Opinión
Febo asoma. Lento, pero asoma

La vergüenza nacional al ver a los Granaderos de San Martín portando la bandera española significó, la última semana, una de las más graves afrentas a la Patria por parte de este gobierno cipayo y traidor. Así nomás, y hay que dejarlo escrito. 

Ofendieron la memoria de San Martín, a la Patria toda e incluso a los mismos granaderos que debieron inscribir en la Historia su página peor, al obedecer la orden ominosa de portar, al viento desplegado, un rojo pabellón imperial y ajeno. El silencio de los altos mandos resuena todavía, inexplicable. Hasta en Chile y Perú debe haber dolido semejante genuflexión.

Todo esto no es pequeña cosa en un contexto mundial en el que se repite la mentira: así como hace años invadieron Irak y mataron un millón de seres humanos con el pretexto de buscar armas de destrucción masiva que luego se vio que no existían (el verdadero objetivo era quedarse con el petróleo iraquí), ahora atacan Siria con el mismo, jamás probado argumento.

Siria es el país más adelantado de Levante (Asia Occidental). Es el único país árabe no endeudado con el FMI; el más liberal en cuestiones de género y derechos civiles; el único que no tolera extremismos islamistas y el único que jamás privatizó su empresa petrolera. Ahora lo bombardean con el mismo infame pretexto: que hay armas químicas. Renovada mentira. 

Y aquí más cerca, en Lima, la Cumbre de las Américas se reduce al pobre espectáculo del presidente Macri y otros colegas chirolitas mostrándole al Emperador del Jopo que su patio trasero está bajo control y sumiso, mientras por lo menos en Brasil y Argentina se atropellan las instituciones y decenas de millones de desgraciados no sólo tienen hambre sino que también se aplasta su dignidad.

En ese contexto, en el que el Gobierno y los multimedios ya no saben cómo ocultar las presunciones cada vez más contundentes de que el submarino ARA San Juan fue enviado a una misión imposible y torpedeado; en el que la “justicia” con minúsculas y comillas autoriza el escandaloso cambio de fiscales para poner amigos a resolver la cloaca jurídica que es el caso del Correo-Macri, y también libera zona para una posible, próxima tragedia en el aeropuerto de El Palomar en favor de Flybondi, ciertamente es muy difícil salir del estupor, el sarcasmo, la indignación y la bronca que producen estos tipos.

Y no sólo ellos –toda verdad sea dicha– sino también los muchos y muchas que los votaron y todavía son significativos en las encuestas. Y [email protected] [email protected] y [email protected] [email protected] y [email protected] profetas de la antípolítica, y sobre todo estos últimos que se montan sobre el cretinismo militante de muchos dirigentes y legisladores dizque opositores que se venden al Gobierno.

Pero es el mismo contexto –también cabe subrayarlo– en el que muchas personalidades, gente decente y con sentido patriótico, todavía trajinan la recuperación de la esperanza. Esta semana o la otra se conocerá el pronunciamiento de un nutrido grupo de personalidades firmantes de un documento fundamental: el llamado a una Asamblea Nacional Constituyente, que es exactamente la idea primera de El Manifiesto Argentino, que desde enero de 2002, o sea desde su creación como colectivo político, hemos venido sosteniendo como punto cardinal de nuestro Ideario y así contribuimos a instalar en la ciudadanía la conciencia de que son las bases mismas del Pacto Social argentino lo que hoy está viciado y no da más. 

El incesante y ejemplar magisterio de notables juristas de la democracia como Eduardo Barcesat y Jorge Cholvis, del Instituto Arturo Sampay, está dando frutos. Desde hace muchos años ellos y [email protected] demócratas, constitucionalistas o no, predican este nuevo punto de partida que es la base misma de la regeneración política y moral de la República Argentina. 

La esperanza está allí, en esas nuevas bases. Que avalan y fundamentan la idea de que todas las tropelías de esta época serán revisadas. Flybondi y cientos de negociados similares, por caso. O los Panamá Papers, que no se olvidarán ni taparán jamás. O el millón de detritus jurídicos que padece nuestro pueblo y que lo desalientan y agobian mientras ricos y ceos abusan sin límites ni medidas. O la barbarie telecomunicacional que son las fusiones al servicio de los patrones mediáticos de este Gobierno. O los abusos de mineras y sojeros. O el cierre de Río Turbio, y el de Azul y tantos otros, o el desguace de Aerolíneas que vienen haciendo piano pianito. Y ni se diga el infame ajuste previsional que impusieron, el desastre que están haciendo para destruir la Educación Pública, la privatización de hecho de la Salud y otros robos encubiertos.

Todo se sabe y lo que no, se va a saber. Así nomás. Subráyelo. Y entonces un día el pueblo va a reaccionar. Pacíficamente y democráticamente. Un día va a terminar por darse cuenta de la estafa. Y ni con fraude y dibujando el voto electrónico van a pararlo. 

Ellos lo saben. Y es por eso que se muestran y se los ve cada día más feroces. Insaciables. Provocadores. Violentos. Fascismo en plena dictocracia.