En política y en economía, se sabe, no existen absolutos ni verdades incontrastables. Muy bien.
En este país es inevitable pensar en claroscuros.
La vergüenza nacional al ver a los Granaderos de San Martín portando la bandera española significó, la última semana, una de las más graves afrentas a la Patria por parte de este gobierno cipayo y
No hay eufemismos que valgan: Brasil muestra en estas horas lo peor y más descarnado del fascismo contemporáneo.
Ahora el Presidente alaba la dizque disminución de la pobreza.
Recularon con Etchecolatz, recularon con Pando, recularon con Astiz. Dejaron en libertad a Zannini y a D’Elía. No pueden con la economía ni con el descontento. Y van a seguir reculando.
El gobierno sigue mintiendo, con lo que la estafa continúa.
Algunos lo dijimos desde el comienzo de este gobierno: estos tipos son violentos. Son hijos de la dictadura. Nostálgicos de represores.
Aunque ya mucho se dijo, el discurso presidencial de inauguración de sesiones del Congreso Nacional todavía permite reflexiones.
Si la movilización masiva de la semana pasada contra el Gobierno demostró que la resistencia popular crece, y sí puede ser organizada, también quedó claro, una vez más, que el arduo trabajo de reor