El 30 de abril de 1975 se puso fin a la intervención de Estados Unidos en Indochina luego de tres décadas de guerra.
Abril, 1984, mediatarde. Un hombre cercano a los 40 años camina por Corrientes. Es un famoso, no me animo a saludarlo.
Estaba yo en la mitad de no sé qué cosa que había ido a hacer a la Gran Ciudad cuando se desató un temporal.
Desde Barcelona
Junto al río,/desolada y fervorosa,/la saturación de su paciencia/ aclimata ruegos,/premoniciones,/que lo humano presiente/y expresa en constelaciones de torpe dactiloscópica./Cúmulo de máscaras
Conservo recuerdos magros de aquellos domingos en la infancia. El diario, en blanco y negro. La televisión, lo mismo.
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-Dale mi Negrito, levantate que ya amaneció. Y la luna y las estrellas se han dormido. Te traje mate cocido. -Bueno mami.
Hay muchos temas de los que ocuparse en nuestro dramático presente histórico. Claro está que nos referimos a la pandemia que devasta el planeta de un modo no sólo temible sino alarmante.
Al rostro que se alineaba de perfil era difícil reconocerlo por separado.
“Andate rata infectada” le dejaron dicho a una médica riojana a la que le incendiaron al auto los vecinos. A un enfermero de Córdoba, los suyos lo atacaron a golpes y le dejaron la cara morada.
Una vez en casa, con un dolor de garganta incipiente, que no llega a ser síntoma pero que tampoco me deja dormir tranquilo, comienzo mi segunda cuarentena.
( 91 AÑOS)
Creo que tengo fiebre. Intento asegurarme pero no entiendo cómo leer el termómetro de mercurio. Dejé los postigos cerrados: la luz se ha convertido en agujas diminutas sobre mi retina.
No se daría descanso a la memoria ni a la consulta de los diccionarios si quisiéramos referir todas las versiones que tiene el mito de Antígona.
Te busco en las terrazas. En esos vecinos que se toman el último sol de la tarde como si fuera un medicamento muy dulce. En el hueco que se forma entre los plátanos dorados de la vereda.
“¡Abajo la inteligencia! ¡Viva la muerte!”
El espectador comienza a palpitar el preludio del filme. Marlon Brando, en el papel del Padrino, muere entre las plantas de tomates frente a su nieto.
Con Ricardito fuimos vecinos siameses, unidos por una delgada medianera entre el tercero y cuarto departamento, en pleno silencio insondable del centro de manzana, al que se llegaba pisando escalon