Opinión
ADN macrista, genocidas y una esperanza en San Luis

Algunos lo dijimos desde el comienzo de este gobierno: estos tipos son violentos. Son hijos de la dictadura. Nostálgicos de represores. Maniáticos de la teoría de los dos demonios, en la que ni siquiera creen porque para ellos hay uno solo, y es el pueblo. El demonio para ellos son los pobres, los “negros”, los cabecitas, los inmigrantes latinoamericanos, los villeros, los mapuches y los demás pueblos originarios, los jóvenes de hogares destruidos por ellos mismos, las mujeres que aprendieron a defender sus derechos y los defienden con alma y vida, y sobre todo con sus vidas. 

Estaban agazapados y disimularon un poquito pero se les cayó la careta. Y ahora, con la vía libre protectora de los grandes medios y la telebasura salen a matar y matan. Como a Santiago Maldonado, como a Rafael Nahuel y esta semana a ese tucumanito de once años, Facundo Ferreira. Y nadie lo dude, seguirán matando porque la violencia está en el adn de este gobierno. Está en el adn del neoliberalismo y quien no lo reconozca será, a la larga, cómplice de la barbarie de traje y corbata gubernamental.

Esto evidencia el agravamiento de la maldita grieta que inventaron e impusieron los Magneto-boys, sembrando odio en lo que era un país contradictorio e imperfecto pero de paz. Y grieta que agrandan con el auxilio de una justicia irrecuperable y con minúsculas, que ahora libera monstruos con ladinas argumentaciones leguleyas. Primero Etchecolatz y ahora, en cualquier momento, Astiz, el Tigre Acosta, el cura von Wernich y otros 93 genocidas.

La gravedad es extrema. Estos tipos, además de neoliberales insensibles y corruptos, son retrógrados. Pero tienen detrás una caterva de operadores astutos y perversos, protegidos por jueces venales y un ejército de espías que ofenden al vocablo inteligencia. Así fue la maniobra: 1) hace tiempo empezaron a hablar de sobrepoblación carcelaria (que es cierta y esta columna denunció en este diario más de una vez en los últimos años); 2) hicieron circular posibles paliativos, como liberar condenados ancianos poniéndoles tobillera electrónica; y 3) de prepo y una vez más le encajan a una sociedad atormentada que lucha ante todo por sobrevivir, la trampa repugnante de que en esas listas de convictos a liberar aparecen asesinos, torturadores, secuestradores, apropiadores y ladrones.

Gobierno de sicópatas parecería un decir livianito. Peligrosos como yarará con viento norte, estos tipos se aprovechan además de una clase política que no reacciona y en cuya agenda no parece figurar la catástrofe democrática e institucional que sería la liberación de genocidas. Hay muchos dirigentes, quizá demasiados, que incluso en el campo popular hacen silencio. Por distracción o porque están groguis, o porque han recuperado viejos miedos cívicos. Que más de uno hay mostrando síntomas que creíamos sepultados en un pasado irrepetible. 

Claro que en el horizonte hay, también, dos hechos auspiciosos: uno es el impulso fenomenal que significó la movilización del pasado Día de la Mujer, que conmovió al país entero. Mientras el presidente decía, a puro oportunismo, que trabajará por “lograr el salario igualitario” (cuando precisamente el salario de millones de compatriotas es lo que más ataca y destruye su gobierno), cientos de miles de mujeres en todo el país, en ciudades y pueblos, protagonizaban una gigantesca manifestación que fue mucho más que impulsar el debate legislativo por la despenalización del aborto. Fue un hecho político por donde se lo mire. Tanto que no es exagerado pensar que en la política argentina, y de ahora en adelante, esta marcha extraordinaria y ejemplar significará un antes y un después. 

Y el otro es la reunión de dirigentes opositores mayoritariamente peronistas de esta semana en San Luis. No sin riesgos, sobre todo porque ya el gobierno y sus tropas mentimediáticas están operando para desvirtuar el encuentro. Mucho cuidado deberán tener los convocantes y los asistentes vinculados sinceramente al campo nacional y popular. Que no son los únicos que irán, dígase la verdad. San Luis también puede llenarse de oportunistas, camaleones y malandrines del peronismo blando y genuflexo, como algunos que ya vimos, sentados en primera fila en el cónclave en la UMET. 

Bueno sería que entre los acuerdos de hierro que se alcancen en la hermosa provincia puntana figure –ahora que el gobierno ha primereado lanzándose a una imposible reelección presidencial– la cuestión del voto. Porque en condiciones democráticas limpias, se entiende, estos no le van a ganar ni al cuatro de copas. Pero ya sabemos que estos tipos –y El Manifiesto Argentino lo alerta desde hace dos años– van a hacer fraude. Van a seguir jodiendo con su pretensión de imponer el voto electrónico, que es la única posibilidad que tienen de seguir, truchos, en el poder. Ese debería ser el primer gran punto de acuerdo de la recuperación panperonista y de una oposición verdadera. 

Atenti entonces con los acuerdos, más allá del obvio y necesario “no” al voto electrónico. También hay que abrir las puertas a una confluencia nacional y popular, con millones de compañeros de otras posiciones. Como los radicales dignos que repudian a sus correligionarios lamebotas de siempre y a los lameculos amarillos de ahora. Como los socialistas que jamás se olvidaron de los principios republicanos, nacionales y sociales de Alfredo Palacios. Y como la izquierda nacional no dogmática ni gorila, que está viva y tiene muchas, sanas expresiones políticas.  

Van a ir muchos dirigentes y militantes a San Luis esta semana, y también los peronistas genuflexos, que, cabe admitirlo, son legión. Verseros, corruptos y polifuncionales, muchos sirvieron a dictaduras y a gorilas. Algunos lograron membrecía en el Jockey Club y la Sociedad Rural, y otros siguen encarnando lo peor del gremialismo. Si hasta le chuparon las medias al MM del cantito justiciero. Algunos ya se anunciaron y parece que van a ir, nomás, a la capital puntana. Y otros que votaron leyes antipopulares y entreguistas también. 

Así que, ojo al piojo, como dice y sabe el pueblo. 

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