El video es de esos que te hacen pensar en la obsolecencia inmediata de toda tecnología, un pastiche sin detalles y de colores virados.
Que una ciudad le de la espalda a su río o al mar es un misterio y a la vez una conclusión. Algo hay en la idea de para qué existe esa ciudad, para qué fue creada, cuál es su uso.
Después de Vinicius de Moraes, después de tantos años de Mercosur, de tantas caipirinhas y sobre todo después de Lula, todo parece un sueño.
Quien pase media hora en Chascomús va a notar enseguida que los locales navegan entre tres monumentos y dos regiones.
Hay que pensar que por aquellos años punteaba el romanticismo, se empezaba a valorizar lo impulsivo e irracional, la niña Mary Shelley se estaba formando como para escribir el Frankenstein que publ
Todavía está ahi y uno puede imaginarlo amenazante aunque el agua ahora le quede lejos.
Don Arturo Jauretche la tenía clara: si querés tener posteridad, fundate un diario. Lo decía para explicar uno de los misterios de este misterioso país, que Bartolomé Mitre sea un prócer.
Un día de julio de 1969, Arturo Jauretche se sentó ante la enorme televisión de tubo, blanco y negro, gabinete de madera, y vió a Armstrong pisar la luna.
La extendida confusión entre novedades y progreso es hija de esa convicción tan humana de que cada generación inventó la pólvora, de que todo es nuevo bajo el sol.
Una de las cosas que detestaba el suizo Le Corbusier era el azar de la historia, el tema que una ciudad hubiera surgido donde surgió porque ahí había un cruce de caminos.