CULTURA › “DISEÑO GRAFICO ARGENTINO. DECADAS DEL 80 Y 90”

Las nuevas piezas de museo

La exposición, que se puede ver hasta fines de julio en el Mamba, incluye desde afiches callejeros hasta papelería de empresas o instituciones. Más de 90 diseñadores participan de la muestra.

 Por Sandra Chaher

“Para mí esta muestra es un accidente. Yo junto piezas como parte de mi tarea como curador permanente de la colección de diseño gráfico e industrial del Mamba. Después se muestra lo que hay. Y la idea es que vengan investigadores o curadores y hagan otras exposiciones con criterios particulares.” Así define Ricardo Blanco el espíritu de la exposición Diseño Gráfico Argentino. Décadas del 80 y 90, que se puede ver hasta fines de julio en el Museo de Arte Moderno de Buenos Aires (Mamba).
Blanco es un arquitecto dedicado al diseño industrial que hace cuatro años le propuso a la dirección del Mamba crear una colección permanente de diseño gráfico e industrial. “Se trata de un patrimonio cultural muy importante que estaba desperdigado. El coleccionismo y el cuidado del patrimonio están aumentando en el mundo, sobre todo en el área de diseño industrial, entonces tengamos los ojos abiertos. En América no hay prácticamente museos con colecciones de diseño, salvo en Brasil. Pero el MOMA, de Nueva York, tiene desde los años ‘40 una colección permanente. Y en Alemania hay un museo, Vitra, que pertenece a una fábrica de muebles, que tiene seis muestras itinerantes. Nosotros tenemos la idea de hacer un intercambio con Brasil y después seguir con muestras itinerantes por el resto del mundo.”
El objetivo de Blanco es ambicioso pero no descabellado. En un momento en el que el diseño industrial está adquiriendo un nuevo empuje en la Argentina en parte gracias a una nueva camada de jóvenes dedicados a la fabricación de objetos, y con la estela aún ondeante del despliegue del diseño gráfico en los ‘90, pensar a estas disciplinas como aptas para entrar a los museos no es inventar la pólvora, como él mismo reconoce, pero sí hacer punta. No sólo porque hasta ahora no se había hecho en la Argentina sino porque, en general, aún se las tiende a pensar como excluidas de los circuitos de arte por las mismas razones por las que fueron alguna vez dejadas de lado otras nuevas disciplinas: por un lado, tienen poco tiempo de existencia; y por otro, no tendrían que ver con el arte por estar mezcladas con la técnica, las empresas, el mercado y la sociedad. Sin embargo, apunta Blanco, “hoy ves en muchos locales de antigüedades de San Telmo piezas de diseño argentino que son de los años ‘70, es decir no tan antiguas. Y se las vende como antigüedades. Y dentro de 20 años va a haber locales que sólo vendan eso. Es decir que el objeto que hoy es de diseño mañana va a tener una dimensión propia”.
Que los objetos, y sus autores, tengan ese espacio propio, es lo que le interesa a Blanco. Rescatar la obra de autor, que no quede comprimida en los obvios condicionamientos de mercado. Con ese criterio fueron seleccionados los expositores de Diseño Gráfico Argentino. Se trata de la tercera muestra que Blanco organiza como curador de la colección del Mamba. Las dos primeras fueron sobre diseño gráfico e industrial de los ‘40 a los ‘70; la tercera sobre diseño industrial de los ‘80 y ‘90, y ahora le llegó el turno al diseño gráfico de los últimos años. Los autores fueron convocados de acuerdo con su conocimiento de las obras, pero asegura que son los mejores, “los que están trabajando bien en el medio”. Y las piezas expuestas fueron las que cada diseñador eligió enviar, ya que casi todo lo que puede verse en el Mamba ya es patrimonio del museo, las obras fueron donadas. “Se va a encontrar un cruce de autores, épocas y temas porque lo que expusimos es lo que nos dieron. Lo que sí traté de rescatar es la autoría en todos los casos. Pero tendrán que venir otros curadores que con este material, y con otro que pidan especialmente a los diseñadores, armen otros recorridos posibles.”
De los más de 90 diseñadores que participan de la muestra pueden verse desde afiches callejeros hasta papelería de empresas o instituciones, o la famosa señalización de los subtes porteños hecha por el estudio de Ronald Shakespear. “Yo creo que la diferencia entre el diseño gráfico de los ‘80 y los ‘90 es que en la última década el tratamiento de la imagen es más sutil, aunque gráficamente pueda aparecer más potente por la calidad de impresión. Salvo Edgardo Giménez, que hace afiches de vía pública, lo demás es más íntimo. A Roberto García Balza uno tiene que acercarse, descubrirlo. Y Alejandro Ros, que trabaja en un diario (N. de la R.: Ros es diseñador de los suplementos Radar y Las 12, de Página/12), con temas como lesbianismo o sexualidad, que ya son de tratamiento especial, él les agrega un cuidado, una sutileza muy particular.”
La única ausencia de la muestra es el diseño aplicado a las nuevas tecnologías, una vertiente que se viene desarrollando rápidamente en los últimos años junto con el crecimiento de sitios web de instituciones, empresas y particulares, y que en general se desarrolla como una línea paralela en muchos estudios de diseño. Blanco admite que no está presente “por desconocimiento nuestro”, confirmando el carácter aleatorio de Diseño Gráfico Argentino, una muestra austera, donde se pueden ver muy buenas obras de los que indudablemente son los mejores diseñadores gráficos de los últimos años, pero que a la vez deja hilos sueltos para armar nuevas tramas.

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La idea de la muestra es que las obras no queden comprimidas en los condicionamientos del mercado.
 
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