Los casos del humorista Radagast y el rapero XXL Irione alumbran los claroscuros virales: cómo paga la fama digital y cuánto más rinde el play que el corte de tickets.
Embolado de estar tapado por la batería, frentea un plan mestizo donde beatboxea, pulsa máquinas de escribir y canta historietas psicodélicas.
Con casi una década, la orquesta de reggaeras sobrevive mestiza, tiene disco nuevo y copa el circuito con cuidado.
Dúo ampliado de pop-rock flasherito, su disco bombea en Spotify con sus collages climáticos.
Volvieron los ‘90 y con ellos un revival del rock de barrio y sus valores binarios, siempre populares.
“No esperamos nada de la música; nos hace felices y con eso alcanza”, dicen mientras presentan Suicidas y sicarios, su noveno disco en 23 años.
Tocan gratis para mover la primera parte de su nuevo disco en tríptico, que el año próximo seguirá con dos entregas, película y libro de gráficas.
De zapar a escondidas durante un casorio a grabar en los acantilados chilenos, la ruta de una banda a contramano.
Colaboradores de Fidel Nadal, Malena D’alessio y Luis Alfa, los boricuas denuncian el monopolio del reggaetón.