Sorprende verlo en campaña a este presidente. Después de haber dicho que si lo reeligen va a hacer lo mismo pero con mayor rapidez, ahora recorre el país prometiendo que va a cambiar.
Argentina está en suspenso. Y ese suspenso produce angustia. Se supone que Macri ya fue, como dice la alegre canción que se canta con acentuado fervor.
Los panqueques que afloran día a día son las ratas que abandonan el barco. Los de Juntos por el Cambio decidieron hacer campaña política territorial y salieron a tocar timbres.
Todo esto ya pasó. Y terminó tan mal como va a terminar ahora. La pena es que hayamos tenido que padecerlo de nuevo.
Las PASO le pasaron por encima a Juntos por el Cambio. No sólo fue, como dijo Macri, una mala elección. Fue una paliza apocalíptica.
En el Encuentro Nacional de trabajadoras bancarias Cristina Kirchner dio una charla.
Cuesta creerlo y duele. Después de casi cuatro años de Cambiemos el país está deteriorado hasta extremos impensados.
La tristeza invade las calles. Será necesario apenas caminar algunas geografías de la ciudad para notarlo. La “revolución de la alegría” ha fracasado en sus más elementales propósitos.
Ya no hay identidades políticas. Cualquiera puede estar en cualquier parte en cualquier momento. Antes de comer un desbordante asado, los “peronistas del PRO” cantaron la marcha peronista.
La foto es una bofetada.