Queridos/as/es deudores/as/os:
Queridos, queridas y querides deudores:
Lector de mi electocardiograma, lectora de mi neurona de turno, lectoro de mi hemoglobina corpuscular media:
Deudores de mi corazón salvaje:
Lector de mis cacareos tardíos, acompañante más que digno de mis dudas espinosas y achaparradas, tábano insaciable de mis hipersensibilidades no resueltas, impasible aunque no imparcial vigía de mi
Carísime deudori, compañeros, camaradas, correligionaries o como cada cual se autoperciba:
Léctor léctoris lectóribus de mis esternocleidomastoideos:
Estimadísimos (por no decirles "carísimos", que lo son) lectóribus, compañeros de deuda, camaradas de consumo, correligionarios de salario mínimo (lo de “vital” y “móvil” sería parte de las nuevas
Deudores sesquicentenarios de mi mediastino (corazón incluido):
Carísimos y carísimas deudores/as: