Personajes: Entrevista a Natalia Lafourcade antes de cantar en los Oscar y de visitar Buenos Aires.
Mi bohemia
Imagen: Jennifer Pochat

Una sola cámara va junto a Natalia, que temprano por la mañana sube una escalera de troncos, piedras y vegetación hasta llegar a la entrada de un estudio de grabación situado en el Desierto de los Leones, un imponente paraje selvático ubicado a treinta kilómetros al sur de la Ciudad de México. Dentro del estudio ya están tocando Los Macorinos, el dúo de guitarras compuesto por el argentino Juan Carlos Allende y el mexicano Miguel Peña, acompañantes de Chavela Vargas en sus presentaciones desde 2004 hasta su fallecimiento en 2012. Natalia los ve tocar a través de una ventana y recién unos minutos después, luego de que la última nota se funde con el aire hasta desaparecer, asoma medio cuerpo por la puerta entreabierta y en voz muy baja, cuidadosa de no quebrar el hechizo de lo que acaba de sonar, les susurra aniñada “Qué boniitooo tooocaan”, así, estirando las vocales, y con una sonrisa gigante entra al lugar. De esa manera comienza Musas, el documental que da cuenta del proceso de creación del disco del mismo nombre que Natalia Lafourcade grabó junto a Los Macorinos a comienzos del año pasado, un trabajo elaborado en esos mismos estudios y lanzado en dos volúmenes, el primero editado a mediados del año pasado y el segundo a comienzos de este mes. Allí tienen lugar composiciones de la cantante inspiradas por la música del dúo junto a otras piezas del folclore latinoamericano escritas por artistas como Violeta Parra o Simón Díaz, una cruza de mundos que paradójicamente dio lugar al que probablemente sea el álbum más íntimo de la cantante. 

Esta noche, sin embargo, Natalia vivirá el reverso de aquella escena privada en medio del bosque cuando varios equipos de cámaras última generación se enciendan para salir en vivo desde el Dolby Theatre de Hollywood hacia todo el mundo. Será en la 90ª edición de los Premios Oscar, donde la cantante tendrá una participación estelar junto al actor Gael García Bernal para interpretar el tema “Remember me”, pieza central de la película animada Coco que competirá por la estatuilla a la Mejor Canción Original.

Tiene sentido que Lafourcade haya sido la elegida para la ocasión. Al igual que la película –una encantadora fábula animada cuya historia transcurre durante la colorida tradición mexicana del Día de los Muertos– esta menuda pero avasallante cantautora oriunda del DF viene llevando adelante desde comienzos de esta década un minucioso rescate de la tradición musical folclórica de México y el resto de Latinoamérica, una llamada de conciencia que pone al frente parte de lo mejor de un país cada vez más señalado de manera negativa por sus vecinos del norte: “El hecho de que la película esté llamando la atención ya tiene de por sí mucho valor”, afirma Natalia al teléfono. “Creo que permite mostrar una parte de México que vale mucho la pena, cosas de nuestra cultura, de nuestras tradiciones, y hoy en día eso es importante, en este momento donde está todo tan delicado, donde pareciera que se quisieran alejar todos estos aspectos ricos y deliciosos de mi país para apuntarle como si fuera un lugar muy negativo. Que por supuesto tiene sus cosas malas, pero también hay una parte hermosa, y mucho de lo que son la cultura y las actividades de los Estados Unidos tiene que ver con lo que México le lleva también”. 

El camino que Lafourcade recorrió desde sus comienzos a los 18 años de edad hasta hoy es uno de constantes cambios sostenidos por su fuerte personalidad, que ya asomaba en el primer hit que la hizo conocida allá por el 2002, “En el 2000”, una contagiosa pieza en cuyo video aparecía con un look entre freak y aniñada disparando frases como “El planeta gira y gira a la derecha” o “Si ven a Ricky Martin en revistas lo recortan”. Aquel debut juvenil llamó la atención de Meme Del Real, tecladista de Café Tacvba, quien produjo en 2005 su siguiente trabajo, Casa. El éxito que la proyectó a nivel internacional llegó en 2009 con HuHuHu, un álbum de canciones eclécticas con colaboraciones de Julieta Venegas e influencias tan dispares como Björk, Joanna Newsom o Ella Fitzgerald, pero el gran quiebre en su carrera sucedería en 2012 con Mujer divina, un homenaje al cantautor mexicano Agustín Lara en el que Natalia recreó las composiciones del bolerista a través de dúos junto a artistas como Adrián Dárgelos o Devendra Banhart. Ese abordaje de canciones que formaban parte del repertorio tradicional de su país fue la chispa que encendió su trabajo siguiente, Hasta la raíz, un disco de piezas originales inspiradas por el folclore mexicano. Editado en 2015 y producido por     Cachorro López, el trabajo se llevó un Grammy al Mejor Álbum de Rock Latino/Alternativo. 

Poco después, en un espectáculo concebido como homenaje a Chavela Vargas, Natalia conoció a Los Macorinos y de inmediato nació la química que finalmente se materializó en Musas: “Tenía muchas ganas de recuperar el espíritu bohemio de aquellos sonidos caseros de otras épocas”, cuenta la intérprete que el próximo 27 de abril estará presentando este nuevo trabajo en nuestro país. “Hicimos una lista de treinta temas posibles y finalmente grabamos veintiséis, que decidimos separar en dos volúmenes. No quería sacar de una un disco doble y saturar al público, sobre todo porque nos llevó un tiempo comprender desde dónde interpretar las canciones y encontrar sus arreglos. Tratamos de digerir el proyecto sin prisa para que cada canción vibrara con su propia fuerza”. 

Fue en ese ambiente de comunión creativa donde sobrevoló el espíritu indomable de las grandes artistas latinoamericanas del siglo pasado, sobre todo esa hermosa musa en llamas que fue Chavela Vargas: “Chavela no se pensaba dos veces la vida, iba con todo y lo entregaba todo”, afirma Natalia, y concluye: “Ella fue una inspiración en este proyecto igual que Violeta Parra, Frida Kahlo o Mercedes Sosa, mujeres fuertes, empoderadas, apasionadas. Con ellas entendí que tenía que abrir los brazos y dejar que las canciones vivieran a través de mí y me permitieran ser la artista que soy, honestamente y sin barreras. Creo que cuando logras hacer las cosas de esa manera la música trasciende, te conecta con los demás. Ese es mi principal interés”.

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