída de la imagen del gobierno y del presidente Mauricio Macri que lo ubica entre 40 y 42 puntos, uno de los promedios más bajo desde que asumió. Algunos la sitúan en diez puntos y otros incluso piensan que la pérdida es mayor. Pero el punto de debate entre los consultores-encuestadores está en si la caída es coyuntural o se trata de un fenómeno que llegó para quedarse. En esa polémica, están los que opinan que la administración Macri aprovechó el triunfo electoral para imponer medidas de ajuste  –suba de tarifas, recorte jubilatorio– y está por verse si puede recuperarse. Otros, en cambio, son más contundentes: piensan que el Gobierno está perdiendo la confianza de sus propios votantes, en especial porque no se ve ninguna recuperación económica o porque ya no se transmite convicción en el rumbo del denominado cambio. Es un debate abierto y las posiciones están planteadas. PáginaI12 dialogó con ocho de los consultores más conocidos del país. 

  • Roberto Bacman, titular del Centro de Estudios de Opinión Pública (CEOP),  sostiene que “la decisión de aprovechar las consecuencias del triunfo electoral para instalar un nuevo ajuste le produce un alto costo al gobierno. Por consiguiente, no debe extrañar a nadie que la imagen positiva del presidente tienda a la baja, con una pérdida de nueve puntos en estos meses y 15 puntos menos que a principios de 2016. A  esta altura de los acontecimientos no puede decirse que es una simple cuestión coyuntural. Las inversiones no llegan, la economía no arranca, la Argentina se endeuda cada día más, lo que se gana no alcanza para llegar a fin de mes, la temida inflación está con fuerte tendencia al crecimiento y además hay una sensación de que la marcha de economía tiene un rumbo impredecible”.
  • Enrique Zuleta Puceiro, al frente de Opinión Pública Servicios y Mercados (OPSM), cree que el punto clave no está en los resultados concretos de la economía sino en que se perdió la confianza en el sentido del cambio. “La caída en la opinión publica del gobierno y el Presidente es mayor de lo que la mayor parte de las encuestas hasta ahora publicadas indican. Entre los factores para tener en cuenta, el principal es tal vez la súbita dificultad del gobierno para seguir proyectando una imagen de seguridad en la dirección de sus políticas. Esto es algo decisivo que determina la suerte de todo gobierno. Mientras que se es capaz de proyectar un sentido claro de la orientación –desde donde se viene y hacia donde se va–, la sociedad acompaña, al costo que sea, y aun sin datos que avalen su confianza. A la inversa, cuando ese sentido de la dirección se pierde, la sociedad retrocede, se protege y deja de acompañar al gobierno. El gobierno hasta ahora la tuvo, a pesar de la ingenuidad y pobreza de sus estrategias comunicacionales. La perdió a lo largo de una rápida sucesión de errores. Creo que una clave fue imponer reformas mal estudiadas y articuladas, que al menor traspié en la negociación eran rápidamente consensuadas.”
  • Analía Del Franco, de Del Franco Consultores, considera que el final es abierto y que la mirada hay que ponerla en el mes de marzo. “Efectivamente en estos dos últimos meses su nivel de aprobación descendió desde los niveles que tenía con el alto impacto favorable causado por el resultado de la ola amarilla. Hoy se encuentra en la posición con la que arrancó las elecciones en 2017. La mirada pesimista es  no haber podido retener ese plus logrado en octubre 2017. La mirada optimista es que aprovechó este plus para tomar decisiones no populares como el ajuste previsional. La prueba de fuego es marzo, para este y cualquier otro gobierno. La llegada de las obligaciones de compra, el comienzo de las clases y una mirada del año en perspectiva justo en un momento crítico. El gobierno de Cambiemos ya pasó por esta situación en marzo del 2017 y se recuperó. Claro que pasó un año y revalidar ahora la confianza no es igual.” 
  • Facundo Nejamkis también deja abierto el diagnóstico. El consultor de Opina Argentina sostiene que  “la agenda de reformas que el gobierno ha propuesto para el año 2018 es muy difícil de asociar con un mejoramiento concreto e inmediato de las condiciones de vida. La conflictividad alrededor de cuestiones tales como la reforma laboral o la reforma jubilatoria, sumadas a un estado actual de la economia que tampoco la opinión publica visualiza de forma positiva, tiene como efecto el descenso de la imagen del gobierno y del presidente. Es probable que esta agenda se haya decidido en virtud que estamos frente a un año no electoral. Veremos si el gobierno esta dispuesto a pagar los costos y si luego tiene estrategias de recuperación”. 
  • Ignacio Ramírez, director del pos- grado de Opinión Pública de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (Flacso), analiza que ya había una especie de caída tácita incluso en tiempos del triunfo electoral de Cambiemos. “La caída de la imagen del gobierno es posterior a las elecciones. Aquí sugiero revisar y corregir una falsa y apresurada conclusión según la cual las diferentes crisis y errores cometidos por el Gobierno ‘le salían gratis’. La opinión pública no reacciona automáticamente, nunca modifica inmediatamente sus opiniones, pero eso no significa que los asuntos públicos resbalen y se evaporen, sin dejar marcas. Por citar un ejemplo, imágenes como la ausencia insensible del Presidente frente a la crisis del ARA-San Juan (una reacción inédita en términos de comunicación política) se almacenan en la opinión pública y van incubando dudas, malestares. Y luego la reforma previsional fue la iniciativa que terminó de cristalizar un enojo que la opinión pública venía balbuceando en voz baja y que el Gobierno no alcanzó, o no supo, escuchar a tiempo. También pesa el fin de la pesada herencia como marco narrativo efectivo para desviar las atribuciones de responsabilidades y postergar en la gente la espera de resultados.” 
  • Ricardo Rouvier, de Rouvier y Asociados, hace una clara distinción entre lo coyuntural y lo estructural. Y concluye que Cambiemos está empezando a tener problemas de fondo. “Hay dos niveles que casi siempre se presentan en la conformación de la opinión pública: una línea más coyuntural , que es una línea punteada, más sensible y más cambiante; y otra más profunda de mayor consistencia y duración. El gobierno a partir de diciembre tuvo una caída provocada por aspectos de corto y mediano plazo. En primer lugar, la ley previsional fue sentida como una exacción a los jubilados y pensionados. Esto fue el factor principal del cambio de tendencia a lo que se agregó el ajuste de tarifas y luego lo del ministro Triaca. En lo profundo, hay otra cuestión relacionada en parte con lo anterior, pero de mayor envergadura. Es el comienzo de un desencantamiento en el universo de votantes de Cambiemos respecto a los resultados de la economía. Parte de la sociedad esperaba una rápida recuperación que pueda ser vivida y sentida por  los ciudadanos; pero eso no ocurre y la esperanza empieza a ser desplazada por la desilusión.”    
  • Artemio López, de Equis, sostiene que la caída no es para nada coyuntural. “No es un pérdida coyuntural en tanto las medidas socioeconómicas que provocan la caída en la popularidad no lo son. Agregaría que el descenso de la aceptación impacta sobre Macri y se expande a sus principales referentes, en especial la gobernadora Vidal, cuyas medidas de ajuste sobre los ingresos familiares (vía aumento de servicios y tarifas) son muy profundas y en muchos casos imposibles de afrontar para amplios segmentos de hogares de clase media baja y baja.”
  • Fernando Zack considera que hay una política del oficialismo de aplicar medicina amarga después del triunfo electoral, pero percibe que puede utilizar lo acumulado este año para imponerse en los comicios presidenciales del año próximo. “2018 no es año electoral y, por lo tanto, Cambiemos lo va a aprovechar para implementar una serie de medidas impopulares que le permitan reducir el déficit fiscal y las necesidades de endeudamiento. Es de esperar que durante este año los niveles de apoyo al Gobierno nacional se deterioren aunque eso no implique necesariamente el fortalecimiento de algún dirigente o coalición opositora. El objetivo de Cambiemos es iniciar 2019 con la economía creciendo y la billetera del Tesoro más abultada para poder financiar las buenas noticias necesarias para ganar una elección presidencial.”

Como se ve, el diagnóstico está discutido. La mayoría de los consultores creen que la administración Macri puede recuperarse pero que las cosas ya no serán como antes. Todos coinciden en que gran parte de las respuestas están en la economía, pero –al menos por ahora– desde la economía las respuestas no son buenas. 

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