CULTURA

Una obra en movimiento, conducida por una “escudería de artistas”

La “Biblioteka en red Sonoridad Amarilla” agrupa, con carácter itinerante, a sesenta y cuatro artistas de diversas disciplinas.

 Por Sandra Chaher

Con el antecedente de haber sido la obra más votada por el público en arteBA 2004, la Biblioteka en red Sonoridad Amarilla puede ser vista hasta el 30 de octubre en el Centro Cultural de España en Buenos Aires (ex ICI: Florida 943). La propuesta presentada originalmente para el Proyecto Red –el espacio que arteBA destinó a los artistas “emergentes” –acaba de empezar su segunda edición, esta vez itinerante. Cuando los módulos y biblioratos de color que ahora se apilan en el Centro Cultural de España rasgando la uniformidad cromática del lugar, dejen de estar allí, las obras de los 64 artistas empezarán un recorrido por diferentes ciudades del país. Sonoridad Amarilla funciona como “una escudería de artistas” de diferentes disciplinas, unidos por algunos criterios sobre lo que debe ser el arte modelo siglo XXI: diverso, grupal, unificador de almas errantes en búsqueda, y definitivamente protestante frente al mercado. Ellos –los directores de Sonoridad: Livia Basimiani y Javier Ríos– explican que buena parte de sus ideas no son originales, y que su semilla es la Bauhaus, la escuela de arte y arquitectura fundada por Walter Gropius en Alemania en 1919, en la que los conceptos de comunidad, transmisión docente-alumno, y recupero del artista como artesano fueron claves.
Con estas premisas, la gente de SA llevó adelante varios proyectos, entre ellos las famosas “máquinas de arte”: viejas máquinas expendedoras que en vez de entregar bebidas o golosinas por unas monedas, expulsaban una obra en pequeño formato. Ahora vuelven con la Biblioteka, una idea que surgió mientras trataban de inventar algo para el Proyecto Red. Gustavo Ríos levantó tímidamente la mano y propuso: “¿una biblioteca?”. Y Remo Bianchedi, coordinador artístico, se puso a trabajar sobre líneas estéticas, colores, etc. El resultado son cuatro módulos, dentro de los cuales hay estantes con biblioratos de 10 cm de ancho y de seis colores, uno para cada técnica: pintura, obra lumínica, objetos y esculturas, fotografía, arte digital y dibujo. Dentro de ellos puede encontrarse la obra de los artistas, adaptada a las circunstancias de forma, tamaño y exposición. “Se podía hacer lo que se quisiera –dice Bianchedi–, y lo bueno fue que salieron cosas diferentes a las que veníamos trabajando. El límite funcionó más bien como apertura.”
Hay más de cien obras de 64 artistas. Y un solo bibliorato blanco: el de Marta Minujín, “la blanca del arte” sonríe Ríos. En la historia de SA, la Biblioteka es un hito: por primera vez se produce la mixtura de artistas pocos conocidos o “emergentes”, con algunos de los consagrados de la escena nacional: Minujín, Bianchedi, Pablo Suárez, León Ferrari, Alfredo Prior, Jorge Gumer Maier, y Osvaldo Monzo, entre otros. Cuatro generaciones de creativos, pintores, músicos, experimentadores e inventores.
El resultado es “una obra en movimiento, como un Mondrián –dice Livia Basimiani–, en progreso constante”. “Quizá en 20 años se dimensione de tal manera que ganemos la Guggenheim, o termine en un desván”, arroja Ríos delirante. El movimiento lo dan varios factores: cada obra que se vende debe ser repuesta, con lo cual la unidad se modifica porque el artista no presenta un clon de lo hecho sino que renueva; los visitantes sacan los biblioratos de los estantes y vuelven a colocarlos aleatoriamente, modificando la puesta original; la disposición física hace que para observar qué hay dentro de cada caja, las mismas deban ser apoyadas en mesas blancas, y allí se arman nuevos diseños posibles; finalmente, el staff de la Bilblioteka está en movimiento permanente: hoy son 64, pero mañana pueden ser 100, la idea es que en cada lugar que desembarque vaya sumando artistas y que cada vez sea más interdisciplinaria.
Quizá uno de sus aspectos más atractivos sea el ambiguo misterio. Se llega y se encuentra con una biblioteca diseñada en módulos, con cajas de madera de colores que parecen libros y gente vestida con batas naranjas (un homenaje al maestro de la Bauhaus Johanes Itten). Se puede pensar que la obra de arte es eso, admirar la complementación cromática, preguntarse por qué cada bibliorato tiene un número, dar media vuelta e irse corroborando la remanida frase sobre lo extraño del arte conceptual. Pero con un mínimo de curiosidad se puede preguntar a esa gente que parecen albañiles de lujo de qué se trata esto, seguir con un recorrido tímido por algunos “libros” o despatarrarse y abrirlos todos. Encontrará trabajos que merecen cada uno una mirada particular y, si quiere, podrá armar un verdadero “desorden” (la gente de SA diría que se trata de “un nuevo orden”) desparramando biblioratos por todos lados. Detrás de la puesta en escena, descubrirá que hay un concepto acerca de la interacción que lo incluye. La obra se mueve también por sus observadores. La unidad se reformula tantas veces como el espectador quiera.

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La obra de León Ferrari convive con la de artistas “emergentes”.
La Biblioteka...estará hasta el 30 de octubre en el C.C. de España.
 
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